Novios felices; pecado vacío.

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Las noticias han llegado en rollos de vídeo, y mentirían si esto no les provoca emoción. Ya no tendrán que utilizar el radio, aunque la propaganda de guerra las persigue incluso en estas tiras movibles.

Todas las enfermeras se juntan en la sala principal de descanso para actualizarse de lo que pasa alrededor del mundo, incluida Raven.

Raven mira la proyección sin parpadear y en ella aparece una propaganda.

Raven la detalla como un primer plano, todo en blanco y negro con matices cortos. Es un primer plano de soldados jóvenes, sonrientes y que se alimentan con cosas saludables o sándwiches de mermelada.

Después, una voz que narra a parte de todo, como si no existiera.

«La armada se ganó nuestra gratitud. El ejército es invencible. Su valor los deja victoriosos, su espíritu no es doblegado. Esta es la epopeya de Dunkerque. Un nombre que vivirá por siempre en los rincones de la historia.»

Las enfermas no sonríen, no aplauden, no hacen nada festejando y es irónico, ¿no? Todas han vívido cosas diferentes de las que el vídeo habla. De la otra cara de la guerra. La verdadera.

Pero algo capta su atención, un mensaje sobre una visita de la Reina a una fábrica de chocolate. Una pareja. Su prima Moira y su prometido... Shaw.

Sus miradas se encuentran y... Raven recuerda todo. No fue Erik quién violó a Moira, el culpable fue Shaw. Siempre lo supo y el dolor y la culpabilidad vuelve a fluir por sus venas.

Raven tiene una misión y es impedir esa boda, aunque le cueste la vida.

Raven asiste a la boda con su traje de enfermera y observa en silencio, un silencio culposo.

El flechazo la regresa a la realidad; la boda ha terminado y no hizo nada para impedirlo. La marcha tortura sus oídos y el olor a iglesia le dan pinchazos en la cabeza que le provocan un gran dolor y su atención se vuelve a centrar en la boda, incluso la salida del sacerdote pasa desapercibida.

Moira y Shaw se acercan tanto a Raven que está cierra sus ojos; sus largas pestañas le impiden ver la cara de la verdad y la mentira, ver a Erik en la cara asustada de una Moira más grande, más linda. Maldito, Shaw.

Moira la mira y ambas juntan sus miradas, pero no dura mucho esa conexión, Moira ya no la considera parte esencial de su vida. Nunca fue bueno contarle ese secreto y se lo deja claro.

Todo fue tu culpa, Raven.

Lo sé.

Y Moira, desaparece en un suspiro con un Shaw despierto de curiosidad por la dama de rubios cabellos y mirada fija.

Es necesario recalcar que la caminata de Raven tiene desde pequeña hasta la fecha es muy parecida a la escritura de una maquina de escribir. Uno, dos, uno, dos; todos en taladrantes y continuos sonidos metálicos.

Hay un pequeño niño que la señala con una espada de madera y Raven sonríe, sintiéndose maravillada por sonreír después de una boda tan nefasta como la que Moira tuvo.

—Deja pasar a la enfermera. —Escucha Raven, es una voz maternal y lo es, lleva muchos pequeños y todos le hacen caso a su madre—. Se va al campo. Qué dios las bendiga.

Raven se gira hacia ella, sin perder ninguna oración de la joven madre y agradece sus palabras, aunque, ella jamás irá a un campo de guerra. Pasa de la alegría que un niño pudo haberle brindado, a la ternura que una madre le da hasta al mínimo humano. Incluso a uno como ella.

Atonement //CHERIK//Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora