Expiación.

340 43 9
                                        


Norte de Francia, 4 años después.

Después del comienzo del desastre, Erik fue obligado a ir a la guerra, olvidándose de su pasado y de las grandes oportunidades que le ofrecía la juventud.

Erik se volvió el capitán de su equipo: Azazel y Janos. Dos soldados como él que quería escapar cuanto antes de Francia gracias al aviso que el cuartel inglés les comunicó después de la amenaza de un posible ataque enemigo. Estaban heridos, sedientos, hambrientos y cansados, pero Erik les dio la fuerza y les orientó por completo durante del trayecto.

Los tres están instalados en el ático de una vieja granja; hay goteras por todos lados, huele a humedad y hay insectos por doquier, pero eso no es excusa para que Erik improvise una cama de paja y se recueste sobre ella. Las botas le están estrangulando los pies y necesita descansar.

La paja le pica la cabeza y Janos no para de hablar mientras trata de encender una vieja lámpara de aceite casi rota. Mientras que  Azazel toca la armónica con ritmo pero sin afinación. 

La guerra los vuelve locos en todos los sentidos.

—Y le dije que se podía quedar sentado ahí a perder el tiempo mientras que esperas que te maten, quieres, porque yo me voy. —Janos parlotea cosas sin sentido para Erik mientras apaga la cerilla alzándolo al aire.

Azazel y Janos hacen mucho ruido, sin embargo, Erik logra encontrar un ruido extra al suyo. Unas pisadas sobre la tierra mojada y la puerta principal abriéndose. Erik se medio levanta de donde está y cubre sus labios en signo de silencio. Todos se callan, y se mantienen en un estado de advertencia bastante traumático. Todos toman sus rifles y se acercan al hueco de las escaleras podridas. Donde pueden ver a dos hombres de mediana edad accediendo a la casa.

Erik es el que se aleja con su pistola larga y toca la pared húmeda con la mano.

¿Bonsoir, monsieur. Bonsoir? —Uno de los hombres habla y al instante Erik entiende con capacidad a pesar de estar un poco tonto por la adrenalina en sus venas.

—Déjame a mí —dice.

Erik intercambia palabras en un fluido francés mientras que se acerca a la zona en donde están. Janos y Azazel se miran aún sin dejar de apuntar las escaleras con sus rifles. Erik se tira al suelo mientras guarda su arma; los otros dos le siguen.

—¿Cuál es su juego? —pregunta Azazel.

—Dicen que tienen algo para nosotros —murmura Erik.

—¡Al diablo! —maldice Janos.

Los hombres se acercan con un par de sacos en alto y tienen el temor impregnado en sus rostros. Los tres se vuelven a levantar y se apoyan contra las paredes, sudando. Apuntan con unas muecas peligrosas hacia donde vienen los hombres y todos están nerviosos. Todos están sudando porque pueden sentir el dolor de una herida en sus cuerpos si se acercan demasiado.

Uno de los hombres habla para evitar que los asesinen a sangre fría

¡ALTO! Tenemos comida para ustedes. —El hombre enseña sus inocentes palmas al aire y una mano con un saco de tela desgastada—. Pan y azúcar —termina, avanzando un poco más en las escaleras. Llevan una linterna de baterías que les ayuda a ver mejor entre la humedad y la peste. Se ríen cuando se acercan lo suficiente para demostrar que son amigables.

Erik, Azazel y Janos se dan por vencidos y tiran sus armas con un suspiro de muerte y se lanzan de sentón al suelo de madera. Ya dejaron de sudar pero su ritmo cardíaco sigue acelerado.

Atonement //CHERIK//Donde viven las historias. Descúbrelo ahora