Regresaré.

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Ya han caminado bastante; apestan a sudor y a muerte. Ya ni siquiera están concentrados en el camino, sólo avanzan porque la brújula los hace avanzar. Han pasado por tantos caminos llenos de destrucción que es un martirio fijarse en el camino sin sentirse asqueado. Sin embargo, el piso en el que caminan es de arena y el ambiente se siente particularmente caliente.

—Puedo oler el mar... —dice Erik arrastrando sus pies sobre la pesada arena y la colina alta llena de basura y cenizas. Corre cuesta arriba con Janos y Azazel detrás de él y cuando llegan a la cima, sus esperanzas se destruyen.

Hay millones de soldados, caballos, coches, heridos, muertos, enfermeras y filas de destrucción por todos lados. Hay de todo tipo de personas esperando ser rescatas y se siente tan egoísta seguir con vida.

Mientras Azazel y Janos se quedan en la cima, viendo hacía abajo y tomando aire en sus pulmones, Erik se encamina hacía la orilla del mar.

Los tres terminan corriendo detrás de un general que camina con pasos agigantados por la arena mojada y la sal atrapada en el cabello. Erik es el primero en alcanzarlo.

—Acabamos de llegar, señor. ¿Puede decirnos que se supone que debemos hacer? —dice. Está enojado por que el general no se detiene y ya le duelen los malditos pies.

El maldito general habla como si nada, ni con desesperación, ni con dolor en su voz.

—Nada, esperar —dice.

—¿Y los barcos? —pregunta Erik.

—Hundieron 2 ayer... Los alemanes los destruyeron. 3 mil hombres murieron al hundirse en Lancaster. —El general pasa entre todos los hombres destruidos sobre la arena y Erik junto con su grupo tienen que evitarlos y escuchar su parloteo—. El cuartel y su gran sabiduría nos negaron apoyo aéreo. ¡Una desgracia! ¡Un maldito desastre!

Erik toma un poco más de impulso del que le esta poniendo a su caminata e interrumpe el camino del general. Con la garganta partida y la voz seca.

—No, no, la verdad es que esperaba volver, ¿entiende? —dice. A pesar de interrumpir en el camino del general, éste sigue caminando obligándolo a caminar a ciegas y de espaldas.

—Hay 3 mil hombres en esta playa, soldado. Deberá esperar su turno. Dé gracias de no estar herido. —La voz del general cambia de un rojo vivo, a un herido gris—. Tengo órdenes de abandonar a los heridos. —El general se aleja junto con sus ayudantes y deja al grupo atontado e inquieto por la caminata.

Erik esta furioso; no por el hecho de que el general sea un estúpido arrogante, sino que ignoró sus grandes fuerzas para hacer algo. Lleno de intensa furia, Erik está dispuesto a golpear al general aunque le cueste un ascenso y una bonita medalla de oro en su chaqueta.

—¡Déjalo, Erik! —Cuando menos siente, Janos lo toma desde su mochila y lo tira hacía atrás junto con Azazel preocupado y mucho menos enojado que él—. Nunca confíes en un general, estás mejor sin él.

Erik camina aún más y esta vez se puede fijar más en su alrededor. Un lugar apocalíptico, triste y que huele a llanta quemada por cualquier parte. Pasan junto a hombres llenos de heridas, con cigarrillos en los labios y que juegan sus últimas libras en un juego de cartas. Pasan por una línea de hombres con fusiles y una fila llena de caballos.

De repente, un balazo, otro y otro seguido para que sólo se escuche el sonido pesado de los caballos sobre la tierra.

—Esto no está bien... —Azazel luce peculiarmente aterrado, como si ver animales muertos fuera algo anormal en una guerra que se está llevando hasta el insecto más pequeño entre sus manos.

Atonement //CHERIK//Donde viven las historias. Descúbrelo ahora