Camila sonreía emocionada mientras terminaba de preparar la cena que había hecho para Lauren; su esposa.
Hoy era un día muy especial, pues se cumplían cinco años desde que contrajeron matrimonio. Camila podía recordar ese momento como si hubiese sido ayer, estaba fresco en su memoria. Ella jamás pensó que habría sido tan feliz en toda su vida. Nunca creyó que un simple mensaje de texto fuese el responsable de todo lo ocurrido posteriormente. Y estaba tan, pero tan agradecida con Lauren por haberse arriesgado a hablarle...
Ambas habían conseguido sus títulos profesionales, se mudaron a una casa más grande dos años más tarde y curiosamente en el cumpleaños número veinticuatro de Camila, Lauren le regaló un cachorro.
Camila lo llamó Pez.
La morena lo vestía, le ponía accesorios y también dormía con él, junto a Lauren. Ella no podía estar demasiado tiempo alejada de ese animal, era como un hijo para ella.
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El pequeño cachorro se acercó hasta Camila y ella al notar su presencia, lo tomó con suavidad y le dio un cariñoso beso, Pez lamió su rostro contento por la atención que estaba recibiendo y Camila rió bajo, dejándolo nuevamente en el suelo. Tomó uno de sus juguetes y lo lanzó para que Pez fuera tras él, lo cual logró exitosamente. Pez fue corriendo en busca de su juguete y Camila sonrió viéndolo. Pero sonrió aún más cuando sintió vibrar su móvil y verificó que fuese un mensaje de Lauren.
Lauren: Estoy en camino, Camz. Tengo una sorpresa para ti, va a encantarte. Te amo.
"Oh, mi sorpresa va a encantarte más." Pensó Camila internamente. La morena estaba segura de aquello, ella iba a darle a Lauren una de las sorpresas más esperadas y emocionantes de sus vidas.
Camila: Te estaré esperando, mi amor. También te amo.
No quiso adelantarle nada, Lauren podía ser muy impaciente a veces y no quería que fuese a mil kilómetros por segundo con tal de llegar antes. Prefería guardárselo un poco más, sólo un poco más.
Suspiró feliz intercambiando un par de mensajes más con ella y luego guardó el aparato. Retocó los últimos detalles de la cena y mordió su labio inferior cuando sintió que alguien abría la puerta principal. Arregló su cabello y después de alisar su vestido nerviosamente, caminó rápidamente hacia donde estaba Lauren, quien se sacaba el abrigo y lo colgaba en el perchero de la entrada. Camila también notó el enorme ramo de rosas que Lauren traía consigo y se lo entregaba.
—¡Hola mi amor! —la abrazó Camila del cuello, tomando el ramo con una mano y besándola profundamente. Lauren no dudó en corresponder el beso y ambas sonrieron al separarse—. Están hermosas, ¡Gracias! —exclamó emocionada, admirando el regalo de su esposa.