Riada

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En lo que pensaba
que me ahogaba
aprendí a nadar
y a no fallar.

El agua me acaricia con suavidad,
y me balancea con amabilidad,
ahora que la tormenta ha parado
es la representación de lo olvidado.

Salada o dulce,
ella nunca huye,
solo ahoga al débil
y mece al fuerte.

Me quedo flotando en su regazo,
acunada por su suave susurro,
adormilada en ese extraño abrazo,
mientras erosiona el pasado muro.

Laberintos por dentroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora