Capítulo 3.-Alma humana.

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Nos veremos en poketlantis.

Despierto.

"¿Poketlantis? ¿Dónde queda eso?"

Al levantarme lo primero que vi en la ventana fue el rostro del pokémon legendario de tipo hada, con una vena saliéndole de la sien.

Humano, ¿Se puede saber porque demonios no fuiste a buscar a Mew? —pregunta Xerneas.

En ese momento se me refrescó la memoria.

—Ah —exclamo recordando al pokémon feto.

—¡¿Acaso has olvidado que el destino del mundo está en tus manos?! Maldito idiota de género dudoso —Me reclama incluyendo un comentario algo doloroso.

—¿Qué ocurre? —pregunta Magearna entrando a la habitación y siendo seguida por Lillie.

En cuanto voltee a verlas, el legendario ya había desaparecido.

"No se te olvide, el pilar celeste"

—N-Nada —respondo algo descolocada.

En todo caso, ¿Dónde queda exactamente poketlantis?

...............

El Zoroark se encuentra comiendo unas bayas mientras hace unas muecas de disgusto y observa a la Lopunny crucificada en frente suyo.

—¿Q-Que eres? —preguntó una Salamence tendida, llena de heridas.

—Demasiado amarga —comenta el tipo siniestro—. ¿"Qué soy"? Es bastante fácil de decir ¿No? Quiero decir, soy un Zoroark.

La capitana se muerde el labio, jamás sufrió una derrota más humillante que le paliza recibida a manos del tipo siniestro.

Unas habilidades más allá de lo que pudo haber imaginado.

Lo subestimó totalmente, pensando que el Hoopa era la mayor amenaza, no pudo estar más ciega. La mayor amenaza es quien está parado frente a ella.

—En todo caso, tal parece que los capitanes no son más que una broma, me siento estúpido por esperar algo de ustedes —dijo con un rostro sin expresiones.

Rose quien hasta ahora no había dicho nada, se mantuvo mordiendo su labio. La capitana más fuerte fue humillada con tal facilidad.

Incluso ella que tiene la ventaja frente a él, fue derrotada patéticamente.

—Es imposible que seas tan fuerte siendo un simple Zoroark —musitó la Salamence.

—¿Tú crees? —cuestiona.

Cerca de ellos, descansa el Hoopa, con grandes heridas en todo su cuerpo,

—Señor G, ¿Seguro que no quiere el restaurar todo? —pregunta con un poco de preocupación.

Eso fue lo que les sorprendió, una persona tan poderosa y desinteresada a la vez.

—No quiero tener que depender de ti —responde.

Jo asiente.

—No lo entiendo ¿Por qué hacer esto? —cuestiona Rose, abriendo la boca por primera vez.

—Para volver, igual en cuanto lo hagamos este mundo desaparecerá —dice con un rostro carente de emociones.

—¿QU-

—Sh, no digas el típico dialogo cliché de damisela fuerte en apuros —dice el tipo siniestro.

Rose le dio una mira escéptica.

Reencarnado en una Gardevoir.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora