SINOPSIS
Tres rostros, iguales.
Pero tres personas, diferentes.
El ángel.
El demonio.
Y la balanza.
Los tres famosos hermanos gemelos, Mon.
Joviano, Denicio y Tesar.
O como bien se los conoce.
Por los hermanos Jo.De.Te.
Porque son, sexis.
Porque son...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
AURORA
- Невозможно...(imposible). - Dice sin creer Ariel, ofreciéndome un vaso de gaseosa.
Y le arrugo el ceño.
Porque, aunque soy poco tolerante al alcohol y bebo solo cerveza, me vendría bien en estos momentos algo más fuerte.
Pero me eleva una de sus bonitas cejas, señalando por más apoyada en la barra escuchándome y en la mano que tiene un trapo de limpieza, en dirección a un reloj de pared que indica el mediodía y que por sus agujas mi horario de almuerzo finaliza en breve y de vuelta al Holding.
Mierda.
Y me consuelo dando un gran trago a mi bebida y juego con los hielos que le puso, como si fuera un jodido whisky provocando que sonría.
- Que sí, es posible... - Respondo a su duda, seguido de suspirar y sin terminar de creerlo yo, por más que se lo afirmo.
- ¿Enamorada de tres hombres? - No se lo cree y repite, cuando busqué desahogarme en su bar y me escapé en mi horario de descanso.
Se inclina algo hacia mí.
- ¿Y hermanos? - Formula, intentando no reír con ese dejo ruso en mi idioma, que la hace más linda.
Doy otro trago, asintiendo.
- Los hermanos Jo.De.Te. - Deletreo.
¿Hace falta decirle, que son los famosos hijos Mon?
Para nada.
Como lo mencioné hace mucho.
Ariel también conoce la fama y leyenda popular de mis sexys y calientes jefes.
Popularidad que traspasa, tanto los límites de esta ciudad metropolitana como los países globalmente.
Ya que su padre, el empresario Herónimo Mon y sus T8P, son potencias mundiales y lo avala la Time como Forbes, sin mencionar los millones de seguidores.
- ¿Y qué, sigue? ¿Un trío sexual contigo y tipo orgía? - Su carcajada le gana.
- ¿Qué? - Calor invade mi cuerpo por solo imaginar una cama.
Sábanas sobre un colchón, que se pueda coger de miedo.
¿Y los tres a mi espera en él?
Y mi mirada vuela al techo del bar.
Más bien al cielo.
Inclusive, más allá de este.
Cristo, ni se te ocurra.
Y vuelvo a Ariel.
-¡No! - Digo con demasiada efusividad.
Ariel me vuelve a elevar nuevamente su ceja, ante mi reacción.