Reencuentros y verdades.

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Con el fin de las clases, los chicos se dirigieron hacia la casa de su castaño amigo para reunirse como habían acordado, y aunque Tsuna no le había avisado a su madre de la presencia de sus amigos para la cena probablemente, estaba seguro de que ella no tenía problema alguno con ello pues se conocían desde que eran apenas unos niños y sus madres eran realmente buenas amigas, así que se tenían bastante confianza, por lo que pasaron todo el camino sin ninguna preocupación en aquel tema.

Al llegar a la casa, fueron recibidos con una grata sorpresa. El viejo Nono estaba sentado en la mesa con una tacita de café en la mano junto a Nana y un bebé de traje con buenas apariencias para tener esa edad. Una pequeña intuición en su cabeza fue la que lo hizo reaccionar inmediatamente, soltando su mochila y relajado todos sus músculos mientras se lanzaba a abrazar a Reborn a la vez que gritaba un débil y roto "Papá".

El infante de patillas miró por encima del hombro de su hijo al viejo que le sonreía como diciendo "te lo dije" y bajó la mirada ocultando su leve tristeza, que disfrazó al pasar sus bracitos cortos por el cuello del chico, lo más que pudo mientras sentía al menor mojar casi toda su vestimenta debido a la gran diferencia de tamaño existente ahora. Reborn no sabía si el pequeño era igual o más idiota que cuando era niño para no notar su tamaño o simplemente estaba relacionado con la conversación anterior con aquel anciano que por cierto es su jefe, pero bueno, de algo hay que morir.

Tsuna soltó finalmente a su padre y secó sus lágrimas. Se dirigió a su madre sonriente y esta se la devolvió, ambos parecían aliviados de volver a tener a Reborn en casa después de tanto y sus amigos estaban contentos de ser parte de esa escena emotiva, aunque en esa casa siempre habían de esas.

—Querido nietecito, ¿me recuerdas? —a pesar de estar excluido, Nono sonreía con sorna, dirigiéndosela al bebé que aún seguía en la mesa sin ninguna expresión visible.

—¿Qué hace usted aquí? —Tsuna se exaltó de golpe con aquella presencia, desde que era un niño no le había agradado ver a aquel señor ni en fotografía.

—Vine porque hay unas cuantas cosas que yo y tu padre debemos decirte, son realmente muy importantes —esta vez sonrió sin ninguna intención secundaria y dirigió su mirada a las personas sobrantes en la habitación: sus amigos.

—Disculpe, nosotros los dejamos.

Gokudera se llevó a rastras a Yamamoto hasta la habitación de Tsuna en el segundo piso para mantenerse alejados de la conversación y Enma se encaminó al baño, diciendo que luego los alcanzaría.

Nana y Tsuna se sentaron. Nono colocó sus codos sobre la mesa, entrelazando sus dedos para apoyar sobre estos su cabeza.

—Tsuna —el mencionado prestó real atención a la fría y dolorosa voz que salió de parte de su papá—. ¿Cómo supiste que era yo a pesar de mi tamaño?.

—Ehm... no sé, sólo sentí un pinchazo en mi cabeza y eso de cierta forma me advirtió que eras tú —murmuró nervioso y presionado por la tensión del ambiente.

Nono sonrió más ampliamente por la respuesta dada por su supuesto nieto y Reborn quebró en ese instante. Mordió su labio inferior y apretó sus puños.

—¿Conoces la empresa Vongola Corp.? —el castaño asintió—. Esa empresa realmente es una mafia, la más poderosa de todo el mundo para ser exacto. Yo soy su líder y estoy buscando un heredero que tome mi puesto porque ya estoy demasiado viejo.

—¡¿Qué?!.

—No quiero que él tome ese puesto —Giotto apareció a espaldas de su descendiente, con aquella flama naranja en su frente, y los ojos cerrados. Su expresión decepcionada era demostrada a kilómetros, y los espíritus que aparecieron a su alrededor sólo afirmaron esto—. Si mi espíritu dentro del anillo no acepta al heredero, no hay sucesión. Punto.

I miei giorniDonde viven las historias. Descúbrelo ahora