(Narra Scarlett)
Mamá había estado muy nerviosa desde que mi padre decidió aceptar una oferta de trabajo en Noruega. Yo que amo a mis amigos y mi vida más que a nada en el mundo, me obligan a venir a vivir a una estúpida ciudad que ni el fundador conoce. El vuelo se me ha hecho muy largo. En el avión he intentado dormir un poco pero nada. Sigo enfadada con mis padres. Tengo la música a tope. Se que mi padre me ha dicho varias veces que me quite los cascos o que al menos le baje la voz, porque sino me quedare sorda a los 16. Gilipolleces de papa. Gabi, mi hermano, me mira divertido. El es unos años mayor que yo, y tampoco le hace mucha gracia venir aquí pero lo lleva mejor que yo. Voy camino por el aeropuerto muy distraida con mi música y mis conversaciones mentales de cómo echarle en cara todo esto a mis padres. Hasta que de repente choco con alguien y ambos caemos al suelo.
-Lo siento, iba distraída.- digo yo seia.
-¿Y tu distracción la tengo que pagar yo? Ten más cuidado la próxima vez.- dice él refunfuñando.
-Vale señorito perfecto.-comienzo a alejarme a toda prisa con mis maletas y los cascos al máximo- POR CIERTO, ¡QUE TE DEN CAPULLO!- gritó una vez que me he alejado un poco.
Llegó hasta el taxi que nos llevará hasta nuestra nueva casa. Recuerdo haber hecho un trabajo en el insti sobre los hogares del mundo. Si mi memoria no me falla aquí las casas serán todas de madera. Suspiro e intento relajarme un poco, algo que no me permito desde que me dieron la gran noticia.
-Que hermanita, he visto que has ligado con el chico moreno.
-¿Quee? ¿Ese capullo? Es un jodido idiota espero que esta ciudad sea lo suficiente grande para no volver a verle.
-Scarlett, esa boca.- dice mi madre molesta. Ella y sus manías de que sea una señorita de bien como ella. Pero en cambio, yo amo las fiestas, el alcohol, y si el sexo. Mi madre no aprueba mi forma de vivir pero no puede hacer nada para cambiarlo. Aún así le dejo que me corrija de vez en cuando.
-Sí mamá.- respondo con un tono de voz neutral.
Gabi ríe como un idiota y me susurra al oído:
-Vaya princesa la reina no aprueba su actitud.-pongo los ojos en blanco. Mi hermano y yo siempre nos traemos este juego.A veces fingimos ser pareja, pero solo eso un juego de palabras. Quiero a mi hermano, no tenemos secretos, y todos nuestros juegos son realmente únicos. Obviamente mi madre tampoco aprueba que sus hijos se hablen así. Pero claro en esto tampoco puede hacer nada y eso le pone de los nervios.
Después de medio instalarnos en nuestra casa nueva, papa nos lleva a Gabi y a mi al puerto mientras mi madre va hacer la compra. Como necesito ir urgentemente al lavabo decido entrar en un acogedor restaurante. Le pido a mi padre dinero para comprar algo y poder entrar al servicio. Al entrar en el recinto, veo al final del local al chico del aeropuerto. Cabrón, pienso yo. Lo peor es que parece que el tambien me ha visto.
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Besos helados
Roman pour Adolescents¿La gente cambia? ¿O simplemente aprenden de sus errores? ¿Hasta que punto se separan la ficción a la vida real? El amor y el odio siempre van cojidos de la mano ¿no?
