El chico de cabello castaño y ojos verdes se despertaba todas las mañanas sobresaltado, preso de un sueño que lo perseguía en las noches. Incapaz de volver a dormir, tomaba su cuaderno y trataba de capturar los fragmentos difusos que su mente aún conservaba de la pesadilla.
En la visión onírica, se veía a sí mismo contemplando un atardecer desolador, con la respiración entrecortada. Una voz lejana, quebrada por el llanto, era el único sonido. Intentaba descifrar el mensaje de aquella voz, pero inevitablemente despertaba cubierto de sudor frío, confrontando la cruda realidad de su habitación vacía a media noche.
Unos tenues rayos de sol se filtraban por la ventana. Dejó el cuaderno a un lado y se dirigió al baño, esperando que el agua fría pudiera despejar su mente. Al salir de la ducha, se vistió con el uniforme de la preparatoria Berk: camisa blanca de manga larga, saco azul oscuro, corbata verde, pantalón negro y zapatos del mismo color. Tomó su maleta y se colocó las gafas, compañeras inseparables desde su nacimiento debido a su mala visión.
―Chimuelo, nada de travesuras mientras no estoy ―advirtió a su gato, quien, cómodamente recostado en la cama, apenas levantó la cabeza por un instante antes de volver a dormirse―. Te he mimado demasiado.
Salió de su habitación y encontró a sus padres en el comedor.
―Buenos días, tesoro ―saludó su madre.
―Buenos días, hijo ―respondió su padre.
―Buenos días ―contestó él, sentándose a la mesa mientras su madre le servía el desayuno.
―Muy pronto será el festival ―dijo su padre con entusiasmo―. Sabes lo que significa, ¿verdad?
―Sí, la convención de inventos donde conseguirás nuevos reclutas como todos los años ―respondió, mordiendo su sándwich.
―Necesito que seas uno de los jueces.
―Papá, sabes que ya no me gusta. He ido un millón de veces, incluso participé y gané. Ya fui juez, pero es aburrido. Quiero ir al festival con Jack y los demás ―su padre puso cara de desaprobación. Antes de que pudiera objetar, su madre posó su mano en su hombro para calmarlo.
―Estoico, no veo nada de malo en que Hiccup quiera divertirse con sus amigos. El próximo año entrará a la universidad y no tendrá tiempo para salir. Déjalo respirar por una vez ―su hijo puso cara de súplica, sabiendo que su madre era su mejor aliado.
―Te dejaré ir, solo si prometes dar una vuelta por la convención.
―Te lo prometo. No te arrepentirás ―respondió con una sonrisa.
―Espero que no ―murmuró Estoico.
―Bueno, me voy ―dejó su jugo y se puso de pie.
―¿Por qué te vas tan temprano, hijo? ―preguntó Estoico.
―¿Olvidas a quién debo cuidar?
―¡Ah! Es cierto. Salúdalo de mi parte y dile que tiene suerte por tenerte.
―Ja, ja, qué gracioso ―respondió con sarcasmo.
―Toma, le preparé algo para el desayuno ―Valka le entregó un termo y una fiambrera.
―Se lo daré. Hasta luego ―besó la mejilla de su madre.
Salió del departamento y entró al ascensor, presionando el botón de la planta baja. Vivía en uno de los edificios construidos por la empresa de sus padres. El edificio de los Haddock era un monumento moderno de concreto y vidrio, con amplios ventanales que reflejaban el cielo. Con un estilo arquitectónico que combinaba funcionalidad y elegancia. Las paredes interiores alternaban entre tonos neutros de gris y blanco, con detalles de acero inoxidable que le daban un toque futurista.
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Stardust
FanfictionLa vida de Merida siempre ha sido normal. Nunca ha experimentado algo extraordinario o fuera de lo común.Sus únicas preocupaciones son terminar la escuela, seguir practicando karate y pasar tiempo con sus amigos pero, todo cambiará cuando una extrañ...
