La vida de Merida siempre ha sido normal. Nunca ha experimentado algo extraordinario o fuera de lo común.Sus únicas preocupaciones son terminar la escuela, seguir practicando karate y pasar tiempo con sus amigos pero, todo cambiará cuando una extrañ...
Merida llegó al centro, que estaba repleto de gente que parecía tragársela por momentos. Se sentía completamente desorientada, maldiciéndose por no haber escuchado el consejo de Rapunzel de mantenerse cerca. Caminó sin rumbo, buscando algún punto de referencia. Su cuerpo estaba extrañamente tenso. El corazón le latía con una intensidad que nunca había experimentado, ni siquiera en sus competencias más importantes.
Rapunzel había ido a comprar pintura en su tienda habitual, ese lugar que frecuentaba desde los siete años. Un lugar que Merida conocía perfectamente de acompañarla en otras ocasiones. Si tan solo pudiera recordar cómo llegar allí, podría encontrarla y juntas ir a la escuela.
―¿Te perdiste, niña?
Al voltear, se encontró con una anciana vendedora de accesorios, apostada en su pequeño puesto ambulante.
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―Sí, quiero llegar a la tienda de arte.
―Mira, caminas derecho, a la segunda cuadra volteas a la izquierda, sigues de frente y verás la tienda. Tu amiga seguramente te estará esperando.
―Solo adiviné. La mayoría de las chicas vienen con sus amigas antes del festival. No eres la primera que se pierde.
Su rostro se tiñó de un intenso color rojo. No había sido su mañana más afortunada. Intentando desviar su vergüenza, dirigió su mirada al puesto de la anciana, buscando algo para comprar y agradecer su ayuda.
―Tiene joyas muy lindas. Me gustaría comprar alguna.
―Tengo la indicada para ti ―la anciana se metió bajo la mesa. Pulseras y collares volaron por el aire―. Aquí está.
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En su mano, un medallón con un símbolo extraño. Le parecía familiar, pero no podía recordar en dónde y cuándo. No era una pieza común de joyería, el metal tenía un brillo peculiar, entre plateado y acerado, con un tono que cambiaba sutilmente según la luz.
―¡Es hermoso! Parece muy valioso, no puedo aceptarlo, debe costar mucho.
―No te preocupes, tómalo como un regalo de cumpleaños adelantado.