La vida de Merida siempre ha sido normal. Nunca ha experimentado algo extraordinario o fuera de lo común.Sus únicas preocupaciones son terminar la escuela, seguir practicando karate y pasar tiempo con sus amigos pero, todo cambiará cuando una extrañ...
El sonido estridente del timbre atravesó el aula como de costumbre para anunciar el fin del día escolar. Hiccup ya estaba guardando sus cosas antes de que el eco del timbre se desvaneciera, ansioso por salir. Justo cuando rozaba el marco de la puerta, una chica rubia se interpuso en su camino.
― ¡Hiccup!
― Hola, Astrid.
― ¿Estás ocupado esta tarde?
Su mente ya estaba en otra parte, imaginando el centro bullicioso, esperando—casi rogando—encontrar aunque fuera un destello del cabello pelirrojo que lo había cautivado. Sabía que sus posibilidades eran casi nulas, pero algo en su interior se aferraba a ese diminuto resquicio de esperanza.
―Tal vez, ¿por qué?
―Los chicos y yo iremos a comer algo antes de la competencia, ya sabes, Eret participará en taekwondo. Todos iremos a animarle, ¿no quieres venir?
―No lo sé, sabes que no me gusta ir a esas cosas.
Astrid sabe que le aburren ese tipo de competencias a su amigo, pero cuando se trata de salir todos en grupo, ella no acepta un no por respuesta.
―Astrid, la verdad es que yo…
―Claro que iremos —dice Jack apareciendo de la nada mientras posa su brazo sobre los hombros de su amigo—. Los dos estaremos encantados de ir con ustedes a donde sea.
―Perfecto, entonces síganme.
El castaño espera que Astrid se aleje un poco para luego zafarse del brazo de Jack―. Eres de lo peor —dice molesto en un susurro—. Sabes que detesto ir a esas competencias, sobre todo si se trata de ir a apoyar a Eret.
―Yo también te amo, querido amigo —dice en tono meloso—. Verás, yo tampoco soporto a Eret, pero por fastidiarte y hacer que te relajes un poco, hago lo que sea.
―¿Lo estás disfrutando, no es así?
―Un poco —dice con una sonrisa de lado.
Los dos comenzaron a caminar antes de que Astrid se dé cuenta de que no le hicieron caso.
―¿Cuándo le dirás a la rubia que no sientes nada por ella?
―Otra vez con ese tema, ya te lo dije: solo somos amigos.
―Díselo a ella, no a mí.
―A ver, ¿tú cómo sabes que siente algo por mí?
―Fácil, a diferencia de ti, que nunca has salido con alguien. Yo sé cómo se comportan las chicas cuando les gusta alguien.
―No me digas, ¿entonces cuál es tu conclusión, Einstein?
―Cuando una chica está interesada en uno, está pendiente de cada cosa que haces y siempre busca la forma de estar contigo.
―Pero tú también estás cerca de mí todo el tiempo.
―Yo soy una excepción.
Rueda los ojos al escuchar las tonterías de su amigo. Aún no entiende cómo es que le presta atención sabiendo cómo es.
―¡Oigan ustedes dos, muévanse!
―¡Ya vamos!
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