Entro al gimnasio del Penthouse y tomo mi botella de agua. Corrí mis seis kilómetros diarios, como todas mis mañanas. Desde hace años que mantengo esa rutina: me levanto temprano y corro seis kilómetros; cuando termino, voy al gimnasio para hacer ejercicios de rutina. Así me mantengo, además de sostener mi trabajo como entrenadora de boxeo.
Cuando cruzo las puertas, lo primero que veo es a mi hermano trotar en la caminadora.
—En una hora salimos para el gimnasio—me avisa. Asiento con la cabeza y me dirijo a mi primer ejercicio.
—La próxima semana comenzamos con tus entrenamientos, Jacob—le aviso.
—¿No es temprano?—arruga la frente en señal de confusión.
—Nunca lo es. Cuanta más preparación tengas, mejor. Pasó mucho tiempo desde tu última pelea—rueda los ojos mientras deja de trotar para tomar de su botella y mirarme.
—Sólo pasó un mes y vamos al gimnasio todos los días, además, entrenamos siempre por las mañanas.
—No es lo mismo. Tu entrenamiento es más importante y centrado que ayudar al resto a prepararse. Empezamos la semana que viene, está dicho.
—Que mandona, pareces tú la mayor—sonríe burlón.
—Si no te callas, te dejaré menos descanso que una semana—le sonrío triunfal.
—¿Alguien te dijo que eras una perra?
—Si, suelen hacerlo y por eso mis chicos son buenos boxeadores. Como tú, por ejemplo, que sólo te quedan cinco días de descanso por imbécil.
Me mira mal y me río para después seguir con lo mío. Jacob y yo somos muy unidos, sobre todo desde que nuestros padres nos echaron de casa porque no apoyaban nuestro camino al boxeo. Ellos nunca lo vieron como un deporte, decían que era un "juego de animales" y por eso no estaban de acuerdo con que Jacob quisiera hacerlo. Fue ahí cuando me decidí a prepararme para ser entrenadora, su entrenadora. Decidí seguirlo y apoyarlo en lo que sea, como sé que él también haría lo mismo por mi.
Cuando terminamos de entrenar, me preparo para ir al gimnasio que comparto con mi hermano. El objetivo principal para querer hacerlo, desde un principio, fue para tener su propio entrenamiento; sin interrupciones, sin mediáticos, sin nadie que interviniera en el objetivo. Después cambió cuando personas querían venir a entrenarse con nosotros para crecer. Mayormente, es un gimnasio donde entrenan hombres, todos llegaron por Jacob. No hay muchas mujeres que lleguen, pero las que están son muy buenas.
Llegamos al gimnasio y nos encontramos con Derek, el mejor amigo de Jacob, quien nos esperaba con una enorme sonrisa como las que sólo él puede mostrar. Ellos son amigos desde pequeños, se conocieron en la primaria y de ahí fueron muy buenos amigos. Es como un hermano más para mi.
—¿Ansioso por tu próxima pelea?—palmea en el hombro a Jacob, mié tras éste abre el gimnasio.
—Algo. Pero la persona ansiosa aquí no soy yo—ruedo los ojos al darme cuenta de que habla sobre mi.
—No estoy ansiosa. Dice que es muy apresurado empezar a entrenar la próxima semana, dile algo Derek.
—Pues... tiene un poco de razón, amigo. No peleas hace un mes y la próxima pelea es en tres semanas, es conveniente empezar lo más pronto. Además, es tu entrenadora, por Dios, ella sabe lo que dice.
Le sonrío a Derek y le hago señas a Jacob, a modo triunfal. Infantilmente, me saca el dedo del medio y Derek y yo soltamos una carcajada.
Ya estamos dentro del establecimiento y en menos de diez minutos ya empiezan a llegar los chicos. Pasan la mayor parte del día aquí dentro, les gusta venir a entrenar parece ser o les gusta disfrutar de su gran admirador, Jacob, quien es amigo de todos.
Me acerco a la oficina donde se encuentra Mark, que acaba de llegar, que es quien controla los gastos e ingresos del gimnasio. Es un hombre bastante grande y no sólo físicamente, debe rondar los cuarenta y tantos. Fue un gran boxeador alguna vez, pero lo dejó por problemas de salud, ahora nos ayuda a nosotros en el gimnasio. Es un buen hombre y siempre está apoyando a Jacob en sus peleas, confía demasiado en él y viceversa.
—Buenos días, Mark—toco la puerta que se encuentra abierta del todo y paso. Está sentado frente al escritorio con papeles en las manos y cuando me ve, sonríe.
—Buenos días, reina. ¿Qué tal tu mañana?
—Normal, como todas. ¿La tuya?
—Atareada. Hoy es cuando llegan las cuentas que hay que pagar, a veces me pierdo con tantos papeles—se ríe y le sonrío. Iba a responderle cuando alguien toca la puerta a la vez que suena mi teléfono con un mensaje. Lo saco y leo lo que dice: es George, el doctor de Jacob.
—Buenos días, ya estoy listo—dice una voz grave a mis espaldas.
—Enseguida te atienden—responde Mark y después me mira—Aria, hay un chico nuevo, empieza hoy.
Asiento y guardo el teléfono para girarme a ver al chico nuevo. Es bastante alto, debe sacarme dos cabezas y eso teniendo en cuenta que mi altura es promedio, tiene el cabello oscuro al igual que sus ojos. Creo que ni de muy cerca podrías distinguir el iris de su pupila, ya que ambas son demasiado oscuras. Lleva un pantalón deportivo y una camiseta que deja ver sus músculos, que no son ni tan grandes ni tan pequeños, es delgado y sus piernas parecen estar tonificadas. Tiene un rostro muy bonito, en partes proporcionales. Su labio superior es un poco más fino que el inferior y su nariz es perfilada. Tiene la mandíbula marcada y su piel es de un color café con leche.
—Bien, sígueme—paso por su lado y me dirijo a una parte libre del gimnasio.
El lugar es bastante grande, parte delantera es un gimnasio normal para venir a entrenar el cuerpo y al fondo, hay dos puertas que dirigen a la otra parte del gimnasio, que es donde se entrena para boxear.
—¿Cuál es tu nombre?—pregunto mientras preparo sus actividades.
—Devon. Devon Hall—responde con voz ronca.
—Muy bien. ¿Sólo vienes a entrenar o quieres ser boxeador?—me giro para verlo.
—Ser boxeador es mi objetivo—responde firme, de brazos cruzados y sonrío.
—Entonces estas en el lugar perfecto.
🥊🥊🥊
Hola amores!!! ¿Cómo están? Espero que excelente. Les traigo aquí una nueva historia que espero les guste muchísimo como lo hizo Amaia.
Disfruten su lectura, besoooosssss
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KNOCK OUT©
RomanceAria y Jacob Cooper son los mejores hermanos que podrían existir. Jacob Cooper, siendo dos años mayor que ella, es un muy conocido boxeador con tantas victorias, que no pueden ni ser contadas. Estas son gracias a su hermana, Aria Cooper, quien estud...
