Capítulo 1
—Will: Era un día espléndido; el sol brillaba como nunca. Eran las 8:30 de la mañana y sonó un ruido del que no sabía de dónde venía. Abrí los ojos con dificultad por el sueño. De nuevo sonó ese mismo ruido, pero ahora con más nitidez. Abrí completamente los ojos, me levanté con cuidado, cogí el arma y me dirigí a la puerta. Me asomé a la mirilla antes de abrirla, pero no vi nada. Cargué mi arma y la apunté hacia la puerta. La abrí y vi a lo lejos que venía rápidamente hacia mí una chica que mediría aproximadamente 1,75 metros, aparentando 20 años de edad. Tenía pelo rubio, una chaqueta de color frambuesa, una camiseta blanquecina y unas zapatillas deslumbrantes. Yo guardé el arma rápidamente y la saludé. Ella me dio un abrazo que me dejó casi sin respiración y yo le pregunté qué había pasado.
—Miranda: ¡Me han cogido! —dijo con emoción.
—Will: ¿Para qué? —pregunté con extrañeza.
—Miranda: ¡Para trabajar contigo, soy inspectora!
—Will: ¡Eso es estupendo, Miranda! Estoy orgulloso de ti. ¡Ya sabía yo que mi hermanita lo iba a conseguir!
—Miranda: Gracias, Will —dijo abrazándome.
—Will: Perdonadme, no me he presentado correctamente. Soy William Sánchez, aunque mi hermana y mis amigos me llaman Will. Trabajo como inspector jefe en la policía y tengo 27 años.
—Will: Entramos a casa sonriendo.
—Will: ¿Cómo te encuentras después de hacer el examen?
—Miranda: En el examen no estaba nerviosa, pero después me iba el corazón a mil por hora. Pero lo he conseguido y estoy feliz. Mañana empiezo a trabajar. ¿Iremos juntos, verdad?
—Will: Claro que sí —dije afectuosamente.
—Miranda: ¿Has oído lo que ha ocurrido esta mañana?
—Will: Pues no, estaba durmiendo la mona. ¿Qué ha ocurrido?
—Will: Ella bufó y rodó los ojos antes de contestarme.
—Miranda: Pues han ocurrido varios terremotos que los sismólogos no han podido identificar, ni la causa ni el porqué.
—Will: Pues estaba tan dormido que ni me he enterado. Así que, Miranda, dime todo lo que sepas.
—Miranda: Pues han dicho que ha afectado a todo el mundo, aunque no ha habido heridos y mucho menos muertos, solo personas asustadas.
—Will: ¿Cuál ha sido la magnitud del seísmo, Miranda?
—Miranda: Los sismólogos dicen que ha sido de 2.7 en la escala Richter.
—Will: Sonó el teléfono y fui a contestarlo.
—Will: Voy a coger el teléfono; luego me sigues contando lo ocurrido.
—Miranda: Vale, date prisa.
—Will: Descolgué el teléfono y me contestó una voz familiar.
—Mendel: Inspector Sánchez, soy Mendel. Lo necesitamos a usted y a su hermana enseguida, con el uniforme y todo lo necesario —dijo con voz grave.
—Will: ¿Qué ha ocurrido? —pregunté con voz urgente.
—Mendel: No se lo puedo decir ahora. ¡Daos prisa que es muy importante!
—Will: Miranda, vámonos que nos ha llamado el comisario jefe —dije cogiendo el abrigo y las llaves del coche—. Tenemos que ir enseguida a la comisaría.
—Miranda: Pero hoy es domingo y estoy muy cansada —se quejó.
—Will: Vámonos —dije tajantemente—. ¿No querrás faltar a tu primer día de trabajo, verdad? —pregunté burlonamente.
—Miranda: No, claro que no —bufó mientras rodaba los ojos—. No queda más remedio que ir. ¿Llevas tú el coche, Will?
—Will: Sí, venga, vámonos.
—Will: Nos subimos al coche. Era un Audi A8 de color blanco mate, mi preferido. Cuando arrancamos y nos pusimos en marcha, cerramos la puerta del garaje y empecé a recordar que mi hermana me tenía que contar algo. De repente, ella me preguntó:
—Miranda: ¿En qué piensas? —inquirió mirándome.
—Will: ¿No me tenías que contar lo que había ocurrido esta mañana?
—Miranda: Sí, es verdad. ¿Por dónde íbamos?
—Will: No lo sé, Miranda, no me acuerdo —suspiré.
—Miranda: Déjame recordar... ¡Ah, sí! Ya me acuerdo. Iba por la magnitud del seísmo, que era de 2.7 en la escala Richter.
—Will: ¿Cómo sabías la magnitud? —pregunté con curiosidad.
—Miranda: ¿No recuerdas que nuestro primo Abel trabaja con los sismos?
—Will: Claro que sí —respondí mientras me hacía el ofendido.
—Miranda: Pues me lo ha contado él, sobre las 6:30 de la mañana —dijo con una sonrisilla de superioridad.
—Will: ¿No te contó nada más?
—Miranda: Exacto, me dijo que era la única información que me podía dar en ese momento.
—Will: Aparcamos en la puerta de la comisaría y mi hermana se calló instantáneamente; primero, porque no tenía más información y, segundo, porque estaba nerviosa.
—Will: Cuando entramos, todos estaban mirando a los ordenadores, hasta que vieron a mi hermana y fueron a felicitarla. En nada apareció el comisario Mendel, que también la felicitó; hasta su peor enemiga la felicitó, pero por cumplir. Cuando terminaron las felicitaciones, el comisario nos mandó a su despacho y los trabajadores siguieron con su trabajo. Excepto Marcus, que se quedó mirando a mi hermana hasta que entramos al despacho. Yo creo que le gusta mi hermana; tengo que decir que ella es muy guapa, hasta se podría decir que parece modelo.
—Will: Entró el comisario, se sentó en su sillón negro y dijo:
—Mendel: No puedo confirmarlo, pero han visto una gran bola de color verde en el cielo que cayó a la tierra. Os he llamado a vosotros porque sois los mejores que tenemos, aunque tú, hermana, siendo novata, has demostrado una gran valía. No puedo decir nada más de momento, pero el caso es vuestro; no me falléis.
—Will: No se preocupe, jefe. Investigaremos y descubriremos lo que ha sucedido —dije con confianza.
—Will: Cuando terminó, nos despedimos, cogimos el coche y nos fuimos a casa. Regresamos a las 21:30 de la noche. Llegamos, cenamos lo que había y nos metimos en la cama, muy cansados.
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EL INSPECTOR SÁNCHEZ
Science FictionEs un hombre que demuestra la valentía y el esfuerzo para conseguir la felicidad para todos, pero no sabe si encontrará la suya .