UN MIERDA DE DÍA

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Capítulo 7

William: Mi sueño fue interrumpido por un sonido que reconocí de inmediato: mi despertador. Había puesto una canción de Maroon 5, "Sugar", para animarme a levantarme. En cuanto me espabilé, fui al baño. Al salir, me encontré a Miranda, en pijama, en la cocina viendo la tele.

William: (algo sorprendido) ¿Todavía no te has cambiado ni desayunado?

Miranda: (con tono serio) Tú tampoco te has cambiado, así que no digas tonterías. Vamos a vestirnos y desayunamos en una cafetería.

William: Nos cambiamos y nos dirigimos al garaje.


William: (mientras arrancamos el coche) ¿Dónde desayunamos? No quiero ir al sitio de siempre.

William: Miré la hora; ya íbamos tarde. Acepté la idea de Miranda de desayunar fuera, aunque ahora me arrepentía un poco.

Miranda: (confiada) No te preocupes, ya sabes que necesito desayunar para rendir.

William: Cuando terminó de hablar, ya casi estábamos en nuestro destino.


William: Entramos al edificio con algo de nervios, saludamos a los compañeros y fuimos con el jefe a la prisión donde estaba detenido el primo de Abel. Lo encontramos dormido en la litera de arriba y tuvimos que llamarlo en voz alta para que despertara.

Leopoldo: (molesto, abriendo los ojos con pesadez) ¿Por qué me interrumpen el sueño?

William: No estás en un buen lugar para soñar bonito. Venimos a hacerte unas preguntas sobre la muerte de tu primo, Abel, así que más vale que hables con la verdad.

Leopoldo: (con voz firme) No tengo problemas en responder; sé que pasaré el resto de mi vida aquí.

William: Lo sacamos de la celda, sin esposas porque no era de los más peligrosos, y lo llevamos a la sala de interrogatorios.


William: La tensión era evidente. Miranda rompió el silencio abruptamente.

Miranda: ¿Por qué mataste a tu primo?

Leopoldo: (sin tapujos) Sentía mi vida vacía. Al ver la vida interesante de Abel, me llené de envidia y lo hice sin pensar en las consecuencias.

William: La respuesta me dejó nervioso. Mi hermana se quedó sin habla, y tuve que pedirle que me dejara la silla para seguir yo con las preguntas. Después de varios minutos de interrogatorio, llegué a la última pregunta.

William: ¿Cómo lo hiciste?

Leopoldo: (relatando fríamente) Lo envenené, lo golpeé y simulé que se había ahogado.

William: Llamé a un compañero, quien se llevó a Leopoldo esposado, y luego traté de calmar a Miranda, que estaba llorando.

William: Vamos a salir a desayunar para despejarnos un poco.

Miranda: (asintiendo) Sí, me vendría bien.


William: Al dirigirnos al coche, vimos a un hombre sospechoso hablando por teléfono cerca de una furgoneta blanca. De repente, agarró a un niño, empujando a su madre.

William: (alarmado) ¡Están secuestrando a un niño!

William: Empezamos la persecución sin sirena para no alertar a los delincuentes. La furgoneta aceleró cada vez más. Ellos disparaban, y le pedí a Miranda que disparara a las ruedas delanteras.

William Tras una persecución a alta velocidad, Miranda logró acertar en las llantas, y la furgoneta comenzó a volcarse. Aceleré hasta quedar al lado de ellos cuando se detuvieron. Al revisar la furgoneta, encontramos al niño en un armario, llorando. Miranda lo tomó en brazos, y pronto llegó su madre para consolarlo.


William: Sentado en el bordillo, exhausto, vi que un compañero se acercaba con churros y café. En ese momento, agradecí esa pequeña recompensa tras un día tan pesado. Miranda se sentó a mi lado con más churros, y finalmente terminamos el día comiendo juntos en silencio, satisfechos de que todo había terminado.

EL INSPECTOR SÁNCHEZDonde viven las historias. Descúbrelo ahora