Capítulo 22. Conoce a tu enemigo

878 79 35
                                        

La primera vista a la Tierra era escalofriante, llena de pocas esperanzas, llena de dolor. Los paladines lo notaron con tan solo una parte del mundo, una pequeña. "¿Si esto pasó aquí? ¿Cómo estará el mundo entero?" Pensaron. Y es que realmente no era una idea que creían posible, jamás imaginaron que la Tierra pudiera entrar a la guerra intergaláctica.

Caminaban por las calles de lo que solía ser un pueblo, un hogar de muchas personas, cerca del Garrison. Pidge no despegaba la vista del radar mientras que Hunk y Lance tomaban la guardia con sus armas.

No pasó mucho para que fueran descubiertos por cazas Galra. El primer ataquen fue de ellos, por el cielo.

—¡Todos cúbranse!— Grito Lance al primer disparo.

Hunk, Lance y Keith serían los primeros en atacar protegiendo a sus compañeras paladines, Shiro, Kórann, Romelle y Cosmo. Todo era incierto para ellos, de ser sinceros, Pidge, Lance y Hunk eran los más afectados con la situación, y aún con ello no podían perder la atención a la batalla. Sentían todo y nada a la vez; solo pudieron concentrarse y calmarse con la llegada de dos automóviles del Garrison, de los cuales, emergieron dos pilotos que aún eran desconocidos para los paladines.

—Lo tenia— casi regañó Keith a aquella piloto del Garrison.

—¡Los drones mandan señales cuando los atacan!— Aquella voz sonaba familiar para dos paladines de Voltron, pero aún no podían reconocer de quien era. —Nuestras armas neutralizan las señales, y si no quieren enfrentar un enjambre de ellos ¡Déjenos manejarlo!—

La sorpresiva expresión de Keith no pasó desapercibida por los paladines de Voltron, después de todo, recordaba a la perfección aquel tono demandante de aquel cadete. Griffin. Shiro inmediatamente entendió aquella posible conflictiva situación, y antes de decir algo, subió junto a los Alteanos al automóvil de aquel chico Griffin, dejando que los paladines originales se transportaran con la otra piloto.

El camino fue incómodo, un gran silencio se sentía. En la mente de Keith y Pidge encontraban extraña la idea de que Griffin siguiera con vida. Por alguna extraña razón, dentro de ellos lo consideraban muerto. Fue un alivio para Pidge no haber perdido a su mejor amigo del Garrison, pues a pesar de haber pasado poco tiempo con él, fue el primero y único en descubrir su identidad antes de adentrarse en Voltron. Por su puesto, para la pequeña paladín aquellos pensamientos eran borrados de su mente con la vista del Garrison, cubierto por un campo de partículas como el que tenia el castillo. Ella sabía que su padre seguía vivo, que Matt seguía con vida, de quien realmente tenía miedo obtener malas noticias era de su madre, imaginar que algo le pasó y ella no pudo estar a su lado, la mataba entre más se acercaba al Garrison, entre más se acercaba a la realidad.

La entrada del Garrison y el lugar donde todos esperaban era eterno para los paladines, era terrorífico. Lance, Pidge y Hunk eran quienes más temían, regresar y enterarse que su familia o había sobrevivido o algo peor los mantenía alerta en todo momento. Los mantenía ansiosos, querían llegar, bajar de aquel automóvil y salvar la Tierra, pero no querían enfrentarse a una cruda realidad.

—Mamá...— fue un ligero susurro, al ver desde lo lejos a su madre junto a su padre, su cuerpo se volvió inquieto y en cuanto el automóvil se detuvo, ella hizo lo suyo — ¡MAMÁ! —Gritaba con alegría, Pidge, mientras saltaba a los brazos de su querida madre, quien se veía más cansada y mayor. Se aferró a ella con un fuerte abrazo, sintiendo su aroma, su cabello, su espalda, la presencia misma de su madre. A pesar de todo, las esperanzas de Collen seguían vivas, se había desgastado tanto estos últimos años pensando en lo peor, en que creó una familia que desapareció cuando menos se dio cuenta. Tener a su esposo Sam de vuelta y las pocas transmisiones de su hijo Matt, descansaron su corazón, pero no fue hasta que tuvo a su hija Katie entre sus brazos le dio paz a todos sus conflictos internos como madre.

Los paladines, sus compañeros, apreciaban aquella escena llena de esperanza, aquel rayo de luz donde sus mundos, sus familias seguían con vida. Estaban feliz de ver el reencuentro de Pidge con su familia, pero no era la única que corría con aquella suerte.

—¡LANCE! — Se escuchó del otro extremo, llamando la atención de Lance y del resto de los paladines.

Las lágrimas eran visibles, no pensaba ocultarlas, ver a toda su familia unida, a sus sobrinos, a todos ellos esperando su regreso, hizo que él solo quisiera abrazarlos y estar con ellos. — ¡Hola! — dijo casi en un sollozo, se abalanzó hacia su familia, formando un gran abrazo familiar. Aquella calidez con la que fue criado desde niño, aquella calidez que no había sentido en más de cuatro años, lo hizo quebrarse a su manera, siendo más vulnerable a todo, a sus recuerdos y a su pasado. Su familia lo hacía sentir bien, sus sobrinos que eran aún más grandes, su familia, sus padres, su hermana. Todo era reconfortante.

Por desgracia, no todos podían gozar aquella extrema felicidad de sus compañeros Lance y Pidge. Hunk se mantenía cansado, su cara lo delataba, no ver ninguna cara conocida, incluso el personal del Garrison había cambiado, probablemente los cadetes que él había conocido, estaban muertos o en otro lugar. Hunk deseaba llegar a casa, estar con su familia, ser feliz; abandonar Voltron, era parte de su sueño para volver con su familia, pero parecía una atadura, una obligación y una maldición. Pensó en ese momento que hasta no librar y proteger a la Tierra de una guerra Intergaláctica, no podría vivir en paz. Voltron era la llave de la Paz en el universo, al igual que era la maldición de Hunk por no tener a su familia con él.

La sala de reuniones. Nunca habían entrado, porque jamás habían tenido el rango para hacerlo. Era demasiado extraño estar ahí, aún más cuando les pidieron que se sentaran en la mesa. Todo había cambiado, Voltron les dio un nuevo rango a los paladines, tal vez tan fuerte como para dirigir el Garrison, pero no pensaban en eso.

Keith se mantenía consiente, que de no ser por haber encontrado a Shiro y al león azul, nada de esto hubiera pasado, probablemente la Tierra ya estaría destruida si ellos no hubieran emprendido aquel viaje. Mientras esperaba a que los demás paladines y los comandantes llegaran, observó una cara bastante conocida. James Griffin. Cruzaron miradas, por mucho tiempo, en especial cuando James, del otro lado de aquella gran mesa, él se encontraba frente a Keith. Por un momento, Keith pensó que James se sentaría frente a él, que tenia el rango suficiente para sentarse con ellos. Fue cuando Griffin dio un paso atrás cuando se tranquilizó.

Era obvio, Keith y James no eran los mejores amigos, de hecho tenían muchos conflictos entre ellos, pero ninguno sabía a ciencia cierta si aquellos conflictos prevalecían a pesar de haber pasado tanto tiempo. Desde que Keith se fue del Garrison hasta los más de 4 años que Voltron estuvo en el espacio. Ambos se debatían internamente como era y sería su relación, no sabían cómo proceder, no hasta que Pidge se sentó a la mesa, dejando una silla vacía entre Keith y ella, un lugar que ocuparía Hunk cuando llegara. Era evidente que la llegada de Pidge aclaró una duda en específico, sin saberlo, ambos estaban de acuerdo que antes de seguir con cualquier tipo de relación o conflicto, debían de hablar. Y ambos sabían que el otro lo sabía, con una última mirada, antes de que el comandante Samuel, comenzara a explicar la situación actual de la Tierra.

—Pero hay buenas personas allá afuera, podrían ser protegidos, mi familia está allá afuera.— La voz de Hunk era entrecortada, su desesperación y su frustración se hacían ver en ese momento.

—Lo lamentó Hunk—

—¡Pero si tenemos la oportunidad ahora...!— estaba al borde de las lágrimas, su corazón latía con fuerza, pero todo aquel sentimiento de frustración fue interrumpido, regañado, por un cadete que parecía tener más rango que los paladines.

—¡Oye! ¡¿Los paladines ya no respetan la cadena de mando?! ¡Tu comandante dijo que era muy peligroso!— Griffin, deshizo su formación en la línea con sus cadetes para regañar a Hunk. Y era normal. La visión de los cadetes del Garrison y la de los paladines iba a chocar. Mientras los paladines estaban acostumbrados a interferir en las opiniones de ataque, a técnicamente tomar varias decisiones juntos, los cadetes estaban especializados en seguir las órdenes casi a la perfección que a veces daba miedo.

—¡Oficial Griffin! ya es suficiente— interfirió Sam.

Todos tenían un conflicto de intereses, todos tenían familia y solo poco personal de la base del Garrison realmente confiaba en Voltron.

Les esperaba un gran y largo camino a los paladines de Voltron. La lucha contra Sendak, cada vez la veían más cerca.
.
.
.
Continuará.
Siguiente actualización. 3-Mayo-2021

No toques a mi princesa [Kidge].Donde viven las historias. Descúbrelo ahora