El auto de Lafayette, quien estaba a lado de Mulligan, se estaba haciendo presente frente a la casa del caribeño; casa donde próximamente aparecerían tres amistades y penetrarían en el vehículo.
Las luces inundaban los ojos de Alexander. La ciudad parecía vacía aunque muchos estuviesen caminando por las calles ya sea porque acababan de salir de una cita, estaban paseando a su perro, o simplemente se dirigían hacia tal lugar donde vendían droga.
Después de varios minutos, el vehículo aparcó frente a un edificio, del cual, algunas personas entraban.
Ahí Alexander comprendió la razón de estar ahí.
Irían a la sesión que tocaba esa noche, no apetecía ir a tal lugar y mucho menos si John se presentaba.
Eliza y Alexander bajaron del automóvil, pues eran los únicos que se presentarían en tal sesión aquella noche. La iluminación era casi escasa, te hacía sentir una fuerte tristeza con tan sólo estar ahí.
Subieron las escaleras hacia el segundo piso donde se encontraba tal lugar para tomar la sesión, donde podías ver a gente en silencio pero gritando que necesitaban esperanzas de vida.
La pareja de amigos tomaron sus sillas y se unieron a tal circunferencia con un número de sillas ya inexacto, solamente fueron necesarias 13 sillas para esta misma.
La chica de coleta se había hecho presente como las anteriores veces, ahora usando prendas adecuadas para el invierno; el de piel morena también se encontraba ahí, pero él lucía un traje además de que se encontraba un maletín a lado de él, probablemente porque apenas había salido del trabajo.
Al único que no vio Alexander, fue a ese hombre de ojos azules y tampoco pudo ver a John, haciendo el ambiente algo solitario...
—Sean bienvenidos nuevamente. —sonrió Samuel. —Hoy haremos algo especial.
El castaño comenzó a repartir pedazos de hojas recicladas hacia todos los presentes, para luego entregarles un bolígrafo a cada uno, sintiendo los diferentes tipos de manos, las manos que pasaron por tantas experiencias que él descubriría después.
Unos pasos resonaron en los oídos de Alexander provocando que su ceño se frunciera; conocía muy bien aquellas pisadas, de pronto escuchó aquella voz pronunciando un saludo algo débil; sentía como se acercaba hacia él, lo sentía y lo ansiaba con tantas ganas.
Fue el primero en responderle el saludo de forma casi inaudible, pero el último en darle una mirada donde pudo ver los ojos verdes de John una vez más.
Sentía esos ojos analizarle su rostro, seguía toda su piel, como si estuviese haciendo un recorrido ya formulado por su mente para luego sonreír sin mostrar sus dientes e irse por una silla para sentarse a lado del caribeño.
—Hoy quiero que se dibujen a ustedes mismos. —dijo Samuel después de entregarle una hoja y un bolígrafo al pecoso. —De la derecha pondrán las cosas buenas de ustedes y de la izquierda las malas.
Alexander poseía una tinta roja mientras que John poseía una de color negra. Ambos plasmaron tal tinta en el papel comenzando a dibujarse ellos mismos.
El inmigrante no era muy bueno en dibujar, fácilmente podía hacer un árbol bien; él prefería escribir que dibujar, es por eso que su dibujo parecía más caricatura que otra cosa.
Mientras tanto, el sureño dibujaba como todo un experto, su estilo era parecido al de los cómics; haciéndolo realista en algunas partes pero exagerado en otras, claro, sin omitir las partes de las sombras.
Hamilton estaba a punto de anotar lo positivo de él hasta que se detuvo, ¿qué podría poner? Su padre siempre le dijo que era alguien paciente, sin embargo, él era todo lo contrario a eso; aún así, lo puso sin más opciones.
—Eres amable. —dijo el ojiverde sin sacar la vista de su dibujo.
La chica pelinegra había sido la primera en terminar, y Samuel aprovechó eso para hablar con ella mientras que los demás terminaban tal dibujo.
Todos ya habían puesto sus partes negativas, eran las más fáciles de poner siempre, definitivamente había sido un error comenzar a odiarse tan temprano.
Eliza le estaba explicando su dibujo a Samuel, mientras sonreía alegre y podía incluso hasta darles a los demás un ambiente tranquilo, más amigable, menos deprimente.
Su estilo de dibujo era algo huesudo, los ojos bien abiertos y las manos casi esqueléticas además de que la mirada era casi vacía aunque Eliza expresara todo lo contrario a eso.
—¿Podrías enseñarnos tu dibujo? —la voz de Samuel había salido calmada hacia la dirección de Alexander.
Hamilton se levantó y dio vuelta a la hoja para que todos apreciaran su dibujo imperfecto según él. Estaba ansioso nuevamente; su pecho subía y bajaba, parecía que en algún momento su cerebro explotaría por la presión que sentía en aquel.
—Inicia con las cosas buenas. —sugirió Samuel, sonriéndole amablemente al caribeño.
—C-Claro. —tragó saliva. —Uh... solamente puse dos cosas buenas de mí. —se alzó de hombros algo nervioso. —La primera es que soy paciente y la segunda es que soy amable. —el pecoso sonrió al saber que había puesto lo que le había dicho; una sonrisa que te brindaba calma, cosa que apreciaba mucho el inmigrante. —Uh, y bueno. —carraspeó mientras posaba su vista en tales cosas negativas que ya identificaba muy bien de él. —Las
malas son que soy perfeccionista, pesimista y miedica.
Todos asintieron hacia las palabras sinceras del inmigrante, provocando que continuaran con el siguiente que por sorpresa era el de cabello alborotado.
—Bueno, yo me definí como alguien sensible, comprensivo y empático. —dijo enseñando su dibujo. —Y mi parte negativa es que soy egoísta, insensible y que soy "miedica" de dañar a los demás lo mucho como lo estoy yo. —dijo haciendo comillas con sus dedos ante tal palabra que había utilizado el contrario y que muy pocos conocían; todos preferían el término miedoso.
—Creo que eso es algo bueno. —respondió la morena de coleta ante lo último que había dicho el ojiverde.
Laurens posó sus ojos sin vida hacia la adolescente y negó de inmediato para luego girar su rostro hacia Alexander y verle fijamente sin mostrar ninguna emoción en especial.
—No cuando personas que deberían ser felices salen lastimadas por personas que ya deberían de estar muertas.
Y así, John volvió a retomar asiento a lado del de pelo lacio causándole algunas cuestiones tanto a él como a todos los presentes en el lugar.
¿Qué acaso esos eran antecedentes para alguna próxima relación? ¿O simplemente era un dato de lo culpable que se sentía?
Tales cuestiones desaparecieron cuando sintió su mano derecha con un peso encima. Recorrió sus ojos oscuros hacia donde estaba su mano y pudo encontrarse con la mano del pecoso sobre él, entrelazadas.
John estaba serio, mientras que Alexander estaba sonriendo.
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No actualicé en todo Febrero, perdón, estuve medio ocupada planeando un viaje.
¿Les gustan las nuevas portadas? Ahora combinan con el perfil 💛.
Publiqué hace ya unas semanas una adaptación que estoy haciendo de Killing Stalking (Lams, obviamente) por si la quieren ir a ver o algo parecido.
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The Other Side Of Paradise (Lams)
FanfictionAlexander era la luz. John era ese foco fundido. WARNING: Suicidio, depresión, ansiedad, enfermedades mentales, adicciones, escenas sexuales, muerte.
