La sala de espera estaba suavemente iluminada, tal vez para que esa luz
ayudara a calmar la ansiedad de los que tuvieran que esperar allí. Stiles estaba sentado en el borde de una de las sillas. La postura indicaba lo tenso que estaba. —. Stiles.
El levantó la mirada. —¡Derek! Se levantó inmediatamente y se arrojó a sus brazos. Derek lo sujetó firmemente. Estaba temblando. Se olvidó de que tenía que
mantenerse apartado de el. —Todo va a ir bien, cariño. Todo va a ir bien. —Sabía que vendrías. —Por supuesto. Siempre estaré contigo cuando me necesites. —Y yo te necesitaré siempre. Derek cerró los ojos mientras el apoyaba la cabeza sobre un hombro. —Dime lo que ha pasado. —En realidad, no sé mucho. Me llamaron desde aquí porque encontraron el
número de teléfono en su cartera. Lo único que me han dicho es que ha sido un accidente de coche. Llegué tan pronto como pude, pero ellos no saben mucho más. Había un policía de carretera esperando para hacerle algunas preguntas a John, pero la enfermera le dijo que iba a tener que esperar a que los médicos terminaran de examinarlo, así que supongo que se marchó. Dijo que el coche de John estaba destrozado.
—Eso no significa que John esté malherido. He visto a gente salir andando de
coches que parecían haber salido de debajo de una apisonadora. ¿Estaba inconsciente cuando lo trajeron? —Creo que sí. Bueno, no lo sé. Realmente, no me han dicho mucho. —Estoy seguro de que se pondrá bien. —En realidad, nosotros también lo estamos. Derek había estado tan concentrado en Stiles, que no se había dado cuenta de que
un médico había entrado en la sala. —Soy la doctora Levine. Supongo que ustedes son familiares o amigos de John
Lonigan. Stiles parecía incapaz de hablar, así que fue Derek el que contestó. —Así es. ¿Cómo está?
—Parece estar bien. Tiene un gran chichón en la cabeza, unas cuantas costillas
rotas y una fractura en una pierna. No está demasiado mal, considerando que su
coche cayó por la ladera de una montaña.
—¿Cuándo podrá venir a casa? —preguntó Stiles con voz agitado.
—Creo que mañana mismo. Vamos a tenerlo en observación esta noche y podrá
irse mañana.
—¿Podemos verlo?
La doctora Levine agitó la cabeza.
—Creo que sería mejor que no lo hicieran. Está bastante atontado y estamos
tratando de hacerlo dormir. Ahora necesita descansar más que nada. ¿Por qué no se
van a casa a dormir un poco? Ya los llamaremos mañana por la mañana.
Derek asintió.
—Vamos, volveremos en cuando nos digan que está despierto.
—Sólo creo que debería saber que estamos aquí. No tiene a nadie más.
—Nosotros se lo diremos —dijo la doctora Levine—. Ustedes ya sa han llevado
un buen susto. Descansen y vuelvan mañana.
Derek dejó la moto allí y condujo el coche de Stiles. Ni se le ocurría dejarlo solo
ahora. Antes se cortaría un brazo.
—No me vendría mal algo de beber —dijo Stiles mientras colgaba su abrigo al
llegar a casa.
—A mí
tampoco. Podría hacer un poco de mí mundialmente conocido
chocolate.
—¿Mundialmente conocido? —le contestó el joven.
—Bueno, localmente conocido.
—Un chocolate caliente me parece bien aunque no sea mundialmente conocido.
Se lo tomaron sin hablar, inmersos en sus pensamientos.
Cuando terminaron, les pareció lo más natural del mundo subir juntos las
escaleras. Derek dudó delante de la puerta del dormitorio de Stiles. El sentido común
le decía que estaba jugando con fuego, pero no podía apartarse de él chico.
—Si quieres, puedo quedarme contigo esta noche —le dijo sin mirarlo, casi
esperando que el le dijera que no.
—Me gustaría. Realmente no estoy de ánimo para quedarme solo.
Así que lo siguió a su habitación, pero se quitó solo los zapatos para meterse en
la cama. Stiles se solo se puso una camisa grande, comoda en el cuarto de baño y, cuando salió, Derek pensó que nunca antes lo había visto más guapo. La camisa cubría desde el cuello hasta los muslos. Se metió en la cama sin decir nada. Entonces, Derek apagó la luz.
En la oscuridad era posible olvidarse de que alguien estaba tratando de matarlo, de que la muerte de Mike estaba sobre su conciencia, olvidarse de todo
menos de que Stiles estaba tumbado a su lado, con la cabeza sobre uno de sus
hombros. Se quedó dormido abrazándolo.
Era mediodía cuando Derek bajó. Había dormido más profundamente que
durante los últimos días y se sentía completamente descansado. Era una sensación de la que casi se había olvidado. Stiles ya se había levantado cuando él se despertó y la
demostración de lo agotado que estaba era que se había vestido sin que lo oyera.
Stiles lo miró por encima del periódico que estaba leyendo cuando entró en la
cocina. Parecía preocupado.
—Buenos días —le dijo de Derek mientras se servía un poco de café.
—Buenos días —contestó el joven, dejando a un lado el periódico—. He llamado al
hospital y me han dicho que John está bien y que nos avisarán cuando esté
preparado para que nos lo llevemos.
—Muy bien. Eso está muy bien.
—Quiero hablar contigo, Derek.
—¿Acerca de qué?
—Creo que tenemos que hablar de lo que está pasando.
Stiles lo miró de una forma que le exigía sinceridad y Derek apartó la mirada.
—¿Lo que está pasando?
—Últimamente tu comportamiento ha sido muy extraño. Estuve pensándolo
anoche en el hospital. Pensé en cómo me sentiría si fuera tú el que hubiera sufrido el
accidente y eso me hizo darme cuenta de que la vida es demasiado corta como para
andar jugando con ella.
—Estoy de acuerdo, pero no creo que éste sea un buen momento para esta
conversación.
—¿Por qué no?
—¿Por qué no? Bueno, porque vamos a tener que ir a por John dentro de poco.
—Nos llamarán del hospital. Derek, yo te quiero. Y creo que tú me quieres a mí.
¿Por qué sigues luchando contra esa idea?
Derek se quedó mirando su taza de café, deseando poder hundirse en el oscuro
líquido. Tal vez todavía estuviera bajo los efectos del cansancio de los últimos días.
Su cerebro no parecía estar funcionando como de costumbre.
—¿Quieres saber lo que pienso?
—¿Tengo otra alternativa?
—No, no la tienes. Creo que tienes miedo de lo que sientes por mí. Creo que
tienes miedo de resultar herido o de herirme a mí.
—Stiles, de verdad que este no es el momento…
—A mí sí me lo parece.
—Derek ¿tú me quieres?
—Stiles, yo…
Derek dejó la taza y se pasó una mano por el cabello, evitando su mirada.
¿Cómo podría contestarle?
—No pienso…
—No pienses, sólo contéstame. Stiles se levantó de su silla y se puso delante de él.
—Derek, por favor. ¿Tú me quieres?
—Sí. Maldita sea, sí.
De repente, se sintió aliviado por haberlo dicho al fin. Stiles lo miró, con los ojos
muy abiertos, como si no se creyera lo que acababa de oír.
—Pero eso no significa nada —añadió él.
—Para mí significa mucho. Derek ¿es que no lo ves? Lo único que tenías que
hacer era decirlo. ¿Por qué no me lo decías? ¿Por qué has tenido que estar actuando
como si no te importara nada?
—Stiles, sólo porque haya admitido que te quiero, no significa que vayamos a
tener un final de cuento de hadas. Todos los problemas continúan.
—¿Qué problemas? —le preguntó el, sonriendo y apoyando las manos en su
pecho—. Derek, sea lo que sea lo que tú consideras problemas, podremos arreglarlo.
Nosotros estamos hechos el uno para el otro. ¿No lo sabes?
El contacto con sus manos parecía quemarle a través de la camisa, haciendo que
le resultara fácil olvidarse de la realidad. Se apartó de el, de su tentador aroma, de
su contacto.
—Stiles, yo no puedo ser la clase de hombre que tú necesitas.
—¿Qué?
—Que yo no puedo ser lo que tú necesitas. No soy el hombre adecuado para ti.
—¿Quién demonios te crees que eres?
Derek se quedó sorprendido por el tono violento de su voz.
—¿Qué?
—¿Que quién demonios te crees que eres para empezar a decirme lo que
necesito y lo que no? Ya soy mayor, Derek. Ya no necesito que nadie me diga lo que
necesito.
—No me has comprendido. Yo no quería decir eso.
—¿Y qué has querido decir? ¿Qué es lo que te hace pensar que no eres tú lo que
yo necesito?
—Mírate. Tú eres hermoso, inteligente, puedes tener a cualquiera.
—Y te quiero a ti. Si soy tan inteligente como dices, ¿te crees que elegiría mal?
Stiles, yo no soy nadie. Un chico de granja, de un pueblo de Oklahoma del que
nadie ha oído hablar. Mi padre estrelló su coche contra un poste de teléfonos, mi
madre se casó luego con un borracho y se quedó con él porque no tuvo agallas para
dejarlo plantado. No terminé el bachillerato, ni siquiera he viajado…
—¡Para ya!
Stiles lo interrumpió, tenía los puños cerrados y el rostro enrojecido por el
enfado.
—Esto no tiene sentido. ¿A quién le importa lo que hiciera tu padre? Y tu madre
hizo lo que pudo. No todo el mundo es tan fuerte como tú. Y tú lo eres. Mira lo que
has hecho. Cuidaste de tu madre lo mejor que pudiste y, cuando aparecí yo, me
cuidaste a mí. Preferiste que nos escapáramos antes que verme herido. Sólo eras un
niño, pero aceptaste esa responsabilidad.
Stiles tomó aliento y continuó:
—Puede que no lo recuerde todo antes de que encontráramos a Mike, pero
recuerdo lo suficiente como para saber que debiste de pasarlo muy mal. Sin embargo,
tú nunca permitiste que yo sufriera.
—Yo…
Stiles no le dejó que continuara.
—Todavía no he terminado. Después de que conociéramos a Mike, trabajaste
duramente para ganarte su respeto. Mike te quería y sabía que valías mucho. ¿Vas a
decirme ahora que él también estaba equivocado?
—Esto no tiene nada que ver con el amor. Tiene que ver con quién soy yo. Con
lo que soy. En lo más profundo de mi ser siempre voy a ser el chico de la granja. ¿Es
qué no lo ves?
—No, no lo veo. En lo más profundo de tu ser hay un hombre maravilloso con
un montón de amor que dar si quisieras. Sólo que tienes miedo de hacerlo. Tienes
miedo de resultar herido.
—¡No! ¡De lo que tengo miedo es de hacerte daño a ti!
—¿Cómo? ¿Cómo podrías hacerme daño? De la única forma en que podrías es
si sigues negando lo que hay entre nosotros.
—¿Qué pasaría si acabo como Jed? ¿Si empiezo a pegarte?
Hasta que no pronunció esas palabras no se dio cuenta de que era ese realmente
uno de sus miedos principales.
—Derek , hacen falta dos personas para que pase lo que sucedió entre Jed y tu
madre. Tu madre se quedó con él. Le dio una especie de permiso para que hiciera lo
que hacía. Incluso si quisieras pegarme de vez en cuando, ¿me ves a mí
permitiéndolo?
—Yo… No, no te veo.
El estaba destruyéndole los argumentos uno a uno, pero había uno que aún
seguía en pie, uno que el ni siquiera conocía. Y que él no quería que conociera.
—Derek, ¿es qué no lo ves? Sea lo que sea lo que esté mal, podemos
solucionarlo.
—No, no podemos. Nunca funcionará. Hay razones que lo impiden.
—¿Qué razones? Cuéntamelas.
Derek se quedó en silencio.
—¿Qué razones? —repitió el—. Sean las que sean, podemos solucionarlo.
—No, no podemos. No podemos arreglar el que la muerte de Mike fuera por mi
culpa.
—¿Tu culpa? ¿Y eso por qué?
—Al día siguiente del tiroteo me encontré con una nota en el parabrisas de mi
coche. En la nota decía que tenía que haber sido yo, no él, pero que yo pagaría de
todas maneras.
—¿Qué quería decir con que pagarías de todas maneras?
—Hay alguien que está tratando de matarme. Mike se encontró en su camino.
Era yo el que se suponía que tenía que morir ese día, no Mike. El murió en mi lugar.
—¿Y tú piensas que voy a odiarte por eso? No es posible que me creas tan
estúpido. Aunque pretendieran matarte a ti no fue culpa tuya no haber estado allí.
—Técnicamente, es posible, pero el resultado final es el mismo. Se suponía que
tenía que ser yo.
—Derek no puedes pensar ni por un momento que esto pueda cambiar lo que
yo siento por ti.
Él lo miró con el corazón lleno de una mezcla de emociones. Sorpresa porque
el castaño todavía lo amara. Culpa, porque se seguía sintiendo responsable de la muerte de
Mike. Y miedo. ¿Cómo iba a poder ahora distanciarse de el? ¿Cómo iba a poder
mantenerlo a salvo?
—La persona que mató a Mike y dejó la nota… ¿Sabes quién es?
—No.
—¿Sigues en peligro?
—Sí, y esa es otra razón por la que no podemos estar juntos.
—Pero si tú estás en peligro, quiero estar contigo —le dijo el, mirándolo
fijamente a los ojos.
—No voy a tener tu muerte, como la de Mike, sobre mi conciencia. Además,
todo esto está mal. Todo. Yo no debería haber hecho el amor contigo. Está mal. Todo
está mal.
Stiles abrió la boca para discutirle eso, pero entonces sonó el teléfono.
—Probablemente sea del hospital. Será mejor que contestes —le dijo Derek.
Unos instantes más tarde, Stiles estaba de vuelta.
—Dejarán salir a John tan pronto como lleguemos.
—Muy bien. Será mejor que nos marchemos. Estoy seguro de que no va a
querer quedarse allí más tiempo del necesario.
—Derek…
—Stiles , no quiero hablar más de esto. He tenido un par de semanas muy duras.
Estoy cansado. Por ahí hay un loco que quiere verme muerto y no tengo la energía
suficiente como para seguir con esto. Lo que haya entre nosotros no va a funcionar.
Lo sé, y tú eres tan cabezota que no te das cuenta.
—No, no me doy cuenta, pero lo dejaré por ahora. Pero no para siempre. Más
tarde o más temprano, te darás cuenta de que tengo razón. Mientras tanto, asegúrate
de seguir vivo, Derek Hale
Derek levantó la taza de café en una especie de brindis.
—Haré lo que pueda.
—Asegúrate de que sea así.
A pesar de todas las buenas intenciones, el ambiente entre los dos era tenso.
John podía captar perfectamente la tensión en el coche, durante el trayecto de vuelta
a casa.
Cuando llegaron, John trató de acomodar sus doloridos huesos en una silla. Stiles
dirigió una penetrante mirada a Derek y anunció que iba a ver si la habitación de
John estaba preparada. John perdió la paciencia con los dos.
—¿Sabes? Serías un maldito idiota si sigues tratando de apartarlo de ti.
Derek lo miró enigmáticamente.
—No te metas en esto.
—Muy bien. No me meteré, pero sigo pensando que eres un maldito idiota.
—Bueno, es cosa tuya.
El teléfono sonó antes de que John pudiera decir nada más. La conversación fue
breve y, cuando terminó, Derek parecía bastante tenso. Se dirigió directamente al bar
y se sirvió un whisky, que se bebió de un trago.
—¿No es un poco pronto para eso?
—Era el capitán Jacobs. Alguien le ha prendido fuego a mi apartamento esta
noche. Se encendieron las alarmas y, por suerte, no ha habido muchos daños.
John lo observó detenidamente. A pesar del dolor de cabeza, su instinto seguía
funcionando y le estaba diciendo que había algo más de lo que se podía ver.
—No pareces muy sorprendido.
—Supongo que no lo estoy. Alguien está tratando de matarme. En realidad,
lleva tratando de hacerlo desde el día en que mataron a tu padre. Debía haber sido yo
el que muriera ese día.
¿Quieres explicármelo? Derek le contó todo lo que sabía. Cuando terminó, se hizo un largo silencio. Por
fin, John habló. —Supongo que estás esperando que te lo eche en cara, que te eche encima un
poco más de sentimiento de culpa. Bueno, pues no voy a hacerlo. Lo que pasó, pasó. Estoy completamente seguro de que no fue culpa tuya el que un loco le disparara a papá cuando estaba esperando matarte a ti. Mike habría sido el primero en decirte esto y, lo sabes tan bien como yo. Derek se quedó mirando al vaso vacío. —Lo sé lógicamente, pero no puedo evitar seguir pensando que fue culpa mía. —No lo es, pero vas a tardar tiempo en superarlo. ¿Tiene eso algo que ver con
lo que está pasando entre Stiles y tú? —Más o menos. Es parte de ello. —Deja que te dé un consejo. Siempre es un error perder el tiempo con alguien a
quien se ama. Si piensas que podrás recuperar ese tiempo más adelante, estás equivocado, porque no siempre se llega a ese más adelante. Dios sabe que de eso puedo hablar por experiencia. No dejes que se te escape, Derek. Puede que no tengas una segunda oportunidad. —Soy consciente de ello. Es por eso por lo que es más importante que nunca
mantener aparte a Stiles. No puedo arriesgarme a que le pase algo por mi culpa. Hasta que no hayamos cogido a ese loco, será mejor que me mantenga apartado de el. John apoyó la cabeza en el respaldo del sillón y no siguió discutiendo.
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JUNTOS PARA SIEMPRE { STEREK}
RomanceStiles Stilinski era lo más importante de su vida En el mismo instante en que fijó su mirada en aquel pálido y bonito niño, Derek Hale supo cuál era la razón de su vida: proteger a Stiles, Para ello, Derek tuvo que escaparse de su casa. Fue una...
