W E A R E T O G E T H E R

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El dolor de cabeza estaba matándome y la gente me estaba asfixiando, me escabullí entre todos ellos y me metí al lugar más cercano: la pequeña cabaña que mi padre utilizaba cómo bodega.

No era un buen lugar pero, al menos me daba la tranquilidad que buscaba.

Hoy mis padres y toda la familia festejan por la nueva cosecha de uvas.
Me gustaría poder disfrutarlo tanto cómo ellos, poder sonreír por un largo rato y fingir que los problemas no existen. No, no podía.
He tenido a mala suerte de ser tan expresiva, si algo no me gusta no podré ocultarlo.

La música dejó de sonar tan fuerte, Dios, ¡pero qué tranquilidad!

Las cosas no están saliendo bien, mi padre se ha dado cuenta de mi acercamiento con Taron y no le ha gustado para nada.
Hace dos días me llamó en privado, no está de acuerdo en que tenga algo con uno de sus trabajadores. Amenazó con echarlo de aquí si continúo viéndome con él. Sé lo mucho que a Taron le gusta trabajar en la viña, y no quiero arruinar su trabajo. Tomé la decisión de dejar de tratarlo cómo antes, ahora no había ni un “Buenos días” ni “Buenas noches”.
Era doloroso, pero es mejor a no tener que volver a verlo más.

La puerta se abrió sorpresivamente y Taron entró rápidamente, todavía asegurándose que nadie lo fuese a ver.
Era poco probable, todos están tan entretenidos en la fiesta que ni siquiera han notado que me fuí hace un par de minutos, y a decir verdad, no era tan llamativa en la fiesta, cómo un cero a la izquierda.

¿Pero qué haces? —Le pregunté en voz baja.

Se dirigió a mí, retrocedía cada que él avanzaba. Me topé con la pared y Taron me encerró.

Lo siento, pero tenía que hacerlo. Llevas dos benditos días sin dirigirme la palabra. ¿Qué sucede contigo?

Su exigente mirada se clavó en la mía y me hacía sudar frío.
Mi garganta no me permitió decir una sóla palabra, estaba tan nerviosa.

—¿Qué pretendes? —Insistió. —Estás por todos lados, no me dices nada, me estoy volviendo loco.

Sus pupilas se dilataron demasiado, la forma en que empezó a mirarme me hizo sentir presión. Me exigía una respuesta clara.

—Es por tu bien. —Le dije finalmente.

—¿Mi bien? no no, me estás haciendo tan mal. ¿Acaso hice algo incorrecto? no veo el motivo por el cuál dejaste de hablarme.

—No has hecho nada malo, Taron. Ya te dije, es por tu bien.

Entrecerró los ojos, no me creía.
Joder, a las personas cómo yo se nos dificulta tanto mentirle a las personas que queremos. Tomó mi mano y sentí una caricia por parte suya.

Pensé que esto de dejar de hablarle iba a ser fácil, pero ahora teniéndolo de frente y muy cerca de mí, ya no estaba tan segura de que fuera así.
Sólo quería abrazarle.

Vamos, dime la razón y te dejaré tranquila.

Mi corazón gritaba con fuerza, no, no me dejes tranquila.
Tomé suficiente aire y empecé.

Es... mi padre. Hace un par de días me llamó y habló conmigo respecto a nosotros. No quiere que esté contigo.

—Bueno, según sé, ya somos bastante mayores cómo para que nos prohiban estar juntos, ¿no crees?

—No es cómo piensas, si me ve contigo te echará del trabajo y sé lo mucho que lo aprecias. No quiero arruinarte, no me lo perdonaría.

—Mhm, entiendo que te preocupe eso pero, si me dieran a elegir entre mi trabajo y tú, te elegiría a ti.

Mi corazón saltaba, resonando sus palabras en mi cabeza por un momento.

De verdad, no quiero arruinarte.

—Y no lo haces, querida. Puedo buscar otro trabajo, eso no es problema.

Un largo silencio se alojó entre nosotros, nos mirábamos fijamente.
Me acariciaba con la mirada, muy en el fondo me sentía bien.

¿Podemos seguir cómo antes? —Me preguntó. —Y estaré listo para lo que venga.

No, sería una estúpida si lo dejara ir.
Antes de contestar, suspiré y asentí.

Seguirémos cómo antes y estaré contigo siempre.

Una sonrisa se formó de la comisura de sus labios, me contagió a mi también y me abrazó con fuerza.

TARON  EGERTONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora