Me encontraba sentada frente al ventanal abierto de par en par, el aire corría por toda la habitación, cerré los ojos y comencé a imaginar que todo lo que estaba viviendo no era más que un terrible sueño. El canto de las aves en el bosque y la vista completamente hermosa me hacían sentir bien, como si en realidad no estuviera muriendo poco a poco.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos al sentir el pequeño dolor en mi estomago avisándome que ya era necesario algo de comer, miré el pequeño reloj de mesa que se encontraba a un lado y marcaba las once de la mañana.
Cuando desperté hace unas horas me encontraba sola en la cama lo cual agradecí, más tarde había entrado una mujer, muy joven para decir verdad y muy hermosa, con un tono grotesco y siendo todo menos amable me dijo que el “Señor Catriél” se encontraba sumamente ocupado y que nadie lo molestara pues estaba en su despacho. Y aunque las cosas ahora no están para nada bien, si él se mantiene así durante más tiempo, entonces estoy segura que encontraré un punto ciego en este lugar que más que una casa parece un palacio, cada rincón está protegido a más no poder con hombres armados en cada esquina, salir de aquí sería más difícil de lo que pensé.
Otra de las cosas que ocupaba mi mente era Eidrén, él me dijo que ambos saldríamos, pero no estoy segura de poder mantener aquella palabra sabiendo que si se me da la oportunidad de salir lo haré, con o sin él.
Salí de la habitación y me encaminé a los pasillos, no sabía por dónde ir pues siempre que salía me llevaban arrastrando así que solo opté por caminar en uno de los pasillos. Mientras caminaba choqué con algo o más bien contra alguien, caí al suelo por el impacto y maldije dentro de mí pues la paliza que me dió Catriél ayer aún dolía. Miré el causante de la caida y la silueta de alguien muy familiar se hizo presente.
-Eidrén- dejé salir su nombre de mis labios al verle.
En su rostro podía ver claramente golpes y algunas lastimadas ocasionadas por los mismos, al verlo así sentí que mi corazón se rompió en mil pedazos. Se inclinó hacia mí y me tendió la mano. Una vez de pie no pude evitar el impulso de lanzarme a sus brazos, tardó unos segundos pero me correspondió, juntándome a su cuerpo tan fuerte como pudo pero sin llegar a lastimarme.
-Hola princesa- la calidez de su toque comparado al de Catriél es completamente notorio- pronto podremos salir.
Tan solo bajé la mirada sintiendo que no podría aguantar ni un día más aquí.
-Ya no puedo- dije y el cambio en su mirada me hizo aterrar.
-¿Te quieres quedar aquí?- preguntó con un tono que estoy segura asustaría a quien fuera.
-¡No!- dije leve pero desesperada -hablo de que ya no aguanto ni un minuto más-.
-Lo sé, pero por ahora no puedo hacer mucho- bajé mi rostro al suelo decepcionada al escucharlo decir eso -pero haré lo posible, solo tengo que saber elegir bien, las personas aquí le son fieles a Catriél-.
Tomó mi rostro en sus manos haciéndome verle y continúo -no me importa si tengo que hacer un pacto con el mismo diablo, te voy a sacar de aquí-.
Y sin esperar hundió sus labios con los míos, su acción me tomó por sorpresa, no lo alejé pero tampoco seguí su beso.
Tal vez podría parecer tonto, pero en estos momentos mi mente divagaba en miles de cosas, y encontrar mis sentimientos por Eidrén no era una de ellas, o al menos no por ahora, no en este lugar.
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Después de haber hablado con Eidrén él se marchó, dándome su palabra de que me protegería a toda costa pero, siendo sincera, no necesitaba un príncipe con escudo y espada que me salvara. De modo que, odiandome a mí misma por ser tan egoísta, lo decidí, de presentarse la más mínima oportunidad de escapar lo haría, con o sin Eidrén. En este lugar ya no queda nada para mí.
