Dos días, aproximadamente dos días habían pasado desde que descubrí el jardín de laberintos en el que aún no había conseguido entrar ni conseguir mucha información, entrar no era una opción ya que estaba muy bien asegurado, cuidado de extremo a extremo por al menos unos quince hombres, lo que me hacía pensar que si tenía que estar bien cuidado, entonces tendría que haber un punto de escape en ese lugar, ya que si no había nada en él no habría razón para protegerlo tanto.
Por cierto, en estos dos días tuve la suerte de no ver la cara de Catriél, ya que solo verlo o sentirlo era una razón para desear morir. La señora Luz me comentó que cuando el negocio se ponía "pesado" él también, y dedicaba todo su tiempo exclusivamente a trabajar, también me dijo que algo típico de él es que siempre tardaba una semana o menos en resolver todo aquello, y eso fue una increíble noticia, ya que entonces tendría una semana de no verlo y sería como estar en la gloria pero eso también significaba que tenía que apresurar mi plan, el tener que salir de aquí iba a apresurarse y ser mucho más que pronto pues no podía arriesgar el hecho de que Catriél termine antes sus negocios, de ser así, ya no tendría otra oportunidad en quién sabe cuánto tiempo, era en este momento o nunca.
Por otro lado, hablé solo en dos ocasiones con Eidrén, en las cuales pude decirle lo que tenía planeado, en primera instancia se molestó pues me dijo que eso era muy arriesgado, el jardín de laberintos era mucho más grande de lo que pensé, que tomar un mal camino podía significar que me atrapasen y me hicieran Dios sabe qué, pero después de unos momentos, decidió venir conmigo, saber eso fue una paz en mi interior, pues así sentía que no lo estaba traicionando dejándolo atrás. Eidrén dijo que se sabía los caminos, en especial uno de los primeros, pero que al ser el que más se sabía, Catriél no dudaría en ir por ese en cuanto se notase nuestra ausencia, por lo cual tendríamos que tomar el que nunca se había ocupado pues era el más largo, también me dijo que no era solo una entrada, el jardín de laberintos era un complejo hecho por Catriél para tomarlo como ruta de escape si un día las cosas se ponían mal y ya no podía seguir aquí.
Eso quiere decir, que a como tiene muchas entradas también debe de tener muchas salidas que dan a diferentes puntos por todo el bosque.
Ahora era el tercer día, en el cual me dediqué a observar todo con mejor detalle, y al decir todo era absolutamente todo, hasta la más mínima cosa, no podía permitirme pasar por alto ningún detalle.
Aproximadamente a las tres de la tarde, me pecarté que todos los hombres de Catriél hacían un cambio de guardia, es decir, tomaban posiciones distintas, notando esto durante dos días, me di cuenta de que tardaban en hacer este cambio exactamente ocho minutos, minutos que tendría que aprovechar junto con Eidrén para escapar por uno de los caminos. Justo al cuarto día, que era mañana a las tres de la tarde, nos iríamos corriendo hasta uno de los caminos y, si con suerte logramos salir, tendríamos cuatro horas de luz de día para alejarnos lo más posible de este infierno.
Mientras tanto, yo me encontraba en la habitación, preparando todo para mañana, todo esto tenía que salir a la perfección pues no teníamos margen de error.
Después de todo, me sentía muy nerviosa, ni siquiera sabía si todo esto de mi plan funcionaría. Sin poder evitarlo salí de aquella habitación en busca de Eidrén, deseando con todo el alma encontrarlo, caminé por todos y cada uno de los pasillos y al verme sin éxito, me resigné a no encontrarlo, ¿Y si ya le habían matado? ¿Y si ya no volvía a verlo?. Los nervios y ganas de llorar se apoderaron de mi, mis piernas flaqueaban y entonces pegué mi espalda contra la pared, deslizandome con tristeza hasta el suelo donde me senté y abracé mis piernas. Y es que a este punto me importaba una mierda quien me encontrace.
-Hey, ¿Qué haces ahí?- esa voz fue la que hizo volver mi alma al cuerpo, levanté la vista y mi corazón se alegró de inmediato.
-¡Eidrén!- exclamé por lo bajo mientras me paraba y saltaba a sus brazos -creí que te había pasado algo, creí que ya no iba a volver a verte-.
