Allí iba con cautela y una pequeña sonrisa una pelinegra de unos cinco años. Disfrutando del salón de juegos de la hora libre del kinder, viendo cómo la mayoría de niños estaban entretenidos en su propio mundo. Notando la presencia de la maestra ya ausente, demasiado distraída mensajeando desde su IPhone como para mirar a Irene. Al poco rato, la única adulta en aquél salón fue a parar al patio para, al parecer, obtener más privacidad tras recibir una llamada en su móvil.
La sonrisa de la pequeña pelinegra se hizo un poco más grande, estaba aburrida y tenía la vía libre como para hacer lo que quisiera. Aunque, por instinto y rebeldía natural, solía hacer lo que quería aún en presencia de la despistada maestra.
Divisó a uno de sus compañeritos jugando entusiasmado con otro, prestando atención con su mirada a Suho, que luego de un rato, sintió los ojos marrones de la pequeña pelinegra muy atentos a él. El niño le dijo a su amigo que iría a jugar con Irene, el acompañante llamado Taehyung le asintió sin darle importancia y reemplazando a Suho con dos niños más.
—Vamos —antes de que Suho pudiera articular palabra o hacer alguna acción respecto a lo anterior, Irene le tomó del brazo y lo llevó debajo de una de las mesas, las cuales tenían manteles bastante largos a tal punto de llegar al suelo.
La pelinegra con otra sonrisa y sin pizca de maldad, fue a esconderse debajo de la mesa, Suho ya sabiendo de esto, sólo le siguió como siempre. Luego de unos segundos, ambos se encontraban ocultos allí y con algo de "privacidad", sin esperar más tiempo, Irene se acercó al niño y le dio un ligero beso en los labios, notando que el otro niño le seguía el ritmo con torpeza luego de unos segundos. La acción no duró más de tres segundos, Irene le dio una sonrisa y salió de debajo de la mesa, dejando al otro niño allí sin preocupación por ello.
Volvió a mirar alrededor del salón, y pudo notar a Suho salir de debajo de la mesa para correr en dirección a Taehyung y sus otros amigos, volviendo a jugar con ellos. Irene, esta vez, enfocó su mirada al grupo de niñas. Reconoció a Joy que mantenía una sonrisa radiante mientras paseaba con un pequeño cochecito a su muñeca, al lado de ella estaba su tan querida mejor amiga Chaeyoung, le solían decir Rose, le pareció interesante al verla con más detenimiento pero no la capturó por mucho tiempo. Detrás de una cocina de juguete que era del tamaño perfecto para la mayoría de niñas allí, vio a una pequeña niña de cabello castaño. Estaba sola y sostenía un muñeco de Olaf contra su pecho mientras veía jugar a las demás niñas, sin siquiera considerar involucrarse.
Irene caminó hacia ella y notó que no sabía su nombre, nunca la había visto en el salón y le extrañó aquello. Sin dudarlo, le habló mientras se sentaba a su lado.
—Hola —saludó simplemente, mirando con detenimiento a la contraria.
—Hola —un saludo mucho más tímido fue su respuesta, Irene sonrió un poco y curiosa, preguntó:
—¿Eres nueva? Nunca te había visto —la otra niña sólo le asintió con la cabeza.
—Sí, vine ayer. ¿También eres nueva? —le cuestionó de vuelta y Irene rió un poco.
—No, yo vengo aquí desde los cuatro —la pelinegra no tardó en levantar cuatro de sus dedos al mencionarlo—. Ahora tengo cinco —esta vez, agregó un dedo, mostrando toda su palma—. Ayer no vine porque mami y yo nos quedamos dormidas.
—Ah... —la niña de cabello castaño no supo qué más agregar, se quedó callada y por su expresión, fácilmente se podía percibir la timidez natural de la menor.
—Y... ¿Cómo te llamas? Yo soy Irene —se apresuró en presentarse—. Aunque en realidad ése no es mi nombre de verdad, mamá dice que debo aprender a escribir y pronunciar bien mi nombre pero puedo escribirlo, estuve practicando —afirmaba emocionada y sin esperar respuesta, se levantó de golpe y se dispuso a busca una hoja y un lápiz de color rojo ya que fue el primero que vio a su alcance. Corriendo nuevamente hacia la otra niña, se arrodilló frente a ella y empezó a garabatear un poco bajo la atenta mirada de la castaña—. ¿Ves? Ése es mi nombre... creo que lo escribí bien —dudó un poco al volver a mirar la hoja pero le regaló otra sonrisa a la niña de desconocido nombre aún.
—¿Juyun?... ¿Joyun? —la otra niña trataba de leer el nombre con algo de dificultad, rindiéndose después de unos minutos y mirar a la pelinegra—. A mí me dicen Wendy —comentó, volviendo a apretar el peluche del muñeco de nieve en su pecho.
—Me gusta —afirmaba Irene, luego de un rato, decidió dejar la hoja con su nombre escrito a un lado y se aproximó hacia Wendy con una pequeña sonrisa—. Vamos —le dijo de repente, extendió su mano hacia la castaña, quien dudosa tomó de su mano para seguirla después.
Cuando Irene tuvo la mano de Wendy sobre la suya, la llevó en dirección a una de las mesas, la castaña se encontraba confusa. Había visto a la pelinegra entrar debajo de la mesa junto a un niño del cual no recordaba su nombre.
Irene se agachó al llegar a la mesa y le hizo una seña a Wendy para que imitara su acción, con indecisión, la castaña terminó obedeciendo a su silencioso pedido acompañada de su pequeño peluche. Al ingresar ambas debajo de la mesa, Irene le regaló otra sonrisa y se acercó a ella repentinamente, Wendy, mostrándose cada vez más confundida, esperó un poco a que la otra niña le dijera algo. Sin embargo, solo notaba que la pelinegra acortaba la distancia entre ellas cada vez más, logrando hacerle entrar en pánico.
—¿Qué haces? —rápidamente se alejó con su peluche, posicionándose al otro extremo de la mesa.
La pelinegra ladeó ligeramente la cabeza pero le sonrió con emoción.— Voy a darte un beso —dijo con seguridad y sin problemas. La otra niña abrió los ojos con sorpresa.
—Eso es cosa de adultos —musitó con repulsión mientras negaba con la cabeza repetidas veces—. No se hace.
—¿Por qué no? —ahora la pelinegra tenía curiosidad, era la primera vez que alguien se negaba y además, le decía aquéllo.
—Porque no —respondió sin más, como si ésa fuera respuesta suficiente.
—Pero en las historias dicen que es una muestra de amor —Irene puso una mano sobre su mejilla y miró al piso, pensativa. Luego de un rato, miró a Wendy nuevamente y afirmó—: Quiero darte amor.
Por una extraña razón, Wendy sintió felicidad al escuchar eso. Ella quería el amor del que tanto hablaban las historias de princesas, pero entonces, recordó un detalle que le impedía dejar que la otra niña realizara tal acto con ella.
—Pero no eres un príncipe —dijo, haciendo una mueca. Irene se sintió ofendida.
—¿Y? —cuestionó con un tono defensivo— Tú no eres ninguna princesa, somos niñas —la pelinegra explicó con simpleza.
—Igual está mal, tienes que ser un niño —volvía a responder la castaña, Irene frunció un poco el ceño, no entendía la diferencia realmente.
—¿Pero por qué tengo que ser un niño para darte un beso? —el resultado de lo que esperaba de Wendy, le estaba haciendo molestar un poco a la pelinegra. ¿Por qué la evitaba tanto?
La castaña miró al piso, sin saber qué decirle, parecía que no tenía más razones ni impedimentos.
—No sé —admitió luego de unos segundos.
—Solo será un beso, me gusta dar amor —dijo Irene, una sonrisa dulce naciendo de sus labios rojizos. Wendy la miró durante un largo segundo para luego asentir tímidamente.
Cuando parecía que finalmente la castaña había aceptado su pedido, Irene decidió acercarse, aunque en esta ocasión, quiso poner sus manos sobre las mejillas de Wendy, y con una sonrisa ligera se fue guiando hacia los labios de la castaña, no obstante, el llamado de la maestra preguntando por ambas niñas alertó a la castaña.
Con temblor en su cuerpo, y por instinto, apretó su peluche contra su pecho y salió rápidamente de debajo de la mesa, abandonando a una Irene completamente sorprendida por su acción.
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As she pleases ; Wenrene
FanfictionDonde Irene es una niña consentida y se molesta al conocer a Wendy ya que ella parece ser la única que no cumple con sus pedidos. ▪︎Contiene: -Personajes menores de edad. -Descubrimientos "sexuales" a edad temprana. -Historia posiblemente corta...
