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Diego

Vamos camino a la casa, y la Anto está muy rara, en el camino casi ni ha hablado, y lo único a lo que se ha dedicado es a mirar por la ventana.

Sé que algo le pasa, o más bien le preocupa, ya que triste no se ve, está impaciente, pero no quiere decírmelo, y realmente me está preocupando.

Llegamos y el buzón de su casa tenía la cosita roja arriba, ella se pudo pálida y fue a ver.

¿Qué mierda?.

Observé su cara al ver un montón de cartas que ella pasaba como si no le importaran, eran todas de sobres blancos, largas y angostas, pero cuando llegó a un sobre con las mismas características de los que acabo de nombrar solo que este es negro, su rostro palidece. Junta todas las cartas y levanta la vista, ve que la estaba observando, le frunzo el ceño para que vea que lo vi todo, pero simplemente desvía la mira hacia la puerta y camina hacia ella.

La abre con la llave, veo que tiene 3 chapas, frunzo nuevamente el ceño, mientras que el Mateo entra feliz, pero no lo suficiente para poner feliz a la Anto.

Se va a encerrar en el baño, pero yo soy más rápido y la detengo antes de que cierre la puerta.

—Quiero hacer pis, Diego—dijo apurada y nerviosa.

—No, no quieres, porque llevas ese sobre negro que tanto te asusto cuando lo viste afuera—agacha la cabeza.—¿Me vas a decir que está pasando?—pregunté firme.

—Entra—dice luego de unos segundos.

Entro en el baño, y la miro esperando a que me explique, pero no lo hace.

—¿Y bien?—pregunto para que hable.

—He.. he estado recibiendo notas raras, notas las que me dicen cosas desagradables, y en algunas me han amenzado—dice totalmente asustada.

—Dame ese sobre—digo serio extendiendo mi mano hacía ella.

Me pasa el sobre que aun no ha abierto, y lo hago yo rápidamente.

Lo que leo me deja con los pelos de punta.

"El ha vuelto por su hijo, no por ti, bonita ¿Cómo no te das cuenta? El jamás te amo, solo te usó ¿Cómo eres tan ciega? Yo sí te amo, yo sí te merezco, no él. Si decides dejarlo volver a entrar en tu vida, te juro que mi plan será peor y ya no solo irá hacia ti, sino que a tu hijo también, preciosa. Besitos".

Siento la rabia apoderarse de mi, este conchetumare ha estado atormentandola quizás desde hace cuanto tiempo hablando puras weas que no son asunto suyo.

—¿Qué dice?—pregunta con su voz temblorosa.

—¿Segura que quieres leerla?—asiente y le extiendo la nota.

Su cara va de mal en peor, y luego me mira con los ojos cristalinos. Ella es la persona más dulce que he conocido en mi vida, más inocente y buena, y vaya que he conocido gente de mierda a lo largo de mi vida, pero ella es distinta, no le haría daño a nadie, es de esas personas que miras a los ojos, y ves pureza en su esencia.

No entiendo y no me cabe en la cabeza como puede haber alguien que quiera hacerle daño

—Anto, yo volví por ambos, pero más por ti.. —me interrumpe negando con la cabeza.

—Diego, te creo, no hace falta que me lo digas—me mira a los ojos con preocupación.—Lo que me preocupa es mi hijo, no quiero que nada malo le pase, algo le pasa no se que será de mi—dice con la voz quebrada.

—Nuestro hijo—la corrijo.—Y tranquila, nada malo le pasará, te lo prometo—y la abrazo tratando de hacerla sentir protegida.

(***)

Estoy con la Anto y el Mateo en la cocina haciendo la cena, y hace rato no había estado tan feliz.

—Ya po, Diego, hagamos bien el queque—dijo la Anto tratando de dejar de reírse.

Yo intento estar serio, pero no puedo, ver su cara llena de harina es gracioso.

El Mateo nos queda viendo, se ve igual o peor que nosotros, y se caga de la risa.

No puedo evitar reírme también y a los segundos se nos une la Anto.

—Weón, ambos se ven muy graciosos llenos de harina—dice la Anto.

—Y tu, pareces fantasma—me rió.

—Mamá parece un papel higiénico—el Mateo se ríe luego de decir eso.

—Y tu pareces gasparin—contraataca riéndose causando más carcajadas del Mateo.

El le tira más harina a la Anto, y esta abre la boca sorprendida y lo mira indignada.

—Pequeño demonio, no sabes lo que te espera—y le tira más harina y yo me parto de la risa.

—Y tu por reírte te espera el chocolate en polvo—dice la Anto y al segundo me tira el chocolate en polvo.

—No sabes con quién te metiste, Villalobos—y le tiró el azúcar flor.

—Oh ya verás—dice y me tira la leche.

—Mamá, te fuiste al chancho—dice el Mateo con su cara que es muy parecida a la del pikachu.

—Te falta chocolate—diciendo eso le tiro chocolate al Mateo y este se ríe a carcajadas

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—Te falta chocolate—diciendo eso le tiro chocolate al Mateo y este se ríe a carcajadas.

—Parecemos cualquier cosa—dice sin parar de reír.

Nos reímos los tres al mismo tiempo, viendo la cagá que dejamos en la cocina, hasta que sentimos que el ventanal de la sala de estar se rompe en pedazos que caen en el suelo, los tres cambiamos totalmente nuestras caras, y la del Mateo es de susto, me sorprende que no esté llorando para ser un pequeño niño de 4 años.

—Iré a ver yo—digo mirándolos.

—Espera, te acompáñamos, no queremos quedarnos solos—asiento pero ellos van detrás de mi.

Veo que lo que cayó era un ladrillo con una nota pegada en el.

Rápidamente la agarro y veo lo que dice.

"Se creen la familia perfecta, pero no lo son, recuerden que los observo, y sobre todo tú, Antonia, ya se que el lo sabe, y seguramente lo esté leyendo el porque eres tan cobarde que tu no te atreves, les queda poco".

Esto está sobrepasando los limites.

—Llama a la policía, Anto—asiente y saca su celular de su bolsillo mientras se lleva al Mateo a su pieza y yo miro por el ventanal.

¡aweoná, yo aun te amo!. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora