-¡Santísima mierda, Potter!- escuchó a su tío gritar, y cuando menos lo pensó, era sacado a la fuerza y por su oreja de la alacena, no tardó en dar un grito por el dolor en su cuerpo y su oreja.
-¡Se hizo en los pantalones papá!- chilló un niño de su edad, de enormes cachetes y prominente barriga, un cerdo con cabello oscuro, a diferencia del tío Vernon, Dudley había sacado el cabello oscuro de su tía Petunia, y para desgracia de su primo, había sacado el cuerpo de cerdo de su padre.
-¡El olor!- Se asomó Petunia a la alacena, mirando mal a su sobrino, de parte de su "odiosa" hermana; arrugó la nariz y dobló el cuello en dirección a Harry, uno que otro mechón de su incontrolable cabello ocultó la mirada de enojo de su tía, como la típica barra completamente negra que usaban para censurar el rostro de un criminal en los noticieros de los que tanto se quejaba su primo.
Sin dudarlo, su tío Vernon lo sacó a patadas -literalmente- de la casa, dejándolo en el patio trasero y aventando sobre él su cama entera, gritando que lo lavara y que cuando volviera a entrar lo esperaba completamente limpio, probablemente eso incluía a su ropa; por un momento dudó en ir al garage de la casa, donde convenientemente se encontraba una lavadora vieja y pedir a algún vecino un poco de jabón para limpiar su ropa. Tomó sus cosas decidido a hacer lo que le habían ordenado, pero la puerta trasera de la casa se abrió de pronto, levantó la vista confundido ¿lo iban a castigar afuera?
Para su sorpresa, una pequeña serpiente negra con escamas moteadas de color dorado y azul salió zigzagueando de la casa, para después colocarse por su pierna hasta su cuello, posicionando su cabeza junto al oído de Harry.
-Entra, pequeña cría- siseó la serpiente.
Harry parpadeó confundido, pero entró a la casa confiando en la serpiente, miró a los lados, su tío fue el que había abierto la puerta para él, un hilo de saliva salía de su boca, cayendo por su barbilla hasta dirigirse al suelo goteando asquerosamente, Dudley no estaba mejor sentado en la mesa mirando a la nada sosteniendo un tenedor con tocino sin llegar a su boca abierta y Petunia parada atrás de su hijo con un sartén en la mano con algunos trozos de tocino en él, Harry miró a su alrededor, todos veían a la nada, sus ojos vidriosos mostrando ninguna emoción en particular y manteniéndose como feas estatuas vivientes frente a sus ojos.
-¿Qué pasó?- preguntó Harry pasando una mano frente a Dudley, intentando obtener una reacción, sin éxito.
-Creo que quieren disculparse por haber herido a una pequeña cría- siseó la serpiente, inmediatamente los rostros inexpresivos de los Dursley lo miraron asintiendo, creando un coro de "Lo sentimos, pequeña cría" escalofriante, Harry ingenuamente asintió perdonando a sus familiares y yendo a su alacena, algo parecía decirle que algo estaba terriblemente mal, pero otra cosa, mucho más fuerte que la anterior voz en su cabeza se interpuso entre esos pensamientos de sospecha y temor; y decidió hacer caso a la segunda voz en su cabeza se interpuso entre esos pensamientos de sospecha y temor; y decidió hacer caso a la segunda voz, sonriendo entró a la alacena para cambiarse de ropa.
Tocó su costado, las cicatrices de los cortes que su tía Petunia le había propinado cuando se equivocaba al cortar sus gardenias apenas estaban desapareciendo, miró sus piernas, algunos moretones se destacaban en su piel, creando un enorme contraste el morado oscuro y el blanco pálido de muerte que poseía su piel; a veces incluso tenía envidia del tono de piel de su primo, y familia.
Su tono de piel a veces terminaba siendo un problema más que añadir a su lista cuando se trataba de las profesoras entrometidas que se quejaban con el tío Vernon y preguntaban por su palidez, la tía Petunia siempre tenía que sacar una vieja fotografía arrugada y roída por el tiempo que guardaba con disgusto de su familia, los abuelos de Harry, ella y su madre de pequeñas a lado de sus sillas, su hermosa abuela sonriendo a la cámara con unos brillantes ojos café que su tía Petunia había heredado, el único rasgo que las identificaba como madre e hija, pues la alargada nariz de pájaro, cuello delgado y largo como el de una avestruz y desdichadas facciones poco agraciadas habían sido cortesía de su abuelo, un hombre elegante que compensaba su mal ver con un porte digno de cualquier hombre respetable inglés.
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O S C U R O [Tomarry]
Fanfiction-¡La sangre no ha de importar!- el grito de la profesora Trelawney resonó por todo el salón de adivinación en la escuela de magia y hechicería: Hogwarts-. ¡El fénix caerá!- todos dieron un paso atrás y los que estaban sentados se encogieron, nunca h...
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