El verano pasado fue el más emocionante y la vez el mas duro de mi vida. Pero nada comparado con lo que sería este invierno...
Ahora me doy cuenta de que igual, yo no era tan fuerte como creía.
Prohibida la adaptación de esta obra.
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Abby💜
Domingos. Domingos aburridos. Domingos que se hacían eternos. Domingos que me pasaba tumbada en mi cama mirando el techo. Pensando en mil cosas. Eso sí, siempre acompañada por Roma y de mi música. El volumen de mis cascos estaba a lo más alto que mis oídos aguantaban. En ese momento me acompañaba Dua Lipa y su canción IDGAF. Habían pasado dos semanas desde la odiosa cena. Y había dos cosas que no salían de mi cabeza. Una era aquel beso que Aaron le dio a esa imbécil en toda mi cara. Y la otra, las cosas que el malnacido del padre de Aaron me dijo en cuanto me pilló sola.
Salí disparada en cuanto los vi besarse. Maldito seas Aaron Collins una vez más. Una vez más por odiarte y a la vez por saber que no puedo odiarte porque no sabes nada. Fui en busca de aire, porque era algo que en ese momento me faltaba. Era eso o arrastrar a esa tía de ellos pelos por toda la pista.
Me encontré una terraza la cual no había visto antes y agradecí la brisa que corría entonces. Y por desgracia no pude estar todo lo sola que quería.
-Hola, señorita Foster- me saludó el padre de Aaron entrando a la tarraza con las manos en los bolsillos de sus pantalones. Cargando con ese aire de superioridad que le caracterizaba.
-¿Qué quiere?- pregunté directamente, no estaba para tonterías.
-Vaya veo que quiere ir directa al grano-asentí-pues bien, no crea que, porque su madre está ahora liada con uno de los socios, usted va a poder estar con Aaron.
-Deje en paz a mi madre. Ella no tiene nada que ver.
-Es cierto, lo que haga Roger no es asunto mío. Pero le advierto que porque ahora jueguen a ser una familia con dinero voy a aprobar su relación con mi hijo. Se mantendrá alejada como habíamos acordado.
-¿Acordado? Mas bien me amenazó- le corregí.
El soltó una pequeña risita.
-Llámelo como quiera. Delante de él mantendremos un trato cordial. Pero le advierto, no use sus jueguecitos de zorra para llevárselo a su terreno.
-Váyase al infierno- y entonces le escupí. Sí, le escupí en su cara de arrogante.
Cerró los ojos y luego sacó un pañuelo de tela de su bolsillo y se lo pasó por la mejilla para limpiarse.
-No volveré a repetírselo. La vigilo Señorita Foster. Espero que le haya quedado claro. Ya sabe cuáles son las consecuencias.
-Clarísimo señor Collins- dije mirándole con todo el desprecio y asco que sentí en aquel momento.