CAPÍTULO 26

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                                     Abby💜

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                                     Abby💜


¿Mamá? ¿Era la madre de Aaron?... Observé a la mujer que teníamos delante asombrada sin dejar de parpadear, era la misma con la que me había cruzado en el pasillo. Ahora podía ver bien su cara, sus ojos y su cabello, era la misma mujer que vi en la foto que Aaron tenía en su escritorio.
Mi chico era incapaz de pronunciar palabra. Entrelacé mi mano con la suya y apreté para que supiera que estaba allí con él.

-Cariño...- dijo acercándose al rubio y puso una mano en su brazo. Pero él lo apartó como si le quemase su contacto poniendo cara de desconcierto.

-No me toques, no tienes derecho. ¿Dónde coño has estado todo este tiempo?

-Por eso he venido mi amor, vengo a contártelo todo.

-¡Aaron! ¡Esto es un desast...! – gritó Jacob entrando a la sala, pero quedó paralizado al ver a aquella mujer frente a nosotros, ella se giró para mirarlo y el hermano de Aaron endureció el rostro- Mamá...

- ¡¿Qué está pasando?! ¡¿Dónde está la pelea?! – preguntaron los guardias escudriñando la sala. Cuatro tíos de metro noventa.

-Hablad lo que tengáis que hablar con ella, yo me encargo- dije mirando a Aaron, me acerqué a sus labios y le di un beso corto. Él y su hermano salieron del club acompañados de su madre.

-¡Vamos, están en la sala de abajo! – informé a los guardias y les hice un gesto con la mano para que me siguieran.

Entramos de nuevo a aquella jungla porque eso es lo que parecía, la selva con miles de fieras descontroladas. Yo me quedé en el marco de la puerta para evitar que volviesen a pillarme.

Esos tíos tenían tanta fuerza que simplemente con unos pequeños tirones comenzaron a separar a unos de otros, las fierecillas al verlos calmaban su ira y se quedaban quietos.

La mayoría levantaba las manos en son de paz.

-¡Se acabó! ¡Todo el mundo quieto! – gritó uno de ellos a través del micro.

Y así fue, en unos minutos consiguieron apaciguar el ambiente.

Dos horas después...

-¡Au!- se quejó Hanna en cuanto el algodón con alcohol le tocó el labio. Marcus la estaba curando con todo el cuidado que podía tener- Menuda fuerza tiene esa desgraciada, eso sí-levantó el dedo- le he dejado el pelo tan enredado que no habrá otra forma de desenredarlo que metiendo tijeras.

Reí para mis adentros. Ya que Hanna no sabía que ella era la culpable de que yo ya no tuviese mi larga melena.

-Tu al menos no pareces un puto unicornio- dije levantando la bolsa de guisantes que puse sobre mi frente para mostrar mi chichón.

WINTER (Libro 2) COMPLETADonde viven las historias. Descúbrelo ahora