Capítulo 11.

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Eché un vistazo en el espejo, frunciendo el ceño y girándome a los lados un par de veces para verme de cuerpo entero. Era el tercer vestido que me probaba, y aún así no conseguía verme del todo bien, a pesar de lo que pudiera parecer no era una chica a la que le gustara ir de compras, y menos sola, me costaba mucho decidirme, siempre había necesitado una segunda opinión a la hora de la ropa. Por desgracia no tenía a nadie a quien poder contarle todo lo que me estaba pasando, ni siquiera a Cara podía pedirle que me acompañara a elegir el traje de dama de honor para aquella estúpida boda, si alguien se enteraba sería mi fin.

Habían pasado varios días desde mi encuentro con Keira, se me agotaba el tiempo y a pesar de no estar para nada segura de la decisión que había tomado, ya que lo había hecho por un estúpido impulso de orgullo, me consideraba alguien de palabra, si dije que iría, no me quedaba otra que presentarme allí.

Tampoco sabía muy bien que tipo de vestido debía comprarme, no creía que la boda fuera a ser como una de aquellas de punta en blanco que se celebraban en la Abadía de Westminster, pero conociendo a Keira, tampoco sería algo muy desenfadado. Suspiré volviendo a ponerme mi ropa, saliendo del probador y dejando los vestidos en el mostrador. Suficientes tiendas por esa tarde.

Caminé sin rumbo, intentando buscar un lugar en el que pasar algo de tiempo antes de llegar a casa.Últimamente cada vez aguantaba menos la forma de mi padre de defender todo lo que los Green Dragons hacían, no sabía que estaba ocurriéndome, pero estábamos empezando a chocar con cada palabra que nos dirigíamos, no coincidíamos en nada, recordé que Keira empezó de ese modo, unos meses antes de marcharse. Me coloqué las oscuras gafas de sol y decidí caminar hasta Boulevard, me puse los auriculares y puse el modo aleatorio de mi teléfono, dejando que la música acompañara mis pasos.

Llevaba unos días en los que me encontraba algo irascible, yo me consideraba una persona honesta, que odiaba las mentiras, y sentía que estaba engañando a mi madre de la manera más horrible y cruel, ocultándole que había visto a su querida hija, que estaba bien, que iba a casarse y yo iría a aquella celebración. Me costaba conciliar el sueño, hasta comer se me hacía pesado, mi mente cabilaba a ciento ochenta por hora, provocándome una ansiedad como nunca antes había tenido. Por otro lado estaba empezando a emparanoiarme con que alguien conocía mi secreto, caminaba por las calles mirando hacia todos lados, nerviosa, preparada para que en cualquier momento unos Hounds me pillaran y me llevaran ante El Tribunal, en resumidas cuentas, creía estar perdiendo el juicio.

Agradecí que el modo vibración de mi móvil me sacara de aquellos dramáticos, y exasperantes, pensamientos y sonreí con algo de alivio cuando en la pantalla apareció el nombre de Cara y no el de mi padre, recriminándome a gritos que cuando pasaría por casa. Por lo que sin hacerla esperar descolgué el teléfono.

-May ¿qué haces?, ¿estás ocupada? -su voz sonaba llena de energía y algo emocionada.

-Mmm no...de hecho iba a llamarte, estoy por Boulevard iba a tomar algo y... -la sonora y aguda risa de Cara me interrumpió.

-¿En Boulevard? ¡Estoy en el Kanpai! -me alejé un poco el teléfono de la oreja, molesta por el agudo gritito que mi amiga había soltado- Justo iba a decirte si venías, te espero aquí ¿si? ¡hasta ahora! -y sin dejarme acaso contestar colgó.

Alcé una ceja algo extrañada, ¿qué hacía Cara en el Kanpai? la última vez que fuimos allí entró a regañadientes, si era cierto que al final estuvo todo el rato con un chico que parecía gustarle, tal vez ese fuera el motivo de que estuviera en ese lugar.

Cuando llegué al pub pude ver como aún no siendo de noche, ni sábado, estábamos a jueves, la puerta estaba bastante concurrida con su particular gente, observé unos segundos antes de entrar a las personas que se encontraban allí, buscando una cara familiar, al igual que la última vez que estuve, pero no lo encontré entre el gentío, torcí el labio con algo de frustración. Otro caso a tratar era que desde la última vez que había visto al imbécil de Kook, cada vez que veía a alguien moreno y de ropa oscura lo seguía con la mirada, intentando adivinar si era él o no. Entre mi hermana y los malditos Risers al final conseguirían que me encerraran por loca.

Risers. // JK Fanfic.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora