XLVI. Tan destrozada

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Aquel lunes tuvo una exposición oral sobre los diferentes ejemplos de trastornos mentales que habían sido diagnosticados hasta la fecha. Como siempre, no le dio ningún tipo de problemas hablar frente a una cantidad importante de gente, su seguridad allí en medio era de envidiar, al igual que la soltura que la abrazaba en cuanto a la explicación de su discurso.

También el diez redondo que le obsequió la profesora luego de regalarle una enorme sonrisa.

Así que tenía motivos para salir contenta de clase, por lo que llegó al bar con los ojos cargados de brillo y arrastrando los pies con grandes zancadas.

Como todavía eran la una y sus hermanos hasta las tres no saldrían de clase, decidió matar el tiempo de alguna forma ocurriéndosele hacer una visita a María, que trabajaba de mañana ya que libraba en la empresa.

-Buenas tardes— atravesó la puerta con una sonrisa enorme en la cara hasta deslizarse en los taburetes que acompañaban la barra.

-Hola, morena— la imitó su amiga tras salir de detrás del mostrador para darle un beso grande en la mejilla—, ¿cómo tú por aquí? ¿No librabas hoy?— preguntó al tiempo que ocupaba un asiento a su lado, a esas horas no solía haber demasiada gente en el establecimiento salvo algunas personas que decidían tomar algunas cañas.

Abrió la boca para responder, pero un mensaje provocó la iluminación de la pantalla de su móvil, acaparando la atención de ambas muchachas, que desviaron los ojos con rapidez hacia el aparato que había emitido el sonido.

"¿Cómo ha ido esa exposición?"

"Seguro que te has llevado un diez"

"Me apuesto lo que sea"

Después de llevársela de la fiesta de las chicas— teniendo que declinar la persistencia de Carlos por hacerlo él mismo— lo primero que hizo fue hacerla beber mucha agua y darle una ducha con agua sumamente templada que no consiguió quitarle el sueño, por lo que cayó rendida nada más abrazar la almohada.

No habían tocado el tema de lo que había sucedido antes de que la Mari y Julia las interrumpieran, pero suponía que lo había olvidado porque ni siquiera recordaba haber comido algún brownie cuando se lo comentó.

Lo prefirió así.

-Os lleváis genial— la sorprendió María, recordándole inconscientemente que seguía allí—, y pensar que al principio apenas os soportábais— se carcajeó levemente.

-Sí...— afirmó no estando demasiado segura de si debería continuar con aquella conversación, la cara de la madrileña no le transmitía demasiadas buenas vibras— Es que es muy fácil querer a Alba cuando la conoces bien, la verdad— se encogió de hombros restándole importancia.

La sonrisa en el rostro de la rubia se agrandó, pero no perdió toda la esencia dulce que dominaba la mueca suave que había esbozado. La miró con pequeñez, temiendo haber sido más obvia de lo que habría querido con aquel comentario.

-¿Puedo preguntarte algo?— cuestionó su amiga al dejarse caer contra su muslo con una mano.

Tragó saliva y se puso nerviosa, no le gustaba por donde estaban yendo, pero tampoco podía ignorarla o negarle su petición si no quería resultar demasiado obvia, y nunca se le había dado demasiado bien aquello de improvisar para dar una respuesta rápida y salir del apuro.

Asintió muy lentamente, con miedo de lo que sabía que podría llegar a preguntarle.

-¿Tú... sientes algo por Alba?

El movimiento de su garganta al tragar de nuevo provocó un sonido tan fuerte que hubiera podido servir de respuesta a lo que quería saber María. ¿Qué le decía? ¿Le mentía? ¿Podía confiar lo suficientemente en ella como para tener la certeza de que no fuera a decírselo a la de Valencia?

Rapport // AlbaliaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora