|Capítulo 4|

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Un nuevo mes inicia y consigo inicia el terror de los habitantes de Lesminton, me he dado cuenta de que cada mes pasan dos asesinatos, ni más, ni menos. Así que con este nuevo mes todos se dan cuenta de que se vienen dos muertes más, es extraño pensar que a esto se a reducido nuestras vidas, esperar a que un asesino tome a su siguiente víctima y rogar para que esa víctima no seas tu o uno de tus seres queridos y luego cuando se agregan dos inocentes a la lista de asesinatos, los que quedan con vida lloran sus muertes hipócritamente cuando por dentro se sienten feliz de que no hayan sido el siguiente, por esto no asistí a ningún velorio o entierro, solo al de mi madre y al de Amber Beaumont ya que a ella si la conocía y hasta le guardaba un poco de aprecio ya que era la hermana pequeña de Dominick y siempre jugábamos a que éramos una familia y ella era nuestra bebé.

Camino lentamente hacia la plaza del pueblo, retardando esto lo más que pueda, se que es inevitable pero no quiero hacerlo, no entiendo porque mi padre no pudo tomarse el día libre y no trabajar en la mina para venir a hacer esto él mismo.  Pero no, últimamente esta más sumergido en su trabajo que nunca, se que esto es duro y que esta es la forma en la que él afronta el dolor pero me gustaría hacer algo por él, consolarlo aunque mis palabras no la traigan de vuelta tal vez si sabe que yo estaré para escucharlo se le haga mas fácil todo esto.

<Eres una gran persona Alesha, no dejes que nadie cambie eso>

Recuerdo las palabras de mi madre claramente, si ella supiera que en este momento no me siento tan buena persona, quisiera apoyar a mi papá, consolarlo, pero... ¿como lo consuelo? Si yo misma estoy rota, no puedo decirle que todo estará bien cuando ni yo misma me lo creo. Ella siempre había sido la fuerte de los tres y ahora que no está papá y yo tratamos de tomar su papel pero debo admitir que no nos sale muy bien, más de una vez lo e descubierto a mitad de la noche llorando en su habitación, pero se que no quiere que lo vea derrumbarse, se que trata de ser fuerte por mi y lo menos que yo puedo hacer por él es tratar de ser fuerte.

Así que hoy me toca demostrar esa fortaleza poniendo la placa de acero que mandamos a hacer con las letras Beatríz de Adams en ella, desde que comenzaron los asesinatos se creó una especie de "Homenaje" hacia los fallecidos de Lesminton, nunca creí que yo tendría que venir a poner el nombre de mi madre en el, consistía en una columna de concreto bastante larga y ancha posicionada en el centro de la plaza donde colocada de manera ordenada estaban los nombres de las víctimas, uno de los trabajadores del pueblo me sigue a una distancia prudente hasta que me ve dudar y dar un paso hacia atrás.

Siento como mi corazón se aprieta a mi pecho con cada paso que doy como si quisiera salir huyendo y no mirar atrás, necesito calmarme, necesito poder hacer esto, por mi papá, por mí, pero sobre todo por mamá. Su nombre tiene que estar ahí y yo soy la única que puede colocarlo.

Respiro varias veces intentando calmar mi acelerada respiración, camino un paso a la vez con calma, tomándome todo el tiempo que pueda, se que tengo que hacer esto rápido para poder irme y estar sola pero me es imposible, cada vez que estoy más cerca de la columna, cada vez que me doy cuenta que todas las personas del pueblo están en este lugar mirándome siento como me cuesta respirar y se que en cualquier momento podría salir corriendo, por eso intento desesperadamente buscar consuelo en alguien o fijarme en algo que no sea en toda la gente mirándome mientras esperan que yo coloque el nombre de mi madre en la columna.

Se que en estos momentos lo que debería estar sintiendo es tristeza, miedo, dolor pero todo eso ha sido reemplazado por un odio terrible, odio hacia todas esas personas que están a mi alrededor disfrutando de mi dolor, odio hacia mi padre por no estar aquí conmigo en este momento pero sobretodo odio hacia la persona que hizo todo esto, al asesino que mato cruelmente a mi madre y a las anteriores víctimas, nuestras vidas eran las mejores hasta que él comenzó con su cruel juego de tener afortunados. ¿Para qué? No lo sé, pero lo averiguaré, juro que lo haré así tenga que luego matarlo con mis propias manos, pero lo encontraré, encontraré al asesino y lo haré pagar por todo el daño que comenzó a hacer en el pueblo desde que Amber Beaumont se convirtió en la primera afortunada.

Llego hasta el centro de la plaza, justo en frente de la columna y comienzo a detallar los siete nombres que están colocados en orden, cada placa contiene los nombres de cada víctima, incluso el día en que murieron y una corta frase de despedida.

Giro mi vista justo cuando el alguacil se acerca hacia mi con una caja pequeña entre sus manos color negra, me mira con dulzura y tristeza, sus ojos se ven agotados, su expresión es de un hombre que ha pasado varias noches en vela, a parte de los familiares de las víctimas él es una de las pocas personas que ha sufrido por las muertes, al ser el alguacil del pueblo conocía perfectamente a cada víctima y sus familiares y agregándole el hecho de que tiene el gran peso en sus hombros de conseguir al asesino antes de que el número de víctimas aumente. No es nada fácil su trabajo y llevar toda la carga que lleva, supongo que por eso sus expresiones son de agotamiento.

El alguacil me extiende la pequeña caja y con manos temblorosas la abro para ver en su interior la placa de acero con el nombre de mi madre, el material es un poco pesado pero aún así la placa es pequeña, cabe completamente en mi mano, la sostengo y miro detalladamente, tiene cinco puntas en forma de estrella, leo en voz baja lo que dice:

Beatríz de Adams (+20/01/2020)
Madre, esposa, compañera. Admirada por todos.

Una lágrima cae por mi mejilla y rápidamente la borro, no quiero verme tan vulnerable en frente de todos, necesito demostrar fortaleza aunque en realidad no la tenga.

Le devuelvo la caja al alguacil y sostengo entre mis dos manos la placa, la llevo en alto hasta la columna y la dejo en el lugar que le corresponde estar sujetada por un clavo. Me alejo para dejarle paso al trabajador que minutos antes me seguía, se posiciona frente a la columna y comienza a taladrar las esquinas de la placa hasta que queda satisfecho y seguro de que la placa no se caerá. Se aleja y yo vuelvo a posicionarme en frente de la columna, paso mis dedos por la placa sintiendo el acero y las marcas de las palabras, suelto un suspiro y me despido de ella.

Esta será la ultima despedida.

Esta será nuestro ultimo adiós, mamá...


***

¡Hola, Afortunad@s!

Creo sin duda alguna que este ha sido uno de los capítulos más emotivos hasta ahora o bueno uno de tantos, pero siento que lo es porque ya Alesha esta aceptando que su madre ya no esta, así que de ahora en adelante se viene lo bueno y si quieres llorar por Alesha hazlo, nosotras también lo haremos :( 


Los queremos <3 

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Los queremos <3 

Asesinato Número 8Donde viven las historias. Descúbrelo ahora