No era sorpresa que, tras una ajetreada noche anterior, Scheta tuviera dolor en todo su cuerpo, doliéndose bastante al alzar un brazo o cargar una cosa pequeña, como lo sería una charola.
Pobre de ella, ya que le tocó llevar el desayuno a la cama de Yuuki, quien seguía en cama, a pesar de ya no sentirse mal. Quinella prefería extremar todas las precauciones posibles en cuanto al cuidado de su amada hija menor se refería.
Asuna y Kirito desayunaban juntos, de manera un poco más privada. Quinella seguía en la cama con Yuuki, pero ella dormía a la vez que su hija la veía con una curiosidad gatuna.
Quería despertarla para tener a alguien con quien platicar...pero era la peor de las ideas. Su madre tenía la mala costumbre de ponerse de pésimo humor cuando no se despertaba de forma natural, por lo que era mejor guardar precauciones en ese aspecto.
Regresando con los dos medio enamorados, al ser una parte la enamorada y la otra la desencantada, bebían jugo de naranja en copas, una taza de chocolate caliente y tostadas con salmón ahumado.
No sería un desayuno precisamente ligero, pero es lo que había para los de dinero. Para el proletariado, era una pieza de bollería, café y chocolate. Sería menos de lo justo y necesario.
-Kirito, no sé si te molestaría que demos una vuelta por el jardín cuando acabemos el desayuno.
-Encantado. –Sonrió él, regresando a su desayuno de forma inmediata. –Últimamente ha hecho un frío endemoniado, no sé si a tu madre le molestara que un día, y para probar, durmiéramos juntos.
-Se excusaría diciendo que hay chimeneas. –Suspiró Stacia. –No sería mala idea...aunque podríamos hacerlo en secreto. –Lo último fue dicho en un susurró que devino en una risita.
Ya por mera experiencia, el barón Kirito sabía a qué hora era la mejor para andar a hurtadillas en el palacio, que trucos se tenían que realizar para no hacer ruido alguno, y como abrir una puerta sin ser escuchado en lo más mínimo.
Era un secreto dentro de otro secreto. Durante la mañana, en el desayuno, Alice ponía mantequilla en la bisagra de la puerta para que no sonara en la noche al ser abierta.
La habitación de los invitados quedaba relativamente lejana a las demás, por lo que, y bajo el cuidado de Klein, Kirito y Alice podían verse y charlar un poco en las noches. Era mejor arriesgarse un poco a morir de frío en el bosque.
Eran leves susurros bajo la luz de una vela pequeña, así que no había pierde. Curiosamente, casi no hablaban, se besaban más que nada, por lo que no hacía falta más capricho.
Aquel truco podía ser aplicado con Stacia para que ella no empezara a notar un distanciamiento. Si bien su presencia no le era para nada molesta al barón, no era precisamente la compañía que deseaba.
Jugar dos cartas a la vez es algo, ciertamente, muy arriesgado, pero teniendo un poco de talento, nada puede resultar mal.
Acabando el desayuno, ambos se alistaron para salir a dar el paseo, que era la única actividad que tenían, aunque no les era aburrido a pesar de practicarlo casi todos los días. De veces se iban al bosque, pero no les daba muy buena espina, por cualquier animal que pudiera atravesarse en el camino.
Stacia vestía un gran sombrero, teniendo varias plumas de colores que iban desde el verde turquesa hasta el azul rey. Las plumas eran de pavorreal, teniendo un tamaño considerable.
Levantaba un poco su vestido para no ensuciárselo con la tierra que pudiera haber, por lo que Kirito la tomaba del brazo para que ella no cayera. Él usaba su gorro militar, que le era bastante apreciado.
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Sword Art Online: Palacio Noir et Blanc (Kirialice)
FanfictionCorre el año 1870. La dueña del palacio Noir et blanc, Quinella-Sama, invitó al noble prusiano Kirito a casarse con su hija: Stacia. No obstante, al día siguiente de su llegada, estalla la guerra Franco-Prusiana, por lo que Kirito se ve obligado a...
