En camino.

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Capitulo II.

La noche transcurrió fría en el palacio. El desazonado silencio hacia retumbar con escándalo el caminar intranquilo de las botas del Rey.
Estando muy cerca de su habitación, fue capaz a escuchar a Legolas susurrando (Pues su dormitorio y el de su hijo estaban apenas separados por una puerta) y guiado por la curiosidad decidió (y muy en silencio) empujar ligeramente la puerta, de modo que solo sus ojos pudieran enterarse de lo que pasaba.

"Fuiste un tonto, Legolas. Te decidiste a entrar y metiste la pata"

Pudo escuchar al mirar dentro de la gran habitación y, con sorpresa, miró al príncipe con las rodillas en el suelo y la cara hundida en las sábanas blancas.

"Avergonzaste a Padre frente a todos..." Se dijo.

Algunas lágrimas le resbalaron traviesamente de los ojos y le nublaron la vista. cada vez le costaba más trabajo la difícil tarea de mantenerse en silencio, pues su respiración iba necesitando cada vez más esfuerzo para no sentirse pesada en el pecho.

Thranduil lo escuchaba con gran pesar. Recargó la frente en la puerta, cerró los ojos y suspiró profundamente. Después de un rato, se decidió a entrar.

-Perdóname -dijo- si he escuchado de lo que hablabas. No pretendo perturbar la privacidad de tus sentimientos de ninguna manera, pero lo que has dicho me parece bastante serio.

Legolas miró a la puerta con sorpresa, encontrando a su padre con apariencia magistral y benevolente, que se dirigía a la cama en donde él estaba reposando.

-Siéntate a mi lado - le dijo- Escúchame una cosa. Tú no eres, ni serás nunca motivo de deshonra para mí. Tú eres mi mayor orgullo y mi más grande tesoro.
El palacio, los sirvientes, el trono, no significan nada si tú no estás ahí ¿Lo comprendes?
Me gustaría hacerte entender que mantenerte a salvo es para mí la tarea más importante.

No confío en los enanos, mucho menos en la Estirpe de Thror de las montañas nubladas. Son gente traicionera y peligrosa que venderían a su más fiel amigo por unas monedas de oro, por eso tuve que reaccionar de la manera en que ocurrieron las cosas, y te pido disculpas si te hice sentir mal. Tenía que protegerte, mi pequeño muchacho -Le dijo pasándole delicadamente la mano por el rostro- Pero ahora no debes temer y tampoco yo he de hacerlo. Tu padre jamás se ha doblegado ante los traidores y los enemigos, Tendrían que pasar sobre mí y sobre toda mi tropa para ponerte una mano encima -Lo dijo para animarlo y mostrarle que no estaba asustado, aunque de verdad lo estuviera, Rey de los elfos y todo.

-Ahora no llores más. Te amo con todo mi corazón, Legolas. Algo así de grande -Le dijo abriendo los brazos, haciendo sonreír a Legolas.

-Yo también te amo, padre... Algo así de grande -Respondió imitandolo.

- Si ambos tenemos los brazos en esta posición... ¿Sabes lo que eso significa?

-¿Es algo malo? —preguntó angustiado.

-Para nada —Respondio entre una pequeña risa—Tendrás que darme un abrazo. Es una tradición

-¡Mentiroso!—dijo sonriendo y abalanzándose a los brazos de su padre.

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El REY EN EL BOSQUEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora