16. Digimoneses y pokamions

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Lunes 30 de marzo de 2020

Primera quincena


Parece mentira que ya hayan pasado quince días desde que se puso en marcha el estado de alarma. Y aún quedan otros doce, como mínimo.

No os voy a mentir: se me ha pasado el tiempo volando. Salvo contadísimas ocasiones de estrés (provocado por ciertos progenitores que se les da regular lo de estar en casa), no he sentido la necesidad de salir a la calle, ni he echado de menos relacionarme con nadie. A ver, dicho así suena bastante feo... Bueno, vale, es feo, pero qué le vamos a hacer. Si queréis os lloriqueo un poco sobre lo mucho que anhelo el gentío apretujado, la dulce risa de los niños tocando los huevos con la pelotita... Pero entonces pecaría de deshonesto, y esta relación asimétrica que hemos establecido en forma de diario no va de mentir. Joder, creo que me estoy convirtiendo en un misántropo huraño irreversible. Más de lo que ya era, quiero decir.

En fin, aquí cada uno tiene lo suyo. Por ejemplo, los padres de mis vecinos deben de compartir material genético. Es solo una hipótesis, claro, aunque el nivel de estupidez que están manifestando solo puede atender a una aberración cromosómica del más alto nivel. Eso, o chupan muchos candados y se les han frito las conexiones neuronales. ¿Os creéis que en plena cuarentena, dos vecinos se han venido del pueblo más cercano a mi urbanización? Porque, claro, lo de no salir de casa es solo si no eres tonto... Os dejo a vosotros sacar las conclusiones. ¡Ah! Eso sí, son los primeros que han salido aplaudiendo a las 20:00, porque no son unos irresponsables e incongruentes de mierda. Qué va...

Y ahora salgo yo con las pinzas del hielo y los despellejo vivos, y todavía soy el malo. En serio, si con lo que estoy viendo estos días consigo mantener la calma y no asesinar a ningún vecino hasta que concluya la cuarentena, que Buda me vaya puliendo el trono de oro porque me lo he ganado a pulso.

Retomando el tema, ya hemos pasado el ecuador del encierro y aún queda mucho esfuerzo por hacer. Sin embargo, lo más difícil está por venir. En cuanto al virus, no creo que desde el gobierno sean tan irresponsables y descerebrados de abrir la veda y dejar que una marabunta ansiosa de gente colapse los espacios públicos. Porque el virus no va a desaparecer como por arte de magia, y si no se extreman precauciones, es endiabladamente sencillo retroceder a la casilla de salida. Y hablo del gobierno porque de la gente me fío más bien poco. Si es con prohibiciones y se las pasan por el forro de los huevos, imaginaos sin ellas...

De todos modos, lo que más me intriga ya no es tanto lo estrechamente relacionado con el virus y los contagios, sino cómo vamos a gestionar la situación una vez finalice la cuarentena. Quiero decir, es bastante obvio que se ha producido un punto de inflexión en el normal transcurso de las vidas de las personas, un antes y un después que no podemos ignorar. No todos los días se aísla la gran mayoría de la población durante un mes, ¿no? Y ha resultado que los sectores laborales peor considerados, los que tienen una remuneración y un reconocimiento social más bajo son los que están salvándonos el culo, los que están jugándosela por el resto.

Ante todo ello, la cuestión que me hago es: ¿este trance servirá para hacernos mejorar como especie y como individuos, para reconectar con lo que hemos descuidado deliberadamente y darnos cuenta de que debemos virar el rumbo que lleva este barco sin timonel? ¿Nos hará cambiar nuestra actitud frente a problemáticas mundiales como el cambio climático, la desigualdad, la pobreza o la hambruna? O, por el contrario, ¿tras unos meses de readaptación, haremos ojos ciegos y cometeremos el error de seguir como si nada? Todas esas muestras de afecto y ánimo que la gente sigue empeñada en demostrar (y que a mí tanto me repatean el culo), ¿serán fruto de un cambio de mentalidad en las personas? ¿O en el fondo no es más que una expresión egoísta del miedo cerval a morir por un virus que no entiende de estatus social, etnia ni convicciones políticas o religiosas?

Supongo que, como todo en esta vida, el tiempo dirá. Eso si no resulta ser una invasión extraterrestre y acabamos esclavizados como la especie inferior que somos, claro. Justo como el episodio de los Simpson, sí. Qué fantasía...

Y, hablando de fantasía, con lo que aprovecho para cambiar radicalmente de tema, ¡hoy es el veinte cumpleaños de Digimon! Al menos del estreno del primer episodio en España. Es más, Loulogio, un conocido creador de contenido (famoso por «la batamanta», entre otros vídeos) había propuesto por Twitter una quedada masiva a las 14:00 para entonar como alma que lleva el diablo la canción introductoria del anime, cada uno desde su respectivo balcón, obviamente.

Confieso que me sé la canción de memoria, porque soy bastante friki, qué le vamos a hacer. Sin embargo, me enteré tarde del evento, así que... shit happens. Y también confieso que tiendo a mezclarla con la intro de Friends (I'll be there for you, de The Rembrandts) no preguntéis... A veces mi cabeza hila melodías o frases sin ninguna explicación. Ya os avisé que estoy regular de la cabeza.

En todo caso, nunca he sido muy fan de Digimon, la verdad. Creo que habré visto capítulos sueltos, más porque no había otra cosa que ver que por interés propio. ¡Unpopular opinión alert! Desde su estreno me pareció una copia cutre de Pokémon, y me cabreaba que la gente no solo no se diera cuenta de que hasta el nombre de la serie y las evoluciones de los seres eran muy similares, sino que les diera igual o les pareciera mejor. Con el tiempo supe que su historia y personajes eran muchísimo más profundos y con mayor mensaje que Pokémon, cuya trama consiste, básicamente, en esclavizar, aprisionar criaturas en contra de su voluntad y hacerlas combatir entre ellas para satisfacer el ego de los humanos. Vaya, un reflejo fidedigno de lo que hacemos con los animales en nuestro mundo. En fin, que era joven y estúpido.

A día de hoy no he visto la serie completa, y aun así sigo desentonando la melodía como un puto desgraciado. Pero, digáis lo que digáis, Pokachu es tan adorable que dan ganas de asfixiarlo. Con las manos. Y una sonrisa.

Bona nit.

Diario de una cuarentenaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora