25. Se nos comen las mierdas

46 8 33
                                        

Miércoles 8 de abril de 2020

Testículos de mapache


Supongo que llegados a este punto de la curiosa y asimétrica relación a distancia que hemos establecido, algunos seguiréis pensando que me invento las anécdotas que os cuento para generar risa fácil; o, en el mejor de los casos, que las edulcoro lo suficiente como para que os reviente el páncreas y dé un subidón de insulina. Y no os culpo. ¿Que me gusta más una performance que a mi pájaro el centrifugado de la lavadora? Pues sí. ¿Que soy un rato exagerado y de tanto en tanto me pega chispazos la cabeza? Pues también.

Demasiado pacientes sois, también os digo. Si yo estuviera en vuestro lugar, ajeno a mi vida, y leyera semejantes disparates en una plataforma que ya de por sí tiende al absurdo (en el mejor de los sentidos), llamaría a Green Peace para que me dispararan un dardo tranquilizante y me devolvieran a mi planeta con el resto de mi especie.

Me podéis creer, o no, cuando os digo que nada me gustaría más que poder revelar que todo es una patraña para entretener; que no tengo vecinos tocapelotas, que en España estamos llevando la cuarentena de forma ejemplar y que cada vez que como el pan que venden en el súper de mi urbanización paladeo el adictivo sabor del éxtasis (bueno, ahora ya no porque tengo mis bollitos caseros). Pero por desgracia no es así, ni creo que exista realidad alternativa posible en la que esa bazofia incomible que vende el soplagaitas del súper se la pueda considerar siquiera alimento, que ya no pan.

¿Que esto a qué viene? Pues viene a raíz de una noticia que leí anoche, relativa al municipio donde vivo. En ella se avisaba a la población de que el gobierno va a enviar al ejército para controlar que no haya gente de otras provincias saltándose la cuarentena y campando a sus anchas, poniendo especial énfasis en los lugares más conflictivos, como las playas o las áreas residenciales con mayor flujo de turistas. Y, ¿a que no adivináis qué urbanización, entre otras, está en el punto de mira? ¡Correcto, la mía! Bueno, mi urbanización y el resto de esta zona... Si cuando yo os digo que aquí hay una confluencia supermasiva de energías muy chungas, a modo de agujero negro de mal karma, que atrae a lo peor de lo peor, no es porque me dé la gana, que también. Conque, si veis que un día dejo de subir capítulos, a lo mejor es que me han metido en la cárcel por ir a tirar la basura con la bata y los rulos puestos.

Y, hablando de basura (admirad mi capacidad para hilar temas), también leí que se ha incrementado de manera alarmante el número de cacas de perro en las calles. Porque, claro, si nadie puede salir, ¿para qué voy a molestarme en recoger los excrementos de mi mascota? Si, total, no se van a dar cuenta... ¿De verdad estamos llegando a ese punto de miseria humana? Pero, ¿qué cojones nos pasa en la cabeza? ¿Es que si no tenemos constantemente un policía echándonos el aliento en la nuca y amenazando con darnos con la porra, se nos olvida lo más básico? Por todos los puñeteros dioses del panteón griego, ¡que eso es de primero de civismo! ¿Qué va a ser lo próximo, lanzar las bolsas de basura por el balcón para ver si acertamos? ¿Volver a entonar el «agua va» y vaciar los orinales por las ventanas? Que, puestos a hacer el gilipollas, no me extrañaría que lo llevaran a la práctica en breve.

Joder, acabo de salir a recoger la ropa tendida y se me han puesto a aplaudir. Yo entiendo que nunca hayan visto una forma tan perfecta y ordenada de colocar pinzas en lugares idóneos para no dejar marcas, pero de ahí a que eso merezca tan efusivo reconocimiento... No, ahora en serio, estoy de los palmeros y sus palmas hasta los mismísimos huevos. Coño, es que ya aplauden a carcajada limpia y haciendo ritmos. No sé, se creerán cantaores flamencos o algo los muy subnormales. A esto mismo me refería a la pérdida de significado de los actos simbólicos cuando se perpetúan demasiado en el tiempo. Que si a eso le sumas la evidente ausencia de neuronas de mis vecinos... Pues eso, un circo de los horrores.

Yo por lo pronto me he cortado el pelo y las barbas, que ya me costaba diferenciar dónde empezaba uno y dónde terminaba la otra. Y por aquello de mis propios padres dejaran de ponerme cacahuetes en la puerta de la habitación como indirecta.

Poco más tengo que compartir hoy con vosotros. Que he visto Pompoko, en Netflix y sigo queriendo hacer monas de pascua. La peli, del Studio Ghibli, va sobre unos mapaches con los testículos grotescamente grandes que luchan contra el implacable avance de los humanos. A pesar de ser algo extraña y resultarme un poquito larga, la crítica nada sutil al modus operandi habitual del ser humano merece mucho la pena. En cuanto a las monas, para animal peludo y gritón ya estoy yo, qué queréis que os diga. Aun así, si consigo harina de fuerza lo mismo os sorprendo con otra de mis elaboraciones. Pero sin presiones, ¿eh? Que renegar de la vida ocupa buena parte de mi día y... prioridades.

Toca seguir cuidándose y aguantar, que tampoco queda otra.

Besis. 

Diario de una cuarentenaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora