IV

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Pensilvania estaba a nada de quedar atrás, una parada era necesaria, pues habían logrado distraer el estómago con barritas de cereal y algún que otro snack, pero no sería un engaño que fuera a durar demasiado, tampoco tenía razón de ser.

Estacionado el coche frente a un local de comida, solo con la cartera de Lena en poder, descienden del coche, ambos pares de piernas lo agradecen y aprovechan para estirarse, no lo suficiente dado que el camino hacia la puerta del local es corto y casi sin darse cuenta, pronto están sentadas frente a frente.

El local estaba prácticamente vacío, de no tener en cuenta la hora que era, podrían dudar de la comida que se servía, pero eran las 3:34 p.m. un poco tarde para almorzar, demasiado temprano para cenar. Bueno, eran ahora residentes de cirugía, sus horarios no eran los más normales y de todas formas, estaban de vacaciones, ¿qué más daba?

No había mucho para escoger a esa hora, pero una de ellas tenía prácticamente dibujada una sonrisa de oreja a oreja, pues su comida favorita si estaba disponible y su novia aceptó comer lo mismo que ella, una hamburguesa y patatas fritas. Seguramente la encargada de escoger la cena sería Julia, algo más saludable, podría soportarlo.

—¿Qué? —indaga al percatarse de la azulina mirada sobre ella, ya con ambos platos sobre la mesa y sus patatas saladas a gusto.

—Nada —niega con suavidad.

—Julia.

—¿Qué?

—¿Vas a comer o solo mirarme? —y los azules de Julia la abandonan, centrándose ahora en la hamburguesa, el movimiento del cuchillo manipulado por su diestra, cortándola en dos—. No me malinterpretes, me encanta cuando me miras así. También nace el impulso de romper toda distancia y llenarte de besos —concede en apenas un murmullo, aunque no hubiera nadie tan cerca de ellas como para oírlas.

—A veces olvido lo sencillo que es hacerte feliz —porque la pelirroja era bastante sencilla, disfrutaba de cosas simples, con alma de niña aunque se expresara como una descarada.

—Voy a recordarte esa frase durante lo que resta de viaje, cuando quieras lanzarme por la ventanilla —bromea, llevándose una patata a la boca.

—No soy quien quiere aventar cosas por la ventanilla.

—Bueno, apenas llevamos seis horas de viaje, quedan más de treinta.

—¿Ahora te preocupa? —indaga sintiéndose confusa, pues quien tuvo la idea de hacer el viaje en coche, con ilusión, bien recordaba, fue precisamente la pelirroja.

—No, bueno —libera un suspiro, duda de que sea el momento adecuado para traer aquello a cuento, pero ya lo había hecho—, cuando le conté a Natalie del viaje me hizo pensar en cosas que no había considerado.

—Sin desear que el tardío almuerzo se enfríe y aprovechando que la pelirroja habla, da un mordisco a la media hamburguesa. Luego de tragar y sin obtener más detalles de parte de Lena, se ve en la necesidad de indagar—. ¿Cosas, qué cosas?

—Vivimos, trabajamos juntas, pero no compartimos mucho tiempo, últimamente —y no que sintiera a su morena como una desconocida. Estúpida Natalie. No, la culpa era de ella por dejar que sus palabras le afectaran.

—¿No se trata justamente de eso?, ¿aprovechar de pasar tiempo juntas ahora que podemos?

—Sí, pero es un viaje en coche, bastante largo.

—¿Y? —vale, el almuerzo estaba en segundo plano ahora. Lena no le daba nueva información y ella no lograba comprender su punto.

—Si hay una pelea, no es como si puedas alejarte. A menos que alguna se lance del coche —intenta bromear, aunque ni a ella le causan gracia sus palabras.

Don't forget.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora