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Shu soltó un gran suspiro cuando logró entrar en el edificio de la empresa y salir ileso. Algunos de los trabajadores lo miraron a él, luego a la marabunta de periodistas que seguían haciendo fotos a través de los cristales y hacían el esfuerzo por entrar. Otros, simplemente siguieron trabajando, acostumbrados a esa situación.

Soltó un bufido mientras iba de camino al ascensor. Pero esta vez no estaba solo, ya que una de las secretarias tenía que subir y aprovechó para entrar con él.

No dijo nada, simplemente revisó su teléfono. Tenía un mensaje de su chófer. Al parecer, había conseguido volver. Eso lo aliviaba. Shu tenía que admitir que, aunque seguía siendo un poco serio, a ese hombre le tenía respeto y cierto cariño. Tal vez porque también fue el chófer de su padre y lo conocía desde pequeño. O también porque era su única forma de poder salir del trabajo y airearse. Además, era un hombre amable que calmaba a cualquiera con su presencia.

--- Señor Sakamaki ---la voz de la secretaria lo sacó de sus pensamientos. La mujer se achicó al ver la mirada fría de su jefe, apretando con más fuerza los papeles que sostenía entre sus brazos---. S-Su padre le está esperando en su despacho.

Shu sintió que el mundo se le caía encima. ¿Su padre? ¿Por qué estaría aquí? Es decir, él solo venía una o dos veces al mes, siempre a partir de la segunda quincena. Si venía cualquier otro día, eso significaba que las cosas iban mal en la empresa.

Pero eso no podía ser, ¡todo iba perfectamente y mejor que nunca! ¿Cómo no iba a ir bien si se la pasaba horas, incluso días, encerrado en su despacho trabajando?

Asintió con la cabeza, mirando al frente. En lo que restó de camino hasta llegar al último piso, ninguno de los dos dijo nada.

Cuando las puertas se abrieron, cada uno emprendió su rumbo. Shu fue a su despacho, sintiéndose nervioso por un momento antes de abrir la puerta, pero al final lo hizo. Se encontró con la imagen, desagradable a su parecer, de su padre sentado en su silla. Cerró la puerta tras de sí, acercándose.

Karl sonrió---. Hijo, que alegría verte.

--- ¿Qué quieres y qué haces sentado en mi silla?

Una pequeña risa salió de los labios del albino---. No te pongas a la defensiva, no vine por nada malo. De hecho, tus hermanos me comentaron que las cosas están mejor que nunca. Solo quería hablar de un asunto contigo, ¿por qué no tomas asiento? ---le señaló las dos sillas que había enfrente.

Shu bufó, haciendo caso a regañadientes. Se sentó de manera desganada, casi dejándose caer en la silla--- ¿Entonces qué quieres? ---chasqueó la lengua con molestia al notar como la sonrisa seguía presente en su rostro.

--- Bueno, me enteré que rechazaste a la última chica que te presenté.

Frunció el ceño. Así que se trataba de eso---. No me gusta ninguna de las chicas que me presentas.

Desde que su padre quiso comprometerlo con alguna joven que fuese hija de un empresario importante, Shu había tenido que conocer a muchas chicas. Pero todas eran igual. Estaba claro que era un compromiso por conveniencia, solo para beneficiar a ambas empresas. Se notaba el interés. Aunque también muchas jóvenes caían rendidas ante los encantos del rubio, pero obvio que solo por el físico, Shu no trataba bien a nadie.

--- Ya lo he notado. Parece ser que no puedo provocar interés en ti por alguien de tu clase. . . Bueno, ¿y qué tal alguien de clase baja?

--- ¿Perdón? ---Shu parpadeó perplejo--- ¿Qué beneficio tendría que estuviera con alguien que no tenga dinero? ¿No se supone que el compromiso debe darnos más fortuna?

𝐄𝐗𝐓𝐑𝐀𝐎𝐑𝐃𝐈𝐍𝐀𝐑𝐘 𝐘𝐎𝐔 ━ 𝐒𝐡𝐮 𝐒𝐚𝐤𝐚𝐦𝐚𝐤𝐢 ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora