Pequeña Fiera

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Efraín

-Oye hermano ¿Hoy usarás el auto? -Que diga que no, por favor.

-Ajá ¿Por qué?

-Es sólo que quería salir con Priscilla, pero no te preocupes, tomaré el transporte público.

-¿Cómo están los mellizos más bellos de tía? -Mi hermano y yo reímos, al parecer mi tía no aceptaba que ya no éramos unos niños - Ay pero que arreglados están, apenas tienen un día aquí y no quieren pasar tiempo con su tía.

-No digas éso tía, sabes que te amamos -Me acerqué a ella para darle un abrazo y me fijé en la hora, si quería llegar antes que Priscilla saliera de clases tenía que irme ya- Pero ya tengo que irme.

-Está bien, te me cuidas mucho. Y espero que Priscilla venga a visitarnos pronto.

***

Entré a la Universidad sin saber exactamente dónde podría encontrarla, pero afortunadamente la vi caminando al lado de una chica, si no me equivoco estaba en su fiesta de cumpleaños.

-Hola -Dije algo dudoso ya que no me sabía su nombre.

-Janet, se llama Janet -Aclaró Priscilla.

-Un gusto, Efraín- Nos saludamos con un apretón de manos- Disculpen, pero tengo que irme.

-¿No quieres que te lleve? -Vi como Priscilla se acercó a ella pero su amiga negó.

-No, está bien. Tengo que ir a hacer algunas cosas. Nos vemos. -Se dieron un abrazo y desapareció de nuestro campo de visión. Al voltear la vista vi a Priscilla con los ojos entrecerrados y los brazos cruzados, además tenía la cabeza inclinada.

-¿Qué pasó, hice algo malo? -Tenía que admitir que me causaba algo de gracia verla así, pero intentaría reprimir la risa.

-No, nada -Ahora levantó un ceja y luego la escuché murmurar mientras caminaba lentamente - Un "Hola Priscilla" no le haría daño- Con qué era éso. No pude contenerme más y me eché a reír, me di cuenta de que no debí hacerlo cuándo la vi con la boca entreabierta. Ella solía ser muy expresiva en ocasiones- Ja, ahora se está riendo. Ya verás.

Al ver su mirada me eché a correr y ella iba detrás de mí gritándome cosas. Como extrañaba éstos momentos. Cuándo ya iba muy cerca de mi la tomé suavemente por los brazos.

-Hola pequeña fiera -Susurré en su oído y le di un beso en la mejilla.

-Hola chico que no saluda a quién es su supuesta mejor amiga y... -La sonrisa que tenía se cambió por una expresión de vergüenza. La abracé, se veía tan tierna cuándo se avergonzada.

-Si no te conociera tan bien creería que eres simplemente dramática y que no lo haces por molestarme.

-Sabes que es algo que me encanta hacer -Me guiñó un ojo- ¿Nos vamos?

-Em, bueno. Iba a venir en el auto de mi tía pero Esteban se me adelantó. -Dije rascandome la nuca y ella rió.

-No te preocupes bobito, tengo auto. Vamos -¿Qué? Me guió hasta el estacionamiento y vi que se paró en frente de un auto negro- ¿Qué esperas? Sube.

-¿Y si nos matas? -Dije entrando.

-Admito que no tengo tanto tiempo manejando, pero creo que sé lo suficiente como para no causar un accidente. No por nada tengo licencia de conducir.

-No imaginaba que algún día aprenderías a conducir -Me vi en la obligación de aclarar a que me refería ya que eso no se escuchó muy bien -Me refiero a que decías que no te gustaría manejar y que tus padres siempre tendrían que llevarte a todos lados, y el día que te cases pues sería tu esposo.

-Bueno- Se encogió de hombros- Decidí aprender ya que no podía abusar de mis padres y ellos no podrían llevarme a todos lados. Y bueno, como ves, aún no estoy casada. Y ¿A dónde iremos? -Preguntó cambiando de tema.

-A dónde tu quieras. - Se quedó pensando un momento y después dijo "Ya sé ".

Éste podía no ser el lugar más romántico pero a fin de cuentas estábamos saliendo como amigos, y a ambos nos gustaba mucho éste lugar. Ella tomó dos coronas de Burger King, se puso una y la otra me la puso a mi. Ambos nos estábamos riendo.

-Supongo que lo infantil no se me ha quitado.

-Y eres maravillosa tal y como eres -Vi como se sonrojó de inmediato y decidí decirle otra cosa para que no se sintiera incómoda- Oye ¿Tienes algo qué hacer mañana temprano?.

-No, voy a la universidad en la tarde y hago las tareas en la noche así que tengo la mañana disponible ¿Por qué?.

-Es que siempre salgo a correr en las mañanas y no creo que Esteban quiera acompañarme mañana, así que me preguntaba si querías acompañarme. -Era algo tonto la verdad, no entendía porqué se lo pedí. Excusas para pasar tiempo con ella.

-Claro que sí, sabes que me encanta ganarte corriendo. -Dijo dándole una mordida a su hamburguesa.

-No estés tan segura de éso, princesa. Pero mañana veremos.

Luego de terminar de comer nos quedamos hablando sobre muchas cosas, cosas como nuestras carreras, nuestra infancia, que seguiríamos yendo a la misma Iglesia, y todo lo que nos llegara a la mente.

Me sentí realmente feliz al saber que nada ha cambiado.

¿Esperas Por Mi?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora