Alergias inoportunas

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*Sebastian

Cuando la alarma de Roxie sonó, desperté solo y abrazado a su almohada, tan suave como su piel, impregnada de su delicioso olor. Hubiera sido perfecto de ser ella la que amaneciera en mis brazos. 

Sali de la cama, recogi los pantalones negros del suelo para ponermelos despues de entrar al baño; cuando abri la puerta de la habitacion, me llegó un aroma que le encendió el hambre a mi estomago.

-¿Desde cuando cocinas? -pregunto burlon, permitiendome probar sus labios para empezar bien el dia- ¿O lo compraste? 

-Perfecto, no hay desayuno para ti hoy -su brillante sonrisa contrasta con la fulminante mirada que me dedica- Para tu informacion, Jeanne me enseñó a cocinar -levanto una ceja con esceptisismo- ¡Sí aprendi! -le creo, pues para ella 'aprender a cocinar' quiere decir realmente 'por una vez preparé algo sin quemarme'  

-Ok, veamos con qué deleitaré mi paladar, aunque ya tengo una idea en mente -vuelvo a besar sus labios, eliminando su divertido puchero y encendiendo ligeramente sus mejillas- Hot cakes, que original -golpea mi hombro y ambos reimos-; huevos estrellados, mis favoritos; pan tostado con mermelada, eso debió ser lo mas dificil -se repiten nuestras risas- Hablando encerio, todo se ve delicioso 

-Espero sepa mejor -se muerde el labio con cierto nerviosismo; cualquiera diria que exagera pero me consta que la cocina realmente nunca nunca ha sido lo suyo- No entiendo como puede ser tan facil para la mayoria, es un verdadero martirio

Bosteza con amplitud y sus ojeras son mas visibles ahora que se ha dejado caer en la silla, recuperando el semblante palido con el que la encontré la noche anterior. Ninguno de los dos pudimos descansar como debiamos pues su salud estuvo algo bipolar: la temperatura le subia y bajaba constantemente, aunque no a un punto realmente grave; despertó como tres veces para devolver la cena que solo yo consumí; incluso creo que tuvo un sueño raro pues hasta un par de lagrimas le robó, aumentandole un poco mas el calor que emanaba su cuerpo. Asi, con su aspecto tan fragil y delicado, necesitaba cuidados y cariño; me permiti acariciarla y besarla con todo el amor del que fui capaz, apelando a todo mi autocontrol para no pensar en ciertas cosas que pudieran hacer a mi cuerpo reaccionar inoportunamente.

-¿Como te sientes ahora? -pregunto cuando ambos estamos sentados y alargo mi mano para tocar su frente- Aun tienes algo de fiebre 

-Me siento mejor, estoy un poquito cansada pero solo es sueño -una hermosa sonrisa se pinta en su rostro- ¿Y tu? No te dejé descansar en toda la noche y... 

-Vine a cuidarte, estoy aqui para velar por tus sueños, por tu salud -acaricio su sonrojada mejilla- Y asi será hasta que tu desees lo contrario 

-Creo que tendras que esperar sentado, eso no pasará

Pasamos los siguentes tres cuartos de hora entre risas, disfutando un desayuno sencillo pero que realmente tiene un gran sabor, conversando de nuestras actividades a lo largo de la semana, planeando fugas -yo del trabajo, ella de la Universidad- que serán inexistentes aunque es divertido imaginarlas, hablando de miles de cosas sin sentido alguno pero totalmente importantes. Solo para nosotros.

-Por cierto, ¿cuando regresa Laura? -le pregunto una vez que estamos frente al televisor, su programa de chismes favoritos apenas comienza- Quiero saber cuanto tiempo tenemos juntos antes de que haya compañia que nos interrumpa -cambio mi tono a ese que tanto le gusta, ese que ella describe como "tranquilamente seductor", y con satisfaccion veo el estremecimiento que la recorre mientras me inclino sobre ella- Hace mucho que no tenemos un tiempo para nosotros solos, ¿no crees? -rapidamente el rubor tiñe sus mejillas- ¿Una hora? ¿Dos? ¿Cuanto calculas que estaremos solos?

Mi niñaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora