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-(••÷[ ♠️ ]÷••)-

¿Existe algo que quede impune a los atropellos del mundo?
¿Algo capaz de resistirse a las manchas de la vida?

Nada, jamás, permanece igual.
Nada permanece intacto.

La vida es como una sanguijuela capaz de dejarte vacío, sin nada, salvo dolor, y a veces, incluso eso se lo lleva.

Nunca ha habido nada lo suficientemente especial como para prevalecer hasta el final.

En cualquier momento puedes perderlo todo, incluso tu propia identidad.

Entonces reptas en el suelo, preguntándote qué más te queda por luchar, si ya te has perdido a ti mismo.

Cualquiera puede destruírte, y a todo lo que creías tener.

-(••÷[ ♠️ ]÷••)-

En las memorias olvidadas de Crowe

La colina junto al parque de la calle lucía como un lugar perfecto para huír de la realidad.

Al menos, eso es lo que Crowe pensó, apreciando la soledad del lugar.

-¿Verdad que hay mucho silencio aquí?- le dijo una voz  dulce a sus espaldas.

Sobresaltado, se giró sobre sus calavéricas manos, arrastrándose en la tierra del lugar.

Ahí vió una niña, con ondulados cabellos castaños que le llegaban hasta la cintura, y dos preciosos ojos color marrón.
Su piel blanca cubierta de pecas se asemejaba a un cielo lleno de estrellas.

-Hola- lo saludó ella.

Crowe se preguntaba quién era, y por qué estaba hablándole a alguien como él.

-Vete- le respondió.

La niña no lo tomó bien, y torciendo un gesto de desagrado, le propinó un golpe en el hombro.

-Eres demasiado grosero, además, estás en mi lugar, genio- le escupió con desdén.

Nuestro chico solamente se dió la vuelta, volviendo a su posición anterior.

-Y tú eres muy bruta- contestó finalmente a la agresión de la niña, con toda la intención de herirla.

Ella se sentó a su lado, y su semblante cambió.

-Eso dice mi papá- dijo, con la voz quebrada -que soy bruta- añadió, abrazando sus dos piernas, cubiertas de un líquido pegajoso.

-¿Tú por qué estás aquí?- le preguntó finalmente, dirigiéndose a Crowe.

Pero él guardaba silencio.
No tenía intenciones de hablar con ella: no quería hablar con nadie.
El silencio se extendió por varios minutos, pero en algún punto, quizá de milagro, entendió lo que le pasaba a la niña a su lado, y decidió contarle también.

-Porque soy malo- le explicó, siendo breve.

En su mente, eso había sido una oración compleja y larga: para él, decir esas simples palabras había representado un enorme esfuerzo, y pensó que la niña lo entendería completamente con sólo proporcionar esa información.

Y quizá no estuvo del todo equivocado, ya que ella se puso de pie, y le tendió la mano, sonriéndole de oreja a oreja, y mostrando un hueco en su dentadura; la niña estaba mudando dientes.

-Soy Annabelle.
Annabelle Lee- se presentó.

Quizá, un nuevo milagro había ocurrido; o tal vez era su forma desesperada de pedir ayuda, pero el niño tomó su mano, levantándose.

-Crowe- pronunció.
Nunca se había presentado a sí mismo con otra persona, y posiblemente, fue debido a eso, que su nombre -dicho por él mismo- le sonaba ajeno, distante, como si de otra persona se tratase.

Annabelle Lee, regordeta y rosadita, tosca, con carácter fuerte, se convirtió en la primera -y única- amiga de Crowe, un niño pálido, esquelético a más no poder, con ojeras tan profundas y marcadas que evidenciaban su falta de sueño, a lo mejor desde hace años.

Esa misma noche, antes de irse a la cama, Crowe escuchó a Duncan decirle:
"Ella me agrada, tiene demasiada oscuridad en su corazón. Tic Tac, ¿Acaso será ira? ¿Acaso se quedará?... Tic Tac"

Y fue la primera noche que pudo dormir más de cuatro horas, digamos, en un largo tiempo.

♠️

-Ann- llamó a su amiga.

Ella volteó hacia él.
La pequeña estaba algo decaída: su madre se había ido de la casa, otra vez.
La dejó con su padre, como era costumbre. Seguramente regresaría en unos días, pidiendo perdón y jurando ser una mejor madre y esposa, pero luego todo volvería a la normalidad, y se marcharía de nuevo.

Crowe siempre notaba esos cambios de humor ¿Cómo no notarlos? Ann siempre estaba riéndose de algo.

-Habrá estofado- le dijo, a modo de invitación.

Ella ya se había adaptado completamente a las ocasionales, -y sumamente cortas- frases que Crowe usaba para comunicarse, y comprendía, naturalmente, que su amigo estaba invitándola a pasar el rato en su casa, y luego cenar.

Annabelle entendía, que el chico estaba al tanto del abandono de su madre, ya que durante esos días en que ella no estaba, Crowe acostumbraba convidarla, para que no se quedara sola en casa con su padre, quien bebía hasta altas horas, y descargaba su violencia contra ella.

Y Ann asintió, agradeciendo el gesto de bondad de Crowe.

Esa noche cenaron juntos.
La madre de Crowe era una excelente cocinera, y era muy amorosa y amable, además de que Tristán hacía bromas divertidísimas, y a los ojos de Annabelle, era el muchacho más guapo que hubiera visto; claro, después de Crowe, él siempre había tenido su corazón.

Mientras cenaban, no hubo silencio en la mesa; todos la pasaban bien, y le daban a la niña, la oportunidad de tener una familia.

Cuando los menores subieron a la habitación, se llevaron consigo un tazón de palomitas, para aprovechar aquel viejo televisor que ahí había, uno tan antiguo, que las imágenes se veían descoloridas.
Pero eran felices, y eso era lo único que importaba.

Aquella fue, en efecto, la época más feliz que ambos recuerdan, Annabelle porque pasaba menos tiempo en casa, dónde era constantemente abusada y maltratada, y más con su amigo.
Y Crowe, porque a Duncan le agradaba Annabelle, ya que hacían maldades juntos, y por lo tanto, le permitió conservar su linda (y taimada) amistad por los años venideros.

Al menos, hasta que comenzaron a diferir.

-(••÷[ ♠️ ]÷••)-

Los rosales de CroweDonde viven las historias. Descúbrelo ahora