capítulo 17.

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Billie.

-¡No puedes entrar de forma ilegal, Billie!.--grita Finneas.

Estoy intentando escalar la verja, pero mi pie sigue deslizándose.

-Ayúdame a subir.--le grito.

Se acerca a mí y me ofrece sus manos, con las palmas hacia arriba, a pesar de que todavía intenta detenerme verbalmente para que no escale más. Me apoyo en sus manos y me impulso más alto, lo que me permite agarrar las barras hacia la parte superior de la puerta.

-Vuelvo en diez minutos. Solo quiero revisar la propiedad.--sé que no cree una palabra de lo que he dicho, así que omito el hecho de que creo que esta chica, Cora, sabe algo. Si se halla dentro de esa casa, voy a obligarla a hablar conmigo.

Finalmente llego a la parte superior y bajo por el otro lado. Cuando mis pies tocan el suelo, me levanto.

-No te vayas hasta que yo vuelva.

Me doy la vuelta y echo un vistazo a la casa. Se encuentra a unos ciento ochenta metros de distancia, oculta detrás de hileras de sauces llorones. Se ven como largos brazos, balanceándose hacia la puerta principal, coaccionándome para seguir adelante.

Poco a poco me abro paso por el camino que conduce a la terraza. Es una casa hermosa. Puedo ver por qué ______ la extrañaba tanto. Levanto la vista hacia las ventanas. Dos de ellas se hallan iluminadas en la planta superior, pero la planta baja se encuentra completamente a oscuras.

Estoy casi en el pórtico que se extiende por todo el frente de la casa. Mi corazón se acelera en mi pecho tan rápido que realmente puedo oírlo. A parte del ruido ocasional de insectos y los latidos de mi pulso, está completamente silencioso aquí.

Hasta que no lo está.

El ladrido es tan fuerte y cercano que retumba en mi estómago y vibra a través de mi pecho. No puedo ver de dónde viene.

Me congelo en seco, con cuidado de no hacer movimientos bruscos.

Un gruñido profundo atraviesa el aire como un trueno. Poco a poco miro por encima de mi hombro sin girar el cuerpo.

El perro se encuentra de pie detrás de mí; los labios retirados en un gruñido, sus dientes tan blancos y afilados que parece que brillan.

De pie sobre sus patas traseras, y antes de que pueda correr o buscar algo con lo que luchar, está en el aire, lanzándose hacia mí.

Directo a mi garganta.

Puedo sentir sus dientes perforar la piel de la palma de mi mano, y sé que si no hubiera cubierto mi garganta, esos dientes estarían en mi yugular justo ahora.

La fuerza masiva de este animal me tira al suelo. Puedo sentir la carne en mi mano cediendo mientras el animal agita la cabeza de lado a lado y trato de luchar contra él.

Pero entonces algo se estrella contra él o encima de él, un gemido y luego un ruido sordo.

Y luego silencio.

Está demasiado oscuro para ver lo que acaba de suceder. Tomo una respiración profunda y trato de ponerme de pie.

Miro hacia el perro, y una fuerte pieza de metal sobresale de su cuello. Se acumula sangre alrededor de su cabeza, tiñendo la hierba del color de la medianoche.

Y luego un fuerte aroma de flores..., lirios..., me rodea en una ráfaga de viento.

-Eres tú.

Reconozco su voz de inmediato, a pesar de que solo es un susurro. Ella se encuentra de pie a mi derecha, con el rostro iluminado por la luz de la luna. Las lágrimas corren por sus mejillas, y su mano cubre su boca. Tiene los ojos abiertos, mirándome en estado de shock.

Jamais, jamais (II)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora