Capítulo Dos.

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Me había derrumbado, estaba llorando como una niña pequeña la cual no tenía casa, ni nada.

Al salir corriendo de la comisaria, solamente explote, ya no aguantaba mis ganas de llorar. No aguantaba ver a mi hermano de ese modo conmigo, me lo merecía pero seguía doliendo.

Actualmente no sabía dónde ir, ni tenía nada. No iba a regresar a mi casa, ni tenía dinero ya que al entrar a la cárcel me sacaron todo.

Tampoco tenía amigos a los cuales acudir, solo tenía a Horacio, Gustabo y a Jack. Pero ninguno de los tres era una opción, Gustabo por ciertos motivos ya obvios, Horacio por ser su mejor amigo y Jack porque sabía que mi hermano iba a ir a encontrarme allí cuando se sintiera mejor pero ya no quería verlo, me daba nervios y miedo pensar en encontrarme con él.

Sé que los tres al ver que en unas horas no regresare ni para levantar mis cosas se pondrán a buscarme y mandaran a toda la malla a intentar ubicarme, por lo que intentare esconderme de ellos.

Al intentar pensar dónde podía ir me acorde de Claudio, con él siempre tuve una buena relación, no de amigos, pero me podía llegar a ayudar. Aquí el problema era, ¿Cómo iba a coincidir con él?

.........

Habían pasado 70 horas desde que intentaba contactarme con Claudio, no podía ir al Hospital, ya que habrían seguramente policías allí, tampoco tenía celular como para comunicarme virtualmente con él.

Actualmente estaba en pésimas condiciones, la última vez que ingerí alimento fue el que me dieron en comisaría, no me había bañado y tampoco dormido.

Lo único que había conseguido era agua, que en bares o cafeterías era gratis.

Estaba sentada en un callejón, en una de las puntas de la ciudad, abrazaba mis piernas mientras pensaba, pero un ruido llamo mi atención. Y no cualquier ruido, si no que el de una patrulla.

Mi corazón fue a mil, mis manos empezaron a temblar e intente levantarme, estaba débil por lo que me costó un poco mantenerme los primeros minutos parada. Cuando logre estar completamente consiente empecé a caminar rápido para la calle paralela a la que se escuchaba la patrulla.

Estaba nerviosa y mis ojos se cerraban a pesar de estar casi trotando, no me di cuenta que dos personas entraron al callejón corriendo por la entrada paralela a la cual yo estaba saliendo, iban tan apurados que me empujaron, a lo cual yo sin fuerza caí de rodillas y me golpe un poco la cabeza. Al sentir el golpe cerré los ojos, y mi estómago se revolvió, en mi cara apareció una mueca de querer llorar y vomitar.

— ¿Eres gilipollas o qué? —Preguntó uno de las dos personas que venían corriendo— Joder no hay tiempo, agárrala y métela a la camioneta, cuando nos libremos de la posilia, digo, policía vemos qué tiene y la dejamos por ahí.

Apenas escuche lo que respondió el que supuestamente me empujo, tenía miedo pero ya no tenía fuerzas para seguir, a lo que solo me deje llevar por el sueño.

...........

Fui abriendo los ojos, no sabía dónde estaba, solo vi un cuarto el cual no era ni el mío, ni el de nadie que conociera.

Me dolía a horrores la cabeza, y la vista me ardía por la luz que entraba de la ventana.

— Nina —me llamo una voz conocida, era Claudio.

Intente sonreír al verlo, luego de más de 70 horas lo encontré. Intente hablarle, pero no podía, mi voz no salía.

— Tranquila —volvió a decirme él— por no hidratarte desde que te quedaste inconsciente, te costara un poquito hablar, pero tranquila, llamare a tu hermano para que te venga a buscar y te lleve a casa, no sé qué te paso pero estas en pésimas condiciones.

Al escuchar "Llamare a tu hermano" me puse nerviosa, mis ojos se abrieron más y se aguaron, intente hablar devuelta pero al ver que no servía empecé a negar con la cabeza mientras mis lágrimas caían.

Nunca me había derrumbado ante nadie, pero supongo que ya mi cuerpo estaba débil y eso afecto para que mi mente también lo este.

— ¿Por qué no quieres que llame a Gustabo? —Pregunto frunciendo el ceño mientras que se acercaba con un vaso de agua- bebe esto, te ayudara a que puedas hablar devuelta.

Intente tranquilizar mis lágrimas, y me intente poner recta con su ayuda para poder beber del agua que me acerco él.

Necesitaba esa hidratación, cuando empecé a tomar mi cuerpo pedía más agua por lo que mis manos agarraron el vaso.

Estaba tan concentrada que no me di cuenta que dos personas entraron a habitación donde yo me encontraba. Cuando termine de tomar el agua, mire a Claudio haciéndole una seña que me sirviera más agua, a lo que él esbozo una pequeña sonrisa y asistió, yendo fuera de la habitación por más agua.

Mi vista al ya no ver a Claudio se dirigió a los dos hombres parados en la esquina de la habitación, uno de ellos iba vestido con botas negras, pantalón negro, una camisa blanca con una corbata gris, y lo que parecía un chaleco anti-balas pero no lo sabía con seguridad.

El otro iba vestido con unos zapatos negros, un pantalón deportivo oscuro y una remera gris, llevaba rastas en la mitad de pelo, las cuales caían al lado derecho de su cabeza.

Si estuviera alimentada, bañada y bien hidratada ahora mismo estaría insultándolos y preguntando qué tanto me ven, pero como estaba débil solamente me quede callada, un poco intimidada por sus miradas.

— Siento haberte empujado, estaba apurado en ese momento —hablo el de camisa— no sé si tienes casa o familia, pero si lo tienes dímelo para comunicarme con tu familia o llevarte a tu casa.

— Cállate, coño, apenas se despertó, esta delgadísima, y se nota que no ha descansado, vete de la habitación, yo me encargo de hablar con ella, amargado —esta vez hablo el de remera gris, echándolo de la habitación mientras decía aquello.

Cuando logro sacar al de cabellos negros, luego de varias quejas del mismo, se acercó a los pies de la cama en la cual yo me encontraba.

— Hola, me llamo Gringo, ¿y tú? —Preguntó con una sonrisa amable el de cabellos rubios— me gustaría saber qué te paso, estabas demasiado mal cuando caíste inconsciente por culpa del gilipollas aquel.

John Walker ✔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora