Capítulo Doce.

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— ¿Nina? —Llamo alguien más a mis espaldas, no pensaba darme la vuelta, estaba plácidamente mirando la reacción de él al verme parada en comisaria— ¿Qué haces aquí? ¿Qué es esto?

– Perdón Conway, pero la guerra apenas va comenzando —Le hice saber, aunque mi vista seguía en mi hermano— Y el próximo en caer será Gustabo García, mejor conocido como Fred o el psicópata.

Dicho esto, saque mi taser y le di a mi hermano, haciendo que este se cayera para luego hacerle una señal a mis compañeros para salir corriendo del lugar.

Sentí a la malla dispararnos pero fuimos más rápidos, al salir nos escondimos y Nadando empezó su trabajo de tirador.

Conducimos rápidamente hasta el exterior del sur, íbamos a reunirnos en el faro con toda la mafia. Y quizás con Conway.

— Jodel eso estuvo de novela —escuche a Chino hablar como solamente él sabe hacerlo mientras saltaba en el asiento del vehículo— Casi le hago comel lintelna a los madelos.

— Que no hiciste nada, gilipollas —Oí a mi pareja contestarle al de rasgos chinos— "Cisi li higi cimil lintilni i lis midiris"

— Que te pego, Gringo, que te pego —Le miro para luego pasar su vista a mí— mejol, le pego a Nina.

— En tu puta vida, Chino come pollas, me tocas y te hago tragar tus propios huevos para luego abrirte las tripas y metértelas por el culo —sonreí inocentemente mientras le amenazaba.

— Glingo, contlola a tu mujel —me señalo.

— ¿Controlar? ¿Es que tú quieres que ella me meta su AK-47 por el siempre sucio?

Agarre a Chino por la oreja, viendo por las ventanas que ya llegábamos al faro. Le hice bajar sin dejar mi agarre en la anterior mencionada, recibiendo varias quejas por su parte.

— ¿Demostrando quién manda? —Escuche a el cura de la ciudad hablar— El señor de allá arriba no admite la violencia, déjenme darles mis bendiciones para sacarles ese lado diabólico.

— ¿Y este quién coño es y de dónde salió? —solté a Chino para agarrar mi arma y apuntarle a la cabeza.

— Gringo, controla a tu perra —escuche esa voz modificada.

— Perra la puta madre que te pario, que luego te dejo en el hospital por ser una maldita puta —Le conteste a Calavera, sin dejar de apuntarle a la cabeza al que vestía todo de blanco.

— Primero, a mi chica la respetas. Segundo, no sé quién mierda es ese tipo pero va a morir en menos de un segundo. Tercero, tu deberías estar haciéndote las gayolas en tu casa con tus perritos antes que estar aquí —Y por eso amaba al de Rastas— Amor, dispara.

Sonreí y apreté el gatillo. Recibiendo un grito por parte del que yacía muerto en el suelo.

— Ups, la perra muestra quién manda —Solté una risita— Calaveras, tu reinado acabo.

— No te creas que me vencerás tan fácil. Tienes a 3 tiradores apuntando tu cabeza, solo esperan mi orden para fusilarte.

Mi sonrisa seguía en mi rostro, sin mostrar miedo.

— Bebé, vente a mi lado —Gringo me hizo caso, y se posicionó a mi izquierda— Chino —Sin decirle nada más, él pelirrojo apareció en mi derecha— ¿Nadando? —Lo llame por radio.

Al ver tal acción, Calavera empezó a mirar sus alrededores, intentando localizar a Nadando.

— Todos abatidos —Escuche al anterior llamado— Sigan con el plan.

John Walker ✔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora