Capítulo Nueve.

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Apreté el gatillo, sonreí cuando la bala dio en el blanco. Estaba con Nadando practicando mi puntería.

— Bien, lo que te faltaría practicar sería los movimientos. Aunque seas ágil no quita que eres un poco lenta y eso puede perjudicarte —Me explicaba mientras caminábamos a la camioneta— Luego todo lo tienes bien, así que entre poco serás la reina de la mafia, aunque ya lo eres.

Sonreí al escuchar lo último, intentaba dar todo de mí en cada entrenamiento que hacía, cuando nos subimos al vehículo, inmediatamente sonó la radio que estaba en esta. Para más tranquilidad habíamos dejado la radio en la que nos comunicábamos con toda la mafia. Sabíamos que si estábamos con ella encima los chicos no pararían de decir chistes e intentar desconcentrarme.

— Pónganme al tanto de lo que destrozaron mientras no estaba pendiente —dijo Nadando por la radio, su voz sonaba tranquila, como siempre— Venga les doy 5 minutos si no quieren que les pegue al llegar a la casa.

— Abuso policial, abuso policial —se escuchaba a Gringo ¿en una clase de protesta?

— ¿Qué coño? —Dije en un susurro antes de echarme a reír— Rastitas, ¿qué mierda pasa?

— Que debe estar haciendo una de sus estupideces devuelta —me comento el pelinegro, de fondo se escuchaba por la radio al de rastas rubias.

— Que me tiro —le preste nuevamente atención a la radio— que me tiro —volvió a repetir— AAAHHH

Al sentir su grito me puse alerta.

— ¿Gringo? —Pregunte presionando el botón para que me escuchara por la radio— ¡¡Joder gilipollas, si no me contestas ahora te reventare la cabeza cuando llegues a la puta mansión!! —Me estaba desesperando, procedí a agarrar una pistola de la guantera y marcar en el GPS la ubicación del de rastas— vamos a ver qué coño le pasa al imbécil.

El de voz tranquila no dijo nada, solamente procedió a dirigirse a la ubicación señalada.

Mis nervios aumentaban cada vez más, en unos 2 minutos se escuchó algo devuelta algo por la radio.

— I like you, bitches —atrás de eso se escuchaba murmullos— es que me ha tirao, me ha tirao el policía —lo último se escuchó con un llanto.

Al escucharlo automáticamente mi mano fue a mi frente, chocándola.

— Prepárate para morir —le avise por la radio, apagándola, sabiendo que el rubio me había escuchado perfectamente.

...

Llegábamos a la mansión con Nadando, el estaciono el vehículo para luego bajarnos de la camioneta.

Yo agarre la pistola con la que anteriormente estaba practicando mientras me dirigía a la piscina del hogar, sabiendo que ahí se encontraría el rubio.

Los demás integrantes de la mafia estaban a su alrededor, unos tenían una sonrisa en la cara y otros una mueca de disgusto. El rastitas se encontraba a espaldas de nosotros y cuando llegamos a la ronda que habían formado todos nos miraron, menos el rubio, que seguía de espaldas.

— Gringo, mi amor, date la vuelta —le pedí siendo sarcástica.

— No quiero —dijo con voz aniñada— Me vas a pegar por lo de antes.

— Y por lo que te hiciste en la cara —aviso Macaco, yo al escuchar al anterior fruncí el ceño.

— ¿A qué te refieres? —Empecé a caminar, quedando frente a Gringo. Abrí mis ojos más de lo normal y quede sorprendida al ver lo que se había hecho.

John Walker ✔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora