5. La tía Hanna

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Sábado por la mañana y yo no encontraba nada que hacer. En un día normal ahora mismo estaría ayudando con las labores de limpieza como parte de nuestros deberes en la casa hogar. Maldecía por haber despertado tan temprano. De no ser por el señor Cowell habría muerto de aburrimiento hace rato. Me invitó a pasar a desayunar mientras él estaba ocupado en su ordenador al mismo tiempo que manteníamos apenas una conservación sobre cosas triviales.

Comía un plato de cereal mientras veía un canal de televisión. ¿Todos estamos de acuerdo que las caricaturas de fin de semana eran los mejores?

Al rato fueron bajando los demás integrantes de aquella familia. Llegaron de uno a uno hasta que la cocina estuvo repleta. Después de eso pasamos a la sala donde continuamos mirando programas de televisión. Al menos no era el único que no tenía nada por hacer.

Así estuvimos hasta que escuchamos el ruido de la puerta principal abrirse lo que llamó la atención de todos.

–¡¡TÍA HANNA!!

Gritaron los tres menores al unísono, mientras que a Amara y Ezequiel se les veía bastante animados.

-¡Chicos! Los extrañé mucho - decía la mujer mientras se juntaban -Y adivinen que... ¡Les traje regalos!

-¡Siiiiiiiiii!

Todos se emocionaron ante la pila de bolsas que descansaba sobre la entrada, tanto que prácticamente se formaron en fila para recibir sus obsequios

–Para, Amara, Hanna... – comenzó a nombrar mientras repartía, bolsas de ropa y zapatos, una enorme casa de muñecas, algunos videojuegos para los gemelos... –Para Ezequiel...

–¿Me darás un auto? – la interrumpió este último

–Sigue soñando mocoso – le respondió antes de darle una bolsa con lo que parecían ser unos tenis.

–Y para ti... - esta vez su mirada iba dirigida hacia mi –Tu eres nuevo – dijo con intriga mientras yo me encogía de hombros

–Él es Nick, tía. Se queda con nosotros por un tiempo – salió Amara a explicar

–Oh ya veo – habló como si aquello fuera algo de todos los días –Toma veinte dólares – sentenció antes de darme un billete y darme la espalda.

Me quedé algo perplejo por aquello. Voltee a ver a Ezequiel quien me explicaba con gestos desde lejos que simplemente me quedara el dinero. No muy seguro lo guarde en mi pantalón.

–¿Hanna? Qué te dije de darle regalos caros a los chicos – el señor Cowell interrumpió mientras entraba a la habitación

–Relájate aburrido. Además, ¡estamos de fiesta!

–¿En serio? – dijo el señor Alex sarcásticamente –¿Que se supone que celebramos ahora?

–Bueno pues... que el acuerdo con los alemanes al fin se logró. Además... ¡Creo que Antonio al fin me pedirá matrimonio! – mencionaba mientras daba un breve salto de emoción

–Hanna yo no creo que...

–Sí ya sé, sé que el es como tres años menor que yo

–¿Qué no eran diez? – decía Ezequiel burlón ganándose una mirada agresiva de la mujer

–Como decía... Sé que te preocupas, pero nosotros estamos bien... de verdad.

–Como sea – dijo Alex junto a un suspiró de resignación.

El resto del día la familia se dedicó a pasar tiempo con su tía, quien no era realmente su tía, más bien era una amiga cercana de la familia. Ella y el señor Cowell se conocían prácticamente de toda la vida.

Así fue como me enteré de que el señor Cowell es el director ejecutivo de una compañía de tecnología dedicada principalmente a la biotecnología y la ingeniería biomédica. La empresa tiene principalmente un propósito humanitario, más allá de lo comercial. La señora Hanna también tiene un puesto muy importante en dicha compañía siendo la responsable de ventas y relaciones exteriores, pero sobre todo actuando como accionista mayoritaria de la empresa, así que podríamos decir que en términos de poder empresarial Hanna era superior a Alex.

Por la tarde hicimos una parrillada y tuvimos un día de piscina bastante divertido.

Viéndolos ahí parecían una familia perfecta, aunque ahora que lo pensaba, jamás había conocido a la madre de estos chicos.

Caídas las ocho de la noche el dúo de adultos salió a cenar dejando tanto a Amara como a Ezequiel como responsables del resto de nosotros.

Jugamos un rato más en la piscina, comimos algo de lo que quedó de la tarde y mandamos a los tres más pequeños a dormir.

–Oye Amara, ¿dónde está su madre? – al ver la cara de los hermanos siento que preguntar aquello no fue la mejor de las ideas. Se miraban entre si con cierta duda, como esperando a que el otro saltara a responder.

–Vaya que te gusta hacer preguntas – dijo Ezequiel, aunque no pude determinar con que tono lo decía –Ella está muerta

La tensión en la habitación aumentó tras ese último comentario.

–Oh...yo...uhm...lo siento – aquello definitivamente había sido una mala idea

–Está bien. Nosotros realmente no la conocimos, murió antes de que nosotros naciéramos – dijo Amara generándome más dudas que respuestas para luego respirar hondo antes de continuar –Papá estuvo casado, ella falleció, él aun así quería formar una familia y bueno... aquí estamos – Sus palabras me tomaron por sorpresa, ¿eso significaba que ellos también habían sido huérfanos? Esta vez no me animaba preguntar.

Pasado ese mal rato pudimos seguir hablando de cosas normales hasta que el señor Alex y la señora Hanna regresaron a casa, instante en el cuál decidimos que era momento de irnos a dormir.

Fui hasta la habitación de invitados y me puse mi pijama para entrar a la cama, no sin antes revisar mi teléfono y ver que tenía un mensaje de David...

Una nueva vidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora