Me he enamorado de ti.

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Cuando abro los ojos, no sé cuánto tiempo después, Christian me sostiene abrazada contra la pared de la ducha. Me acaricia con el dedo algunas de las cicatrices de mi espalda y me besa el hombro con suavidad. Levanta la cabeza y sonríe con ternura.

-Hola -dice, levanta la mano y me acaricia la mejilla mirándome con unos ojos brillantes de orgullo -. Estás preciosa. -Sonrío brevemente -. Vamos a salir de aquí.
Corta el agua y me estruja el pelo. Sale conmigo en brazos y me deja en el suelo. Se envuelve una toalla blanca en la cintura y me envuelve a mí con un albornoz y me seca meticulosamente todo el cuerpo y el pelo.

- ¿Habías hecho esto antes? -La pregunta se escapa de mis labios sin poder retenerla y hago una mueca disgustada-. Lo siento, no es asunto mío.
Frunce el ceño molesto y acuna mis mejillas entre sus manos.

-No lo había hecho nunca, Ana. Cuando una mujer se me ponía a tiro la llevaba a un hotel, me la follaba hasta que se dormía y yo me iba dejándole una buena recompensa por ello -dice con frialdad y mi mente se catapulta a nuestra primera noche-. Contigo fue distinto. Sabía que no sería solo una noche desde que te vi, pero verte desnuda y entre mis brazos fue lo más reconfortante que había sentido en mi vida, por eso me quedé a dormir. No podía alejarme. Solo que, no sabía muy bien cómo hacer las cosas.
Respiro hondo.

-Creo que deberías ver a un especialista -mascullo y él sonríe.

-No quiero curarme de ti, Ana. Tendrían que matarme para que deje de sentir lo que siento cuando te miro, cuando conozco la verdadera persona que hay detrás de esa fachada, cuando te enciendes entre mis brazos y te entregas a mí sin reservas. Jamás me curaría esta obsesión. E irá a más, Ana -me advierte-. Eres mi bien más preciado, un fuerte incentivo en mi día a día, un complemento perfecto para mis noches y sobre todo la mujer perfecta para pasar junto a ella el resto de mi vida.
Sus palabras me dejan sin aliento. Intento alejarme, huir de su mirada, pero mis intentos son fallidos ante su previsión certera de mis defensas. Me Rodea con fuerza la cintura y me levanta la barbilla.

-No me trates como si fuera una casa o uno de los lujosos coches que expones en el garaje -digo intentando mantener una actitud fría pero no consigo mucho.

-Deja de huir, Ana. Deja de negarte algo tan simple como es sentir. Yo jamás te haré daño, seré lo que tú necesites que sea. -Se inclina y me besa la frente con cariño-. No te defiendas de mí. Yo estoy a tu lado.
Me coge en brazos y me sienta en la cama.
Me cepilla el pelo con esmero y en absoluto silencio y yo siento que el sueño empieza a caer sobre mi mente y el cansancio ralentiza los movimientos de mi cuerpo.
Cuando se da por satisfecho, me quita el albornoz y su toalla y nos tumba en la cama tapándonos con el edredón y apaga la luz.

-Ven aquí, cielo. Te necesito cerca -dice bajito estrechándome contra él, y yo dejándome encantada.

-Christian, ¿por qué nunca te has enamorado? -Pregunto acomodándome junto a él-. Leila es guapísima, también Lily, seguro que las demás no tienen nada que envidiarles. No creo que tu profesión sea un problema para una mujer una vez que te conozca. Asique dime, ¿por qué nunca te has enamorado?
Me rodea aún más con sus brazos poniéndonos frente a frente.

-Ninguna de ellas es nada en comparación contigo. Siempre lo he sabido, cada vez que me follaba a una mujer y la dejaba sola en la cama para irme, sabía que no era la indicada. Sabía que cuando te viera sabría que eras tú.
Sonrío, me pego a él todo lo que puedo y le acaricio el bíceps del brazo que me rodea la cintura.

-Las odio, a todas ellas -le digo seria y llena de pasión.
Su sonrisa se ilumina y me mira maravillado.

-Ninguna me ha importado nada, Ana. Solo eran un medio para conseguir un fin.
Suspiro.

Loba rojaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora