Despierto de nuevo arropada entre sus brazos. Se niega a dejarme ir, a que duerma en otra habitación y como él dijo me recuerda a cada momento lo que es que sus manos me toquen. Es admirable, porque en ningún momento me ha presionado, ni se ha propasado conmigo pese a que llevamos un mes sin tener relaciones.
Suspiro.
Hela salta sobre la cama y ladra frenéticamente.
-Hela. Para. Para.
Se desliza entre ambos y se sienta sobre sus patas traseras mirándonos.
- ¿Para qué queremos un despertador con esta granuja? -dice Christian incorporándose y apagando la alarma. Se vuelve y acaricia a Hela quien mueve la cabeza restregándose contra su torso-. Crece por días. ¿Cómo puede ser eso posible?
Ambos la miramos y es verdad que está mucho más grande que cuando la trajo.
-Y más bonita -le digo y le rasco detrás de la oreja.
Hela empieza a ladrar cuando oye unos pasos y sale como una bala de la habitación. No son ladridos que te ponen alerta, son ladridos de juego.
-Debe de ser alguno de los chicos -dice Christian.
-Sawyer le da beicon a escondidas y la tiene camelada -le digo con una sonrisa tierna.
Hela se ha ganado el cariño de todos. Menos de cenicienpática.
-No pongas esa cara pensando en ninguno de ellos, Ana -gruñe Christian y yo le miro y le sonrío ampliamente.
-No me atrae ninguno, Christian. Y ellos solo son amables porque tú se lo has ordenado. Deja de ver cosas donde no las hay.
Bufa una carcajada.
-Venga, Ana, no me creo que seas tan ingenua. Están embobados contigo.
- ¿Y qué saben ellos de mí? -digo molesta-. Solo han visto lo que yo he querido que vean: una cara bonita y una sonrisa ingenua. Sólo sienten lástima porque tengo un pasado triste y creen que tengo un alma buena y bondadosa, pero están lejos de la realidad, y si de verdad supieran como soy, ni siquiera se acercarían a mí.
Salgo de la cama dejándole perplejo y voy al vestidor a cambiarme de ropa pero él entra detrás de mí.
-A mí me gustas así. Me gusta la oscuridad que tienes, me gusta lo fiera que te vuelves y saber que no dejas que nadie te pisotee. ¿Qué más? ¿Crees que eres mala porque deseabas la muerte de tu padre y amenazaste a una mujer por cortarte el agua caliente e insultarte?
-No lo justifiques, Christian. Estás igual de encandilado. -Endurece la mirada -. Pude irme de mi casa, dejarle abandonado, pero aún así sabiendo que no podía moverse de una silla le llenaba la estantería de botellas de alcohol para que sufriera el mono y cambiaba su morfina por vitaminas. Murió entre terribles dolores mientras yo le miraba. -Le cambia la cara de golpe -. Me ofreciste echar a Susana, ella fue así conmigo desde el primer día que la conocí. ¿Por qué crees que no tomé el camino fácil? Preferí entrar en su juego, ponerla en evidencia delante de ti, desordenaba el vestidor a propósito, el baño, la cocina y luego la amenacé quitándole el dinero de su hijo. ¿Mírame a la cara y dime si eso lo hace alguien que tiene el alma buena e inocente?
Me sujeta del cuello inmovilizándome y me besa. Me abre la boca a la fuerza y su lengua me acaricia por dentro con brusquedad. Me agarro a sus bíceps clavándole las uñas y gimo en respuesta a tanta brusquedad. Se separa de mí y ambos nos miramos jadeantes.
-No te quiero porque tengas un alma buena e inocente, Ana. Me da igual lo que hicieras, me da igual que hagas. Me alegro que amenazaras a Susana y tomaras de una vez tu lugar. ¿Crees que no sé lo que pasa en mi propia casa? ¿Crees que mi obsesión por ti no me deja ver cómo eres en realidad? -dice en voz baja pasando el pulgar por mi mentón. Yo me mantengo quieta mirándolo con maldad-. Me alegro que le dieras a tu padre su merecido. Créeme cuando te digo que la muerte que tuvo no hubiese sido nada comparado si yo le llego a pillar vivo -sisea lleno de furia.
Le abrazo con fuerza rodeándole las caderas y huelo su pecho desnudo. Su perfume impregna su piel mezclado con su olor corporal.
-Nada va a separarme de ti, Ana. No te cambiaría ni un pelo de la cabeza. Y sé cómo eres. Has vivido bajo el puño de tu padre, bajo las órdenes de un gilipollas mientras trabajabas, pero ya no tienes que esconderte. Puedes ser tú, Ana, porque así es como yo quiero que seas.
Sus brazos me rodean con más fuerza y me besa los labios.
Solo tengo que cerrar los ojos para dejarme llevar y dejar de pensar.
Hasta que los ladridos de Hela se oyen de fondo cada vez más enfurecidos.
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Loba roja
FanfictionTras el atentado de Ana, la desconfianza y el miedo han vuelto a nacer en su interior. Los secretos de Christian han sido revelados como un seísmo acabando con todas sus ilusiones. ¿Podrá recuperar de nuevo la confianza en Christian? ¿Podrá Christia...
