Cocinamos: tú preparas una cazuela enorme de curry y yo preparo un caldo de pollo porque tienes fiebre. Mahoro habla con sus amigas por el móvil y mira la televisión sin parar. Está más enfadada conmigo que contigo. Me ataca desde el cuarto de baño, donde se está secando el pelo.
Ni siquiera puedes retenerle, chilla, furiosa con tu rechazo.
Como tú, es dada a las palabras rudas, alimentadas por la ira. Es capaz de afirmar una cosa y lo opuesto con pocas horas de diferencia, según su estado de ánimo. Te odio, dice, quiero irme de esta casa.
Estoy preocupado por ella. Está descuidando los estudios. Ya no me importa, dice. Pero no siempre dice lo que quiere decir. Ni quiere decir lo que dice.
También Katsuma decide, a veces, que está harto de nosotros y que quiere irse a vivir con otra familia.
Nuestra vida cotidiana tiene cierta rutina: sales los sábados y pasas parte del domingo con él. Los lunes estás aquí, cocinas para los chicos, mientras yo doy clases en una escuela nueva. Los martes lo echamos a suerte: o bien él te lleva a cenar o soy yo el que sale. Los miércoles a veces estás en casa. Los jueves y viernes sales y te encuentras con él después.
Es reconfortante tenerte en casa, cocinando o durmiendo en nuestra cama. Pero me lo has dicho repetidamente, de muchas formas: Me voy a ir. Es solo cuestión de tiempo.
Hoy estoy desolado.
La relación, que teníamos, ha terminado. Ya no estoy aquí. Me voy.
Tus palabras se hunden en mí.
¿Por qué huyes tanto de mí?
¿Sabes?, hace un par de años que estás huyendo. Corres cada vez más rápido. Fuera de casa, lejos. Lejos de tus demonios, que crees que te acechan por toda la casa.
Estás rodeado de alambre de espino y de carteles de NO PASAR. Me echas una mirada incendiaria, frunces el ceño, me das la espalda, me gritas un "¡Deku!" amenazante o te alejas en medio de una conversación, señal de que me he adentrado en territorio prohibido. En lo sexual, no hay territorios prohibidos. En lo emocional, eres un puño cerrado.
Así que cuando estás cerca pierdo la espontaneidad, hay demasiadas minas que esquivar. Está prohibido hablar del miedo o de la vulnerabilidad, está prohibido llorar, mostrar necesidades y exigir. Está prohibido cuestionar.
Hacemos el amor otra vez. Es el lugar en que encontramos refugio, porque ya no sabemos cómo hablar.
Me ha llamado mi agente para decirme que voy a recibir un ingreso por la venta de una edición de bolsillo en Tailandia. Me echo a llorar. Gracias a Dios. Hacía tanto tiempo que no ganaba dinero con mis libros... Me lanzó corriendo a tus brazos y lloro en tu hombro; al diablo el miedo a llorar. Sufro tanto, digo, sollozando en tu cuello. Lo que vivo es tan duro.
Me abrazas solo con un brazo, el otro cuelga del costado. No quieres comprometerte a un abrazo total.
Tengo una relación con otra persona y va muy, muy en serio.
No puedo imaginarme diciéndote estas palabras, pero tú las pronunciaste delante de mi inquisidor. Las utilizas siempre que crees que intento conseguir una reconciliación o siempre que te sientes atraído por mí.
¡Pues, vete! ¿A qué esperas? Si es una relación tan hermosa ¿que estás haciendo aquí? Y si, por la razón que sea, tienes que quedarte ¿por qué necesitas torturarme con esas palabras?
ESTÁS LEYENDO
End
FanfictionEsta es una historia relatada por Izuku, sobre su matrimonio con Katsuki, ambos son escritores de diferentes países, llevan años casados y una vida muy ajetreada e incluso tienen hijos. Pero todo cambia de repente su vida se viene abajo. Una infedi...
