Era verano cuando volví de China, cuando me dijiste que ya no me querías.
Verano. Otoño. Invierno. Tres estaciones ya; ¿es que vamos a prolongar esto hasta la primavera?
Llevamos más de dos semanas despidiéndonos. Hace diez días entraste en mi despacho y me dijiste que ibas a hablar con los niños "esta noche". Dijiste que te irías el viernes. El viernes vino y se fue. Las sábanas nuevas están guardadas en el armario, esperando la noche de tu partida. Cuando hicimos el amor durante el fin de semana, pensaba que podría ser la última vez. Apreté mi cara contra tu mejilla y contuve mis lágrimas.
Te echaré de menos, dije en la curva de tu cuello. Te echaré tanto de menos...
Tú no dijiste nada.
Qué sientes por mí, te pregunté.
No lo sé.
Poco después, volví a preguntarte: ¿Te da pena marcharte?
Estoy jodidamente triste, dijiste, y parecías desesperado.
El domingo pasado estábamos solos tú y yo por la mañana. Los niños durmieron hasta tarde. Me trajiste el desayuno a la cama, como solías hacer los fines de semana. Estaba sorprendido y feliz.
Pero un par de horas después imprimí una carta para la gestoría para que pongan nuestra casa a mi nombre. El mes pasado dijiste que me podía quedar con ella si te ibas. Temblaba cuando te pedí que vinieras a mi despacho para firmar la solicitud. Sentía que tenía que hacerlo. Tenía miedo de perder la casa.
Tu rostro se endureció, agarraste la pluma que te tendí y firmaste, furioso. Cogiste la chaqueta y la gorra y te seguí hasta la puerta.
¿Vendrás a cenar?
Lo dudo, dijiste, enfadado.
Pensé que esta vez te ibas de verdad. Pero viniste a cenar y tampoco en esta ocasión "hablaste" con los niños.
En la sesión con el inquisidor, esta mañana, mencionaste que estaba limpiando la casa y que tenía la sensación de que tú serías el siguiente, que te tiraría a la calle como si fueras una bolsa de basura. Fue divertido.
Más tarde me dijiste que te habías planteado quedarte, que te aterrorizaba la idea de iniciar una nueva relación y que no soportabas el hecho de abandonar a tus hijos.
Hagas lo que hagas, seguiré adelante y escribiré, criaré a nuestros hijos, los apoyaré y tendré una vida. Contigo o sin ti.
Anoche, cuando después de cenar me dijiste que ibas a "salir", tuve un momento de furia. ¿De modo que piensas acomodarte en tu aventura y quedarte aquí? ¿Qué te hace pensar que aún eres bienvenido, después de haberme dicho que te "ibas" hace dos viernes?
Dentro de mí hay una energía a punto de explotar. Y no sé como manejarla.
He salido de mi burbuja matrimonial y los hombres me abordan como solían hacer antes. Pero los cuarentones tienen calvas o barriga, y se les ve demasiado maduros, demasiado paternal. Me gustan los hombres como tú, o como eras antes, con ese aire de adolescente desgarbado, imprevisibles, a punto de estallar. No sé si podré encontrar nunca un amante tan bueno como tú. Temo que nunca seré capaz de sustituirte. No imagino cómo pudiste sustituirme tú.
No sabía que te gustaban los rubios. Es rubio natural, me dijo él un día en una fiesta. Era la segunda vez que lo veía. Fue hace un año y medio, un par de días antes de mi viaje a China. Recuerdo la fecha exacta de aquella fiesta porque empezaste a salir con él solo unos días después. Aún no había nada entre tú y él, pero pude percibir las vibraciones.
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End
FanfictionEsta es una historia relatada por Izuku, sobre su matrimonio con Katsuki, ambos son escritores de diferentes países, llevan años casados y una vida muy ajetreada e incluso tienen hijos. Pero todo cambia de repente su vida se viene abajo. Una infedi...
