3. Alfa en reparación

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Song: Sun and Moon - Nct 127

YeonJun era una buena persona. ¿Verdad?

En sus veintiún años siempre había seguido las reglas, siempre había estado del lado "bueno" de la línea. Cuando alguien le decía que debía aflojarse, YeonJun ni siquiera se molestaba en explicar porqué se mantenía a sí mismo en absoluto control.

YeonJun se odiaba.

Detestaba lo que era, lo que hacía con él ser lo que era. Detestaba ver a su madre tratarle cómo si fuese un chico duro y autosuficiente, mientras a su única hermana la trataba como el ser más frágil y convaleciente del mundo. Lo que no estaba mal, porque su hermana lo era, pero YeonJun se cansaba de ser el maldito hijo perfecto.

También era cómico y muy irónico. Oh Dios, su madre le sorprendería descubrir que su hijo mayor, quien nunca se metió en problemas, quien sería un buen alfa y un buen compañero, estaba caminando por el corredor de un motel barato y con demasiadas manchas de humedad en las paredes.

La lluvia seguía cayendo en las calles, con más fuerzas que hace media hora, que cuando salió de la casa de su mejor amigo.

Había tomado tres jodido autobuses para llegar hasta aquí. Maldijo en su mente y se detuvo respirando como un toro frente a la puerta "108".

No puedo creer que esté haciendo esto.

Por supuesto que la puerta se abrió antes de que el puño de YeonJun tocase la madera. Cosa de vampiros, pensó.

Fue esperado encontrarse con Mark Lee de pie al otro lado de la puerta, mirándole con el ceño bruscamente fruncido, hostilidad saliendo de cada poro del vampiro. Jun apenas le miró al entrar en la modesta y apestosa habitación.

Todo era de color marrón o beige, incluso las amarillentas sabanas en la cama. Y... Joder.

-¿Qué ha sucedido?- preguntó, su fino dedo señaló hacia el cuchillo cerca del televisor, la punta estaba fuera de la madera, y gotas de un rojo oscuro caían rítmicamente en el tapete.

Mark dejó escapar un molesto sonido de frustración, descruzó los brazos dejándole ver a Jun que la camisa también tenía sangre fresca en grandes cantidades. Los sentidos de YeonJun no eran tan afilados como los de otros lobos más experimentados, pero hasta para él fue sencillo darse cuenta de que, en algún lugar de la habitación, existía una cantidad más grande y grotesca de sangre.

-No lo sé muy bien- contestó, sus ojos viajaron hacia el teléfono del cuarto, con huellas dactilares en rojo. Mark se acercó y usó una servilleta para limpiarlas-. Él estaba desesperado cuando hablamos, tuve que hacerme cargo del desastre. Creo que perdió el control.

-¿Crees?- YeonJun ironizó, mirando a su alrededor.

Mark carraspeó.

-Llegué lo más rápido que pude, estaba en un callejón, le encontré temblando detrás del basurero y- Mark se frenó a sí mismo-... Le he enseñado a controlarse, él sabe cómo se hace... Supongo que algo debió llevarlo al límite.

YeonJun sonrió sin gracia. Su cabello rubio flotó cuando el rebuznó.

Claro que algo lo llevó al límite. Y no era necesario que Mark lo señalase, ambos sabían que él era el elefante rosa en la sala.

-¿Dónde está?

YeonJun dobló perfectamente su chaqueta de cuero y la dejó en el único lugar que parecía medianamente limpio, un sillón de un feo tono marrón.

-En el baño. Saldrá en cualquier momento- Mark siguió limpiando el condenado teléfono como si fuese lo último que haría antes de que le clavasen una estaca por la espalda-, o eso espero.

ETERNUM Donde viven las historias. Descúbrelo ahora