capítulo 26

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—¿cómo estás? Te he sentido muy distante últimamente ¿por qué?— dijo con una sonrisa falsa.

Oh ¿por qué será?
¿Será porque le pediste a la persona que me gustaba ser tu novio?

Yo le había dicho sobre mis sentimientos, por eso me molesté.

Entorné los ojos en su dirección.

—No lo sé, dímelo tú—dije sin tratar de ocultar mi desagrado.

—Vaya, alguien está enojada—se cruzó de brazos.

¿Tú crees?

¿Se nota mucho?—respondí sarcásticamente y me puse los audífonos que tenía en el bolsillo.

—¿Por qué?—preguntó

¿En serio? Digo, ¿en serio?

Me acomodé en el asiento y me saqué un audífono para hablarle.

—Cleo, tú estabas enterada de mis sentimientos y aún así fuiste y le pediste que fuera tu novio.—respondí exasperada y haciendo movimientos con las manos.

Ella me miró seriamente pero después su rostro cambió a una mueca de tristeza e indignación.

—¿Acaso no estás feliz por mi?—la miré confundida—Se supone que eres mi mejor amiga, se supone que me apoyas. Pero me doy cuenta que en realidad no eres tan buena persona como dices ser—su voz era más fuerte a medida que las palabras salían. Se dio vuelta y empezó a caminar, luego paró y me miró sobre su hombro.—Ah, y otra cosa, no detendré mi vida por tu culpa, mala amiga.

¿Disculpa?¿ahora yo soy la mala amiga?

Mi ceño estaba tan fruncido que pensaba que mis cejas se iban a juntar en una.

Agarré mi humanidad y entré al instituto dando zancadas.

¿Cómo se le ocurre? ¿Quién se cree para echarme en cara que yo soy la mala amiga?

*******

Caminé por el largo pasillo hasta la sala de detención.

Miré el cartel que estaba afuera y efectivamente estaba mi nombre ahí así que entré.

Al fondo de la sala, logré divisar un rostro conocido.

—Vaya-Vaya, Scott McSexy—recordé el antiguo apodo y me senté a su lado—¿Qué haces aquí?

—Estaba entrenando con mi equipo y lancé la pelota, pero le llegó al profesor de geografía.—respondió con una linda sonrisa en su rostro.

—Ah, wow—solté una risita

—Así que... ¿McSexy?—preguntó—Ya no te pones roja cuando lo dices.

Sonreí nostálgicamente, recordé todos esos momentos en los que me equivoqué y le decía por el apodo, esa sensación de querer desaparecer de ahí, o hacerme líquido e irme por la alcantarilla.

Esos momentos en los que mis problemas sentimentales eran que reprobaba matemáticas y que Scott me pillara cumpliendo con mi hobby favorito, observar sus posaderas.

Extrañaba esos momentos.

—Si, bueno... Han pasado muchas cosas—apoyé mis brazos sobre la mesa y aparté la mirada.

—Tengo una hora de castigo, creo que puedes contarme la mayoría en ese tiempo—dijo tratando de buscar mi mirada.

Y bueno traté de contarle la mayoría.

Cleaved originalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora