— Entonces, ¿todos concordamos?— Yaku giró su cuerpo para darle la espalda al tablero y enfrentar a sus compañeros de crimen. En el closet de limpieza se encontraban: Oikawa, Sawamura, Lev, Sugawara, Taketora, Kai y Fukunaga. Todos asintieron a las palabras del líbero, a pesar de que eran las 5 am y les esperaba un largo dia de entreno y— esperaban— marranadas—. ¿Sí, Lev?— Suspiró. El semi-ruso había alzado su brazo izquierdo eufóricamente queriendo hacerle una pregunta a su novio.
— Yaku-san— miró a su alrededor y entonces se acercó al más bajo para susurrarle algo. Ninguno alcanzó a escuchar, sin embargo, supieron que debía ser alguna de las imprudencias de Lev gracias a que la pierna derecha de Morisuke aterrizó en la espalda del más alto.
Taketora se rió estruendosamente ganándose que todos lo callaran.
No podían se podían arriesgar a ser encontrados por nadie y menos por Kuro, quien parecía no tener más vida que estar atrapando a posibles “marranos” en el campamento.
No obstante, esa noche estaba durmiendo como un lindo y juicioso bebe que deja que su madre arregle sus problemas.
En la habitación del Nekoma, Kuro sintió a varios de sus compañeros escapando, sin embargo estaba muy cómodo durmiendo, ya que cierto colocador se había arrimado un poco a su futón—quizá en busca del teléfono de su mejor amigo para jugar algún jueguito—. Tetsurō aprovechó el momento, se hizo el dormido y abrazó a Kenma, haciendo que la cabellera del rubio chocara con su clavícula y con una pierna terminó de apresarlo.
Al principio, Kenma no se movió, luego comenzó a intentar soltarse del agarre y en algún momento se lo devolvió, aunque sus manos temblaran y un ataque de pánico le saludara a la vuelta de la esquina.
A Kuro el corazón le dio un vuelco ante la pequeña acción.
Sus amigos podían marranear esa noche; él estaba muy ocupado para proteger las reglas.
Estuvo tentado demasiadas veces a darle mimos al más bajo, sin embargo, si quería que Kenma no se alejara, tenía que permanecer “dormido”.
— Kuro— escuchó que le llamaba. Decidió seguir “sumido en sueños”— ¿Estás dormido?— Kenma suspiro, el aliento le hizo cosquillas en el pecho—. Perdón, tendré que eliminar una carpeta que dice no abrir—. Bien podía evitar que su tesoro muriera trágicamente o deshacer su fachada de niño bueno y dormido que no tiene marranadas en el celular.
Sólo esperaba que Kenma no abriera la carpeta.
Porque en realidad todo eso era su culpa por olvidar la consola y no decirle que en realidad no estaba seguro de haberla empacado.
Además Kenma lo estaba abrazando, eso es algo que no pasa. Nunca.
¿Cómo reaccionaría si él se despertara de repente? Probablemente se alejaría…
¿Y si no?
Probó con moverse un poco: se giró para quedar boca arriba, Kenma no se alejó, por el contrario se acercó más.
Kuro le rezaba a todos los santos habidos y por haber por tan alto ministerio.
Pero el encanto le duró poco porque, por error, Kenma golpeó sus partes nobles al intentar acomodar sus piernas encima del capitán. Kuro soltó un quejido de dolor y se giró para darle la espalda al colocador, quien no era consciente de lo que acababa de pasar y seguía jugando en el celular de Tetsurō.
Tetsurō se paró— puesto que de igual manera ya eran las seis de la mañana—; mojó su rostro en el baño y frunció el ceño al pensar que nunca podía tener un momento bonito.
ESTÁS LEYENDO
ʀᴀᴍÉ |ᴋᴜʀᴏᴋᴇɴ|~ •ʜᴀɪᴋʏᴜᴜ!•
Fiksi PenggemarSu relación era una bobería, ni siquiera eran capaces de reconocer los sentimientos ajenos y ambos se sentían como en una bizarra comedia romántica. Sin embargo, ninguno la cambiaría por nada, porque de una manera u otra era suficiente por el simp...
